Cataluña

EL BLOC DEL CARTERO

Al hilo de los atentados del 17 de agosto, y de los pronunciamientos y reacciones posteriores, las cartas de los lectores viran hacia el asunto llamado a monopolizar la atención en las próximas semanas. Cataluña y su proceso independentista, que para unos es sublime expresión de democracia y para otros burda maniobra ilegal y, por eso mismo, dudosamente democrática. Como han demostrado las actitudes y los comportamientos, incluida esa manifestación barcelonesa convocada desde la supuesta unidad, los ánimos están muy enconados y asistiremos a la interferencia creciente de argumentos emocionales e incuestionables y a la retirada paulatina de la racionalidad y el diálogo. Serán momentos de máxima responsabilidad. Para quien quiere alterarlo todo. Para quien tiene el deber legal de impedirlo.

LA CARTA DE LA SEMANA

Ayer compré el periódico

Sí, ya lo sé. Con 30 tacos no debería comprar el periódico. Eso lo hacen solo los mayores, que no se pueden acostumbrar a leerlo en su versión digital, como lo hace el resto del mundo. Después de todo, ¿por qué pagar por algo que puedes tener gratis? No sé cómo explicarlo. Pasé por el quiosco y no pude frenar el impulso. Fue ese tipo de impulso que a veces tienen los adultos y que les empuja a hacer las cosas que les hacían felices de niños. El caso es que lo compré; levanté el montón para escoger el que mejor estuviera, aboné su importe exacto y me lo llevé a casa. Lo abrí despacito, despegando cuidadosamente los bordes de las páginas, y sentí un placer especial; incluso el olor de la tinta y el tacto del papel me parecían evocadores. Está claro que los medios digitales tienen muchas ventajas, pero, mientras no consigan crear este tipo de sensaciones, al menos los que hemos crecido acompañando a nuestro padre a comprar el periódico seguiremos cayendo en la tentación. Jesús Tallos Del Río (Madrid)

Por qué la he premiado… Por el romanticismo que devuelve al objeto (el humilde y efímero periódico) el alma que le sustrajo la tecnología


A continuación el resto de cartas de la semana.

Sí tengo miedo

Admiro el valor de quienes dicen: «No tengo miedo». Pero yo reconozco que lo tengo. Cuando examinas lo que ha sucedido en Barcelona y Cambrils, te das cuenta de que podría haber sido mucho peor, que los malos afortunadamente eran en su mayoría adolescentes y chapuceros y que una explosión fortuita acabó con sus planes de una masacre mucho mayor. Y observas también que el Gobierno catalán nos vende como «brillante» una actuación de los Mossos plagada de errores. Que se hizo caso omiso de la instrucción del Ministerio de Interior de colocar bolardos en La Rambla que, según los expertos, hubieran reducido sustancialmente el número de víctimas; que en Alcanar la Policía autonómica confundió durante unas horas preciosas la base principal de los terroristas con un ‘laboratorio de drogas’; que el terrorista, tras asesinar en pleno centro de Barcelona, se les escapó a pie tranquilamente, etc. ¿Y quieren que no tengamos miedo? Pues yo sí lo tengo. Y también bochorno cuando veo que, con los graves errores cometidos, algunos dirigentes catalanes, en vez de dimitir, se conceden medallas a sí mismos. Miguel Torres (Lérida)


Sociedad de contrastes

Hace unos días, al echar mi bolsa de basura al contenedor, vi cómo una mujer -ni corta ni perezosa- se metió dentro de uno de los contenedores habilitados para tirar cartón y papel, en busca de algo que pudiera ser de su provecho. Llamó mi atención cómo apenas quedaron colgando por fuera sus piernas -verla producía escalofríos-, mientras el resto de su cuerpo permanecía dentro. Dicen que cuanto más desarrollada es una sociedad, mayor cantidad de desperdicios genera. Ahora me pregunto: ¿lo entenderá la mujer que rebuscaba entre los cartones, para malvivir en una sociedad que ha avanzado, pero que continúa viendo sufrir a los más débiles, y que no deberíamos considerar desarrollada -sino de contrastes- hasta que todos gocemos de los mismos derechos? Inma Miravet Campos (Valencia)


Separatismo hiperventilado

A muchos en la manifestación de Barcelona contra el terrorismo nos han dado vergüenza los pitos e insultos de una minoría de manifestantes secesionistas hábilmente colocados tras las autoridades. No era ni el lugar ni el momento para montar números ofensivos, por educación y respeto a las víctimas. Es lamentable cómo en Cataluña debemos aguantar a una minoría secesionista que podríamos llamar ‘hiperventilada’, siempre dispuesta a montar follón, politizando partidos de fútbol, fiestas de los barrios o incluso cantos de corales infantiles o actos de rechazo al terror, pisoteando toda norma de respeto y convivencia. ¿Acaso no ven que con sus gritos, sus insultos, sus silbidos y apropiándose de actos de paz para destilar odio no están consiguiendo más que antipatía y rechazo? Carmen M. Maciá (Barcelona)


Síntomas de desquiciamiento

Han pasado ya días desde el atentado de Barcelona. Las fuerzas de seguridad dan por resuelto el caso. Impresiona conocer detalles personales sobre los autores del crimen. Todos, hombres. Es difícil imaginar que la sensibilidad femenina pudiera participar de unos crímenes tan irracionales. También impresiona que los yihadistas confíen en que el premio a su martirio será, entre otras cosas, una orgía paradisíaca con 72 huríes o mujeres vírgenes. Porque ¿qué mujer estaría dispuesta a recibir las caricias de semejantes desgraciados? Pero todo esto no es más que otra muestra de lo humillada que está la imagen de la mujer en nuestro mundo. En nuestra sociedad también son habituales las imágenes y noticias que tratan a la mujer como un mero objeto sexual. Es esto lo que subyace en los casos de abusos sexuales o de violencia doméstica, entre otros ataques a la dignidad de la mujer. Mientras no se consiga el pleno desarrollo de lo femenino en todos los ámbitos de la sociedad, desde lo civil a lo familiar, pasando también por el pleno desarrollo profesional, seguiremos sufriendo todos estos síntomas de desquiciamiento de la humanidad. Eloy Olabarri Echevarría, Amorebieta (Vizcaya)


Barcelona tiene poder

Así cantaba Peret con su bonita canción gitana hechicera dedicada a Barcelona. Ese poder se apagó tras el golpe del terrorismo. Esa tarde y esa noche la ciudad quedó vacía, pero los días siguientes La Rambla y las calles cercanas que siempre están vivas, llenas de personas, con coches que suben y bajan, viajeros que llegan o se van, parecían las de una de esas ciudades europeas en las que no hay risas ni gente alborotada. Era como si los coches fueran más respetuosos entre sí y con los peatones; muchos se paraban a observar y a rendir homenaje en una especie de altares improvisados… Esa melodía ruidosa que siempre suena en Barcelona no quería sonar. Ojalá vuelva pronto y se quede en las calles de Barcelona. Una Barcelona poderosa. Ario Durán, Viladecans (Barcelona)


Impuesto al sol

En su carta titulada Humos irresponsables, un lector se queja del llamado ‘impuesto al sol’, aplicable a los autogeneradores, pero solo a los que se conecten a la red general. Con no conectar a la red, se puede olvidar del dichoso impuesto. Pero, claro, salvo contadas instalaciones y condiciones, es necesario servirse de la red para complementar o incluso sustituir la energía autogenerada por falta de sol, por picos de consumo, etc. Pretender disponer de las ventajas de la red sin contribuir a su mantenimiento es, de momento, poco solidario. Si se suprimiera el ‘impuesto’ y se generalizara el autoconsumo, a la larga, podría perjudicar incluso la fiabilidad de la red. Todos los usuarios pagamos en nuestros recibos la llamada ‘potencia instalada’ y, a cambio, la empresa eléctrica suministradora se compromete a suministrarnos, siempre que la demandemos, la potencia contratada. Esto implica tener centrales eléctricas -inversiones muy fuertes- con un bajo grado de utilización, pero que en cualquier caso deben funcionar. Si queremos mantener nuestro sistema eléctrico fiable, debemos contribuir a mantenerlo. Benigno Bueno, Pozuelo de Alarcón


Odios paralelos

Veo la imagen de los padres del joven Xavi, uno de los niños asesinados en las Ramblas de Barcelona, abrazados a un desconsolado imán de Rubí, y creo que engloba todo el desconsuelo que nos ha sacudido en los últimos días. La imagen ha sido más que repetida en medios y es, sin duda, el mejor ejemplo de tolerancia y hermandad realizada en los últimos años. Una escena que a la gente de bien nos reconcilia un poco con el mundo que nos ha tocado y que a la vez es la que más daño hace a los terroristas que buscan aterrorizarnos. También sirve para contrarrestar a los grupos xenófobos y fascistas españoles que han aprovechado la masacre para abrir la veda y han llenado las redes sociales (más antisociales cada día) y las calles de comentarios vomitivos que solo buscan sembrar el mismo odio que el de los culpables de la masacre. Es curioso. tanto que dicen odiarse, se parecen demasiado. Eduardo Fernández López, Villalpando (Zamora)


Cena en catalán

Leí, incrédulo, la carta Reconocimiento de la lengua valenciana. En ella su autora asegura que catalán, valenciano y balear son tres lenguas distintas. ¿De verdad lo cree? La invito a cenar con su valenciano, yo iré con mi catalán de Barcelona y llamaré a mi primo Joan, para que vaya con su balear de Mallorca. Comprobará que los tres somos capaces de mantener una conversación fluida, con variaciones en la pronunciación y el vocabulario y poco más. Eso no pasaría si fueran tres lenguas diferentes, un lingüista se lo confirmará con palabras más técnicas. Las tres son variantes de una misma lengua, igual que el castellano de Burgos o el de Andalucía y el español de México o Argentina lo son de la lengua castellana, todas ellas con sus diferencias. Respecto al nombre, se le llama ‘castellano’ porque sus textos más antiguos (del siglo X) aparecieron en territorios del antiguo Reino de Castilla (La Rioja y Burgos), y eso no le confiere un estatus especial ni lo asociamos a «décadas bajo su tiranía» (como refiere al catalán). Lo mismo pasa con el catalán, se le llama así porque los textos más antiguos (del siglo XI) aparecen en los condados catalanes. Por esa época, Valencia y las Baleares estaban bajo dominio musulmán. Si había algún tipo de lengua derivada del latín, se mezclaría con la de los pobladores que vinieron después de la conquista. Venga a cenar, podrá comprobarlo. Jordi Balaguer Bruguera (Barcelona)