Inacciones

BLOC DEL CARTERO

Señala uno de nuestros lectores el que podría ser uno de los secretos mejor guardados de quienes nos dirigen: en realidad, hacer, lo que se dice hacer, hacen poco, y respecto de los asuntos más vidriosos, esos que angustian a muchos y a veces nos tuercen el camino o nos lo obstruyen, nada o casi nada. Los médicos saben que de la mayor parte de los males que aquejan a nuestro cuerpo a lo largo de nuestra vida nos curamos solos, sin medicación alguna. Hay otros, sin embargo, con los que no podemos, y para ellos han hallado, a lo largo de los siglos, un abanico de terapias. Nuestros dirigentes parecen participar de una conciencia similar, pero no hacen el esfuerzo de encontrar una cura para los males mayores. Evolucionan solos y, lo que es peor: muchas veces, hacia la inevitable y anunciada catástrofe.

LA CARTA DE LA SEMANA

Una generación con memoria. Vamos al pueblo de mis padres en Extremadura. Llevamos las cenizas de mi padre allí, como él quería. Es uno de los últimos niños de posguerra, una generación con memoria histórica que perdemos. Gente con valores distintos, que lo ha pasado mal en su infancia y no lo ha sabido hasta pasados los años. Cuando eres un niño que pasa hambre y no sabes por qué, eres feliz con lo que tienes y te conformas con ello. Ha sucedido una guerra civil, no hay víveres y solo queda un miedo irracional a todo. Empezar a trabajar con siete años cuidando cabras, emigrar a por trabajo a otra provincia, a otro país. Buscar ‘El Dorado’. Ahorrar porque sí, por si acaso, porque sabes que pueden venir malos tiempos. Vivir como una hormiguita. Sin estudios, ser autodidacta. Conformarse bajo el yugo de un dictador. Luchar por sus derechos, poner su vida en peligro un Tres de Marzo en Vitoria por sus compañeros, por dar de comer a su familia. Intentar vivir dignamente. Nadie recuerda esas ‘cosas de antes’. Espero que nuestros hijos recuerden lo que les ha contado el abuelo como yo pude escuchar a la gente mayor del pueblo. Gracias a ello, a las historias de ‘estraperlismo’, de lucha de días duros, puedo valorar todo lo que han conseguido por nosotros y poco a poco perdemos como borregos. Adiós para siempre, papá, te quiero. Rosa M. Flores Rubio (Vitoria)

Por qué la he premiado… Por ese relato y esa memoria de lo que fuimos, que es también -por eso no hay que olvidarlo- lo que somos y seremos


A continuación el resto de cartas de la semana.

Test cognitivo

El test dirigido a un paciente con muestras de demencia senil arrojó para mí un resultado devastador: aquel anciano pálido, arrugado, alopécico y seco no supo decirme en qué año vivimos; no reconocía el mes, y mucho menos el día de la semana; acertó a decir que vivía en España, pero no recordaba la región ni la ciudad ni el nombre del hospital, ni mucho menos en qué planta estábamos; a duras penas repitió las palabras que le cité; no fue capaz de hacer sencillas restas matemáticas; sabía, eso sí, que le señalaba un bolígrafo y un reloj. Repetía una frase sencilla, pero no obedecía una orden sin complejidad. Leyó bien la frase: «Cierre los ojos», pero no supo llevarla a cabo. Intentó copiar el dibujo y no fue capaz. Al pedirle que escribiera una frase completa, tomó el lápiz con determinación: «Yo creo en Dios». La dignidad de todas las personas, estén como estén, se abre paso en pequeños gestos inesperados y a veces sorprendentes. Samuel García Moreno (Logroño)


La ‘caja tonta’

En un remodelado o lavado de cara de una ‘casa vieja’, al abrir un armario de esos empotrados a la pared, con dos tristes baldas de madera ya carcomida, me encuentro que lo que las cubre (o en su día las cubría) contra las manchas típicas son dos hojas de periódico del 24/08/1975. En ellas se anunciaban como novedad las televisiones en color, dos cadenas de TV -La 1 y La 2-, pero lo curioso es que la programación comenzaba en La 1 a las 14 y en La 2 a las 20:30, y ambas terminaban a las 24, con un titular: «Reflexión y última imagen». Eso significa que el resto del día la gente se mantenía ocupada en sus quehaceres y lo más tarde que te podías quedar viendo la ‘caja tonta’ eran las 24. Ese horario que ahora nos parece irrisorio y anticuado permitía conciliar actividad laboral, tiempo de ocio y respeto de las horas de sueño para así mantener un ritmo circadiano normal, tan ansiado en esta sociedad de estrés. R. Guillamón Candel, Ricote (Murcia)


Disfrutar

Según datos de la Real Academia Española, resulta sorprendente no encontrar el verbo ‘disfrutar’ entre las quinientas palabras más usadas en español. Prestando la mínima atención a los medios de comunicación o al lenguaje coloquial, lo escuchamos constantemente. Por ejemplo, al ganador individual o por equipos: «Ahora lo que toca es disfrutar». Al informador del tiempo: «Que disfruten del fin de semana». A los que se van de vacaciones: «Vamos a disfrutar de unos días de descanso»;. O los que dicen. «Yo es que disfruto comiendo». A los abuelos: «Ahora, a disfrutar de los nietos». La frase publicitaria: «Disfrute con la lectura de un buen libro». A los jóvenes de botellón. «Hay que disfrutar». Dicen algunas personas mayores: «Tenemos que disfrutar mientras podamos». Y esta observación nos recuerda el texto de Corintios: «Divirtámonos y disfrutemos de los placeres de este mundo, que la vida es una sola y muy corta». «Comamos y bebamos que mañana moriremos». Así pues de eso se trata, de disfrutar. Mariano Jesús Serrano Pintado (Toledo)


Inacción

Desde hace mucho tiempo tengo la sensación de que la pasividad de los políticos en todos los temas que ocupan las portadas de los periódicos es más que sorprendente. ¿Alguien tiene la sensación de que estos señores se sientan alguna vez a intentar solucionar algún tema de los que deberían ocuparse? ¿Han tomado alguna decisión en Europa sobre los refugiados? ¿Aquí se han ocupado en serio el problema de las pensiones? Dejar que el tiempo pase y que las cosas se arreglen solas no es solo una cuestión política. Ante los ataques que han sufrido los trabajadores, ¿dónde están los sindicatos? ¿Existen? Solo he visto tomar decisiones rápidas y eficaces cuando han tenido que salvar bancos o autopistas. Lamentable. Pienso que la desidia de los políticos, su falta de compromiso, su nula previsión ante los problemas futuros, los descalifica. No es eso para lo que los hemos elegido. Dirigir un país tiene que ser implicarse, sentir los problemas, decidir soluciones, no estar continuamente mirándose el ombligo. Los problemas están en la calle: salgan y arréglenlos. Jesús María Perosanz (Correo electrónico)