Valenciano

EL BLOC DEL CARTERO

Trae cola entre nuestros lectores, una vez más, la discusión sobre si el valenciano es una lengua distinta del catalán, evolucionada de modo separado de su común raíz occitana, o una evolución de esta a través de la lengua catalana. Temerario sería por parte del cartero tratar de dirimir en este espacio tan ardua querella, que enfrenta a filólogos e historiadores. Lo que parece evidente es que las dos lenguas son diferentes no solo por su fonética y otras disparidades morfológicas, sino por la voluntad de muchos hablantes valencianos de tenerla por propia y diversa; también lo es que las dos se asemejan tanto que sus hablantes se entienden sin esfuerzo. Cada cual ha podido expresar su parecer. Aquí lo dejamos, con el deseo de que las lenguas sirvan más para comunicar y menos para sembrar la discordia.

LA CARTA DE LA SEMANA

Un niño me mira

El viejo que uno empieza a ser, el jubilado que está siendo, ese ser socialmente cuasi apartado, aparcado y fuera de circulación, se va diluyendo. Va desapareciendo. Se esfuma cual bocanada de humo negro que el viento empuja y desordena. No es un lamento, sino una constatación sin ambages de que uno nota que pierde consistencia. Su perfil humano se desdibuja,
se vuelve casi transparente. De la irrelevancia a la insignificancia en viacrucis silencioso. Cuando pensar en la muerte y hablar de ella no es cosa de depresivos ni de gafes. Mientras, en paralelo, la vida discurre con pretensión de serenidad y aceptación. Y de pronto, en este marasmo de la identidad, endeble, socavada, surge el revulsivo inesperado de la presencia de una criatura, un niño pequeño que, a saber por qué, fija en mí la mirada. ¡Ay, Dios!, qué poderío en sus ojos. Me mira, sí, con ojos nuevos, limpios, de una intensidad que sobrecoge. Me mira interrogándome, buscándome. Los niños son el alma de la vida, la razón de vivir. De hecho, ese niño adorable –acaso ni sepa aún su nombre– me acaba de rescatar de los márgenes de una existencia que ya se me hace incierta. Mirada vivaz la suya, tan presente y ardiente que me vuelve a constituir. Carmelo Carrascal Aguirre (San Sebastián)

Por qué la he premiado…Por la reivindicación, tan difícilmente superable, del tiempo y de la vida


A continuación el resto de cartas de la semana.

Los derechos ¿de quién?

No solo quienes viven en Cataluña son catalanes. Las circunstancias de hoy estremecen el corazón de miles que sentimos Cataluña como algo que nos identifica y da sentido a lo que somos. ¿Qué pasa con los españoles que han vivido periodos de sus vidas allí, porque allí han nacido o porque las circunstancias los llevaron a ser parte de ese territorio? Somos muchos quienes recordamos a nuestras abuelas hablando catalán, esa lengua que era la melodía con la que nuestros ancestros nos acunaban y solo parece el idioma de la discordia. Son tiempos complicados, hay muchos buscando la diferencia para sentirse mejores… y no se dan cuenta de que solo consiguen degradar valores y principios compartidos por todos. Espero poder seguir emocionándome al escuchar en catalán el himno de la Virgen, de la que mis abuelos fueron devotos, o sentir ese dulce regreso a la infancia, cuando mi madre le cante a mi hija esas mismas canciones que me cantaron de niña. María Teresa Fernández Estupiñá. San Vicente (Alicante)


¿Qué será lo siguiente?

No soy de banderas, desconozco qué sentimientos afloran cuando las agitan, las enarbolan o las carga el diablo. Sí percibo en quienes las usan cierto retroceso, una vuelta a la manada, al simio que todos llevamos dentro. Recuerdo de niño las historias del abuelo, cuando nos contaba las grandes manifestaciones de la CNT/FAI en aquellos años treinta de pistolas y crucifijos. Cuando Durruti, Pestaña y compañía, tras marchar con banderas y pancartas, hacían una hoguera con todas en la plaza del pueblo mientras entonaban los acordes de su himno preferido: «A las barricadas». Tal vez por ello, a mis pobres neuronas les resulte tan difícil comprender que los ‘antisistemas’ de la CUP supliquen un Estado; que los burgueses del PDCAT se hagan el haraquiri (despreciando unas leyes que nacieron para proteger sus propiedades); y que el socialismo español, por un puñado de votos, se haga un lío con un federalismo asimétrico, abandonando las proclamas de igualdad y solidaridad en manos de un partido como el PP. Señor, ¿qué será lo siguiente? Benito Rodríguez (Murcia)


Cena en español

Deseo invitar al autor de la carta Cena en catalán al mismo evento por él auspiciado, aunque esta vez en español. ¿Por qué no en el idioma con el cual podemos comprendernos todos los españoles? En cuanto a los dialectos, solo matizo que el inglés americano es un dialecto del inglés británico, lo cual no le impide imponer su supremacía en el mercado cinematográfico y audiovisual, por ejemplo. En otras palabras: el poderío económico de Estados Unidos consigue minimizar su condición de dialecto y la hace irrelevante. Utilizar la cultura autóctona como instrumento de poder, basándose en criterios historicistas, linda con la demagogia. Que cada comunidad autónoma mantenga su cultura y su lengua  es fundamental para respetar la identidad de cada zona. Por encima de todo, somos españoles y por ello propongo una cena en español. Alberto Jesús Lereu Sanchis, Catarroja (Valencia)


Lengua valenciana

La UE, en su sección de lenguas minoritarias, reconoce al valenciano independiente del catalán. El siglo de oro del valenciano, un siglo antes del castellano, fue el primero de una lengua romance. Los autores, en ese momento, decían escribir «en lengua valenciana». El primer vocabulario valenciano se publica cuatro siglos antes que el catalán. Bajo dominio musulmán ya tenemos las jarchas… mucho antes de que en la Reconquista vinieran un tres por ciento de catalanes, cifra incapaz de traer un idioma. En la Comunidad (nombre correcto sería Reino de Valencia), sufrimos una presión en los colegios, medios de comunicación, administraciones, etcétera, promovida desde Cataluña a favor de una gran mentira como es que ambas lenguas son solo una. Esto es fruto del autoodio y acomplejamiento de políticos de izquierdas y derechas, respectivamente. Cientos de pruebas lo refutan. Francisco Carbonell Casares (Valencia)