Lobos

BLOC DEL CARTERO

Dos lectores invocan esta semana el viejo símil lobuno para describir, al hilo de la actualidad, la humana condición. Viejo, sí, y para probarlo uno de ellos recurre a Plauto; pero por lo que se ve no lo bastante mencionado ni extendido como para que sirva de advertencia a los frívolos, los insensatos y los incautos, que una vez más se dirigen hacia el precipicio con la sonrisa embobada y la mirada perdida. No es nada difícil que la mano del hombre, que repara y construye, se vuelva zarpa de lobo que ofende y desbarata. A veces sobrecoge lo desmañada que puede ser la factura del conjuro que obra tan siniestro efecto. Nadie es equidistante, no todas las responsabilidades son equivalentes, pero antes o después hay que empezar a asumirlas por orden. No puede dejarse que el lobo escriba la historia.

LA CARTA DE LA SEMANA

Cuidado con el hombre

Acabo de comprar pintura negra. Tras cinco años cambiaré el letrero de la puerta de mi cochera. Pone en grandes letras. «Cuidado con el perro». Voy a tachar ‘el perro’ y escribiré debajo ‘el hombre’. Desde que vive con nosotros el pastor alemán, hemos recibido de él cariño, fidelidad y nobleza. Nosotros le devolvemos cariño y un lugar en el que ser feliz, respetando, eso sí, unas normas de convivencia. Observando su comportamiento y comparándolo con el nuestro, parecen resultar más peligrosos los humanos que los animales. Ya Plauto, en la Comedia de los asnos, nos lo hizo ver con su frase. «Lobo es el hombre para el hombre y no hombre cuando desconoce quién es el otro». Lo miro fijamente e intento explicarme por qué tras tantos años de evolución seguimos repitiendo los mismos errores y nos esforzamos en crear diferencias en vez de tender puentes. Él, por el contrario, se aproxima tanto a mí que no puedo evitar darle un abrazo. Quizá se trate de eso, de sentirnos próximos y de que nuestros pensamientos no nos distancien. Juan Fernando Ramón Sánchez, Torremayor (Badajoz)

Por qué la he premiado… Por recordarnos esa fiera que duerme entre los pliegues de toda humanidad; por si sirve para ponérselo más difícil a los ansiosos por despertarla


 

A continuación el resto de cartas de la semana.

Hacerse el sueco en España

Soy sueco y admiro mi país por lo mucho que el pueblo ha conseguido en el bienestar a lo largo de su historia. Sin embargo, no es todo un paraíso. He tenido la suerte de haber vivido en muchos sitios del mundo y, con intervalos, durante los últimos veintitantos años en España. Ningún país es perfecto en todos los aspectos, ¡simplemente porque el ser humano no lo es! Pero hay países que se destacan más en su desarrollo que los demás. España es, sin duda alguna, uno de ellos. A pesar de todos sus defectos. Es un país sumamente vital. Hace falta vivir fuera un rato y regresar para poder observar la mejora que está viviendo España. ¡Es realmente admirable! A pesar de todas sus diferencias socioeconómicas, el pueblo español tiene un importante denominador común: la curiosidad. La curiosidad de descubrir, aprender, conocer otras culturas, experimentar, probar nuevas vías y retos. Y si cae, se sabe levantar de nuevo. Es un pueblo orgulloso que a lo largo de su historia ha soportado la pobreza, vivido la cara de la vida más dura, pero siempre manteniendo la mirada por delante. Veo que este país sí tiene un futuro prometedor. Avanza rápido con pasos seguros… ¡A pesar de lo que dicen a menudo la prensa y el quejica en el bar! Stein Tage Kapsto (Almería)


 

El perverso lenguaje

Yo también estoy triste, preocupado, avergonzado. Existe una palabra para todo, incluso para definir a gente como yo. Nos llaman los ‘equidistantes’. Quizá sea el resultado de tantas reformas educativas que no cuajan, pero siento que hemos ‘desaprendido’ cómo conjugar algunos verbos: ‘yo tengo razón’, ‘tú te equivocas’, ‘él miente’. ‘Yo amo’, ‘tú odias’, ‘él desprecia’. ‘Yo sé’, ‘tú desconoces’, ‘él cree’. Esto es lo que se oye en las calles y, como en todas las grandes batallas, los generales se sientan cómodamente en la retaguardia mientras el pueblo sangra y las palabras siguen chocando en el aire, esparciendo semillas de odio que tardarán muchos años (o razonamientos sanos) en desaparecer. Choca democracia con Estado de derecho, derechos con libertades, y chocan porras contra cabezas. Y otra vez hermanos enfrentados, familias rotas, amigos perdidos. Y de nuevo A o B, blanco o negro, conmigo o contra mí. ¿Qué hemos aprendido? Andrés L. C. (La Coruña)


 

Las orejas del lobo

Y la Historia se repite porque ya nadie la lee. ¿A quién le importa qué pasó hace 83 años teniendo la inmediatez en los tertulianos de las diferentes televisiones, en las redes, en la calle, en cualquier lugar que no sea un libro, porque este suele llevar al conocimiento y a la reflexión? Muchas veces las personas se dejan convencer por ‘verdades’ establecidas que nadie se molesta en comprobar, y así se ahorran el esfuerzo del pensamiento crítico y pasan a ser parte de la masa, dejándose ir en una especie de comodidad mental. Movilizar, adoctrinar, arengar, arrastrar y manipular a una masa es mucho más fácil que ‘tomadas de una en una’. Tengo la seguridad de que más de uno cree que actúa de forma original y guay. Pues ni es original, puesto que otros ya lo han hecho, ni tiene pinta de que acabe siendo guay. Excepto, claro, para los oportunistas, que esos nunca duermen, igual que en la selva. Primero se sacaron las banderas de colores a la calle. Cuando el lobo asoma las orejas, hasta las banderas palidecen y lucen blancas como una luna lorquiana. Entiéndase que el lobo aquí no tiene nombre propio, porque es la irresponsabilidad y la sinrazón llevando a la locura a una sociedad entera. María José Vilasuso Carballeir, Culleredo-Vilaboa (La Coruña)


¿Gangrena?

Decía el doctor Josep Trueta (1897-1977) -uno de los más célebres traumatólogos del siglo XX, Catedrático de Ortopedia de la Universidad de Oxford y candidato al Premio Nobel- que toda herida ‘mal cerrada’ acababa por infectarse, como mal menor, o con la gangrena, que acaba con la amputación del miembro herido. Espero que sus palabras no sean premonitorias de lo que puede pasar en cataluña. Francisco Vilardebó Marcó (Barcelona)