Banderas

BLOC DEL CARTERO

Pudiera ser que el meollo de nuestro gran problema (nuestra dificultad manifiesta para construir un concepto estable y funcional de lo que significa ser español) encontrara su expresión en la manera en que se utilizan entre nosotros las banderas. Rara vez alza un español una bandera con otro afán que el de jorobar al vecino y distinguirse de él, cuando no enfrentársele. No nos engañemos: así como las banderas autonómicas se han usado con frecuencia en oposición a la enseña nacional, incluso para negarla y desplazarla, ahora, como se teme un lector, se realiza el ejercicio contrario. Por no hablar de la tendencia a no reconocer un estandarte común (ni siquiera entre los independentistas). Seremos algo cuando no empuñemos banderas contra el otro, cuando acertemos a crear una bandera de todos.

LA CARTA DE LA SEMANA

El pozo de mi incultura. Soy una inculta, señores. Para mi vergüenza. Hija de la «generación mejor preparada», ¡y qué! Aunque me estoy convirtiendo en un pocillo de conocimientos, la mayoría son datos sin más que solo sirven para contestar «a y b son ciertas, o todas son falsas». Excelentes notas en bachiller, ¡y qué! Mi opinión se basa a menudo en una amalgama de hechos de poco fundamento. Somos el blanco de las más ácidas críticas, que nos prodigan, no sin razón en muchos casos, nuestros mayores. La excusa de que tenemos mucho que estudiar para interesarnos por otros temas solo dice de nosotros que somos demasiado blanditos o que nos importa un comino lo que suceda a nuestro alrededor mientras nuestro cómodo (y, en mi caso, desorganizado) mundo no se vea afectado. Soy una ignorante, sí. No me siento orgullosa. He aprendido algunas cosas en mis veintidós años y una de ellas ha sido a admirar a los que saben todo aquello de lo que no tengo idea y también a no criticar a los que desconocen lo que me enseñaron a mí. Así que, profesores, tutores, padres, con todo el respeto, les ruego que tengan paciencia. Crean más en nosotros. Algunos somos ignorantes, pero tenemos la voluntad de cambiar. Carmen Valdés Diéguez (Albacete)

Por qué la he premiado… Por la humildad y la lucidez, que son la antesala de la sabiduría.


Casualidades y causalidades

Que un monte sea devorado por el fuego es una puñetera desgracia. Si encima se convierte en rutina, caso de Galicia, la desgracia se transforma en una hecatombe sin paliativos. Algunas ‘rutinas’ pueden ocultar majaderías de alegres domingueros que abandonan rescoldos vivos y vidrio o arrojan la colilla por la ventanilla del coche. Cada vez creo menos en casualidades y más en causalidades. Los incendios naturales (caída de un rayo; por ejemplo) son testimoniales. Conviene ir quitando antifaces y descubrir de una vez quién está detrás de este sindiós. Venganzas personales vecinales; ajuste de cuentas de operarios forestales a los que no se les renueva el contrato; fines especulativos urbanísticos… Y lo más importante: recortes y más recortes en medios para gestionar un legado natural tan valioso. Se ha reducido el desbroce-limpieza de ramaje incontrolado y cortafuegos, así como el número de torres de vigilancia y equipos. Galicia posee la mitad de masa forestal de España. La Xunta debería hacer autocrítica y explicar las casi 2900 hectáreas carbonizadas, sin mencionar el quebranto mayor: la pérdida de vidas humanas. Alberto F. Araújo, Baracaldo (Vizcaya)


Lo que de verdad importa

A lo largo de la vida, el ser humano pasa por varias etapas y los motivos de alegría y de preocupación cambian en cada una. Cuando uno es pequeño, a ojos de los adultos es feliz todo el tiempo. Las preocupaciones son efímeras y las alegrías parecen continuas. Pero si miramos con detalle, veremos que en esa primera fase de la vida las pequeñas preocupaciones abruman, lo que parece un reto insignificante es un objetivo complicado. Los cimientos de cómo seremos mañana se construyen en las primeras etapas, y la autoestima, la constancia, el espíritu de superación y las herramientas para ser felices se adquieren de niño. El mundo que los adultos construyen alrededor de un niño fijará verdades y costumbres difícilmente movibles. Por esto es tan importante que la sociedad vele por el cuidado de los menores, siendo este el objetivo primero. No debemos consentir que los adultos trafiquen con un bien tan importante, la educación fijará el rumbo del futuro. Teresa Fernández Estupiñá (Alicante)


Bajo las banderas

«Mecánico costurero que está pasando un mal momento. Le arreglo su máquina de coser a cambio de un bocadillo». Centro de Santiago de Compostela, en la calle que une la Alameda con la plaza del Obradoiro. Más céntrico, imposible. Más duro, tampoco. El tipo, de unos cincuenta años, bien vestido y educado, despertó con su cartel limosnero todos mis miedos más secretos. Esos que llevan la contraria a esa verdad, tan absoluta como falsa, que dice que si eres bueno, trabajador y te esfuerzas lo suficiente, todo te irá bien. Cuando se aparten las banderas que hoy lo inundan todo, y se silencien los eslóganes y los mítines tremendistas, y se difuminen las columnas de humo que todo lo tapan, aparecerá de nuevo la verdadera España. La del mecánico costurero que ofrece su trabajo a cambio de un bocadillo, y esa, mucho me temo, no dejará espacio para sentirnos orgullosos de nada. Por muchas banderas que se desplieguen a su alrededor. Eduardo Fernández López, Villalpando (Zamora)


Catalanes sí, independencia no

Siento que muchos españoles están empuñando ahora su bandera como un picador contra los catalanes. Así se me aparecen. Fieros atacan, quieren picarlos, reducirlos. Cuánto daño nos hacen y se hacen. Nos envenenan y se envenenan con odio. Ya es hora de ser suficientemente civilizados como para buscar no la guerra, sino la convivencia. Querer convivir con cada persona es la solución. Descubrir a todos dignos de estima, de aprecio. A los independentistas y los que no lo son. Y por lo tanto paciencia, humildad, acercamiento y hablar. Quiero recordar consignas mejores. Cuando tuvimos un buen eslogan que arropó nuestro comportamiento: vascos sí, ETA no. Ahora nos podría servir: catalanes sí, independencia no. Pablo Osés Azcona, Fuengirola (Málaga)