Comprender

El bloc del Cartero

Comprender al otro, comprender nuestra interdependencia con los demás; dejar a un lado los pensamientos y las emociones que nos recluyen en el prejuicio, el interés, el miedo o el deseo egoísta. Al cabo de varios milenios de civilización, esta sigue siendo la tarea pendiente tanto para gestionar los asuntos colectivos como en el ámbito más personal. Hacerse cargo del valor de la vocación de un hijo, aunque esquive nuestras expectativas; sentirse interpelado por las empresas y los logros comunes, aunque suenen cantos de sirena que prometan prosperidad sin cuento tras arrojar el lastre que representan otros, más pobres; entender que nadie se encuentra a tu disposición para ser vejado y que tiene derecho a superarlo si se le veja. Tantos deberes por hacer.

LA CARTA DE LA SEMANA

«Ahora ya entiendo tu vocación»

Para todo adolescente frustrado y aterrado ante la opinión de sus progenitores respecto de sus planes de futuro, es este el bálsamo más poderoso. Me siento como Wendy la primera vez que Peter Pan le enseña a volar, a lanzarse a un inmenso mar de cielo, estrellas e ilusión. Por fin he oído las palabras que jamás pensé que llegarían. Por fin tengo la admiración de a quien más admiro. Y qué radiante la sonrisa que acabo de probar.

A todos los que tengan el poder de esclarecer las atosigantes dudas, de hacer que el miedo se esfume, de contar con los expectantes oídos y la esperanza de alguien que espera su aprobación, por favor, no dejéis de trabajar por comprender. No os canséis de escuchar una y otra vez los proyectos de quienes buscan ser liberados de la prisión de la inseguridad. No sabéis bien lo que lo agradecerán. No sabéis bien lo lejos que vamos a llegar.

Soledad G. G. (Málaga)

Por qué la he premiado… Por ser tan inspiradora tanto para adolescentes vocacionales como para sus mayores.


A continuación el resto de cartas de la semana.

Enterita

¿Qué pasa si, por fortuna, la violación no tiene consecuencias para la víctima? ¿Qué-pasa-si-no-hay-shock? ¿Es que una víctima tiene que seguir siéndolo toda la vida? ¿O solamente un tiempo prudencial, porque hay que mantener las formas y las buenas chicas, ya se sabe, son sensibles y delicadas? ¿Qué tiene que ver la sensibilidad con que te hayan violado?

¿Encima de que te han violado, vas a tener que seguir sufriéndolo toda la vida porque, si no, es que te lo merecías? ¿Es que a una no le van a dejar ni el derecho a meterle un corte de mangas en la cara al miedo, al dolor, a la vergüenza, a la culpabilidad, a la humillación, a los prejuicios sobre cómo deben reaccionar las mujeres y a la madre que los parió a todos? Pues sí, chavala de San Fermín, tienes ese derecho. Tú y todas. Y vas a salir del tribunal con la cabeza bien alta, y enterita, y vas a seguir con tu vida y, tarde o temprano, todo esto te importará un bledo. Porque tú eres tú, y ninguna manada ni rebaño va a cambiar eso. Mal que les pese.

Pepa Lombera, Gordexola (Vizcaya)


¿Treinta años mejores?

Los comedores sociales, los trabajadores empobrecidos, los malos tratos y la violencia de género, la corrupción política, el cambio climático, los migrantes que llegan a Europa, la guerra en Oriente, la hambruna en África… Podría seguir enumerando más situaciones o hechos negativos, pero me paro aquí para no desesperarme aún más. Por todo esto creo que no todo ha sido tan positivo como nos lo han mostrado en el Especial de XLSemanal por su 30.º aniversario. No puedo negar que los avances en ciencia, tecnología, medicina, en derechos humanos… han sido realmente muy importantes, pero todo lo logrado no nos debe cegar ante lo que todavía está por hacer.

Es una tendencia natural recordar lo bueno cuando hacemos balance de algo; aun así, no debemos olvidar lo negativo, o no seremos si no capaces de mejorar. Por todo esto seamos realistas, no nos acomodemos y trabajemos para solucionar la extensa lista de causas pendientes que aún nos quedan. Quizá dentro de treinta años me acuerde de esta carta y piense: lo estamos logrando.

Beatriz Mallagaray (Correo electrónico)


Qué pena la independencia

Es una pena que personas de un mismo origen, de un mismo país, con una misma historia y situados en un mismo territorio se peleen por un tema como la independencia. Es una pena que seres racionales dejen de serlo solo por defender una idea política.

Es una pena que gente con la misma afición y una misma selección nacional, que celebraron un mismo gol con el que ganaron el Mundial, se conviertan de repente en enemigos, en seres monstruosos a los que no se les pueda ni dirigir la palabra. Es una pena, en suma, que un cuerpo de seguridad creado para defender el país tenga que hacer frente a sus propios ciudadanos. No volvamos a nuestra reciente historia y unámonos para defendernos de problemas externos, esos que nos unen, como el terrorismo.

Gonzalo Pinazo Innerarity (Correo electrónico)