Jerusalén

El bloc del cartero

Nos escribe una lectora, conocedora del terreno de primera mano, acerca de las consecuencias de la reciente decisión de Donald Trump de reconocer Jerusalén como capital de Israel. O, lo que es lo mismo, de tomar partido definitivo en la refriega que enfrenta a quienes tienen en la desdichada ciudad santa de las tres grandes religiones su referencia irrenunciable. Acaso sea, Jerusalén, la piedra de toque de este tiempo en el que, o damos con la forma de coexistir todos en paz y justicia, sin ignorar la voluntad del otro, o nos empantanamos en el conflicto que ninguna fuerza se demuestra capaz de zanjar. Y no se trata solo de Oriente Medio. Para bien y para mal, las fronteras dibujadas sobre los mapas ya no confinan a las gentes ni logran contener sus aspiraciones.

LA CARTA DE LA SEMANA

Encuentro

Esta mañana, en el pequeño tumulto que se crea al salir del tranvía, he empujado involuntariamente a una niña de unos cuatro años que iba de la mano de su madre. La niña se ha sorprendido, ha perdido pie, ha girado sobre sí, prendida de la mano materna, pero… no se ha asustado. Ha debido de encontrar divertido el percance, sencillamente me ha sonreído, con esa sonrisa abierta y espontánea que tienen los niños y a la que yo, sin poder ni quererlo evitar, he correspondido agradecido con la mía. Solo ha sido un instante, un momento de gracia que ha marcado de dicha un segundo de mi existencia y seguramente también de la de ella, aunque naturalmente la psicología infantil pronto olvida las cosas al paso de las muchas novedades cotidianas que la sorprenden.

Yo, en cambio, desde mi ancianidad guardo en mi memoria cuidadosamente todos estos pequeños tesoros. Ellos conservan la pureza incontaminada de lo fugaz, y su dulce sabor sustenta mi alegría y alimenta mi esperanza durante los pocos años de vida que puedan quedarme. También para la niña, repetidas vivencias efímeras como esta pueden ser pasos que la acerquen al saludable hábito de la sonrisa compartida.

Juan José Osácar Flaquer (Zaragoza)

Por qué la he premiado…Por acechar esos rincones luminosos en la grisura cotidiana y compartirlos desde la experiencia y la emoción


A continuación el resto de cartas de la semana

El clima y la mujer

Hemos conocido por la prensa una información que explicaba una de las consecuencias más insospechadas del cambio climático. está afectando con intensidad especial a las mujeres. Este cambio es especialmente duro en los países pobres situados en la franja que comprende el norte de África y el sur de Asia, porque en estos países la falta de lluvias ha llevado a los ya de por sí pobres agricultores a una situación tan extrema que, desesperados por no poder alimentar a su familia, han entregado sus hijas de pocos años en matrimonio a hombres mucho mayores que ellas para tener menos bocas que alimentar. Es fácil imaginar lo terrible de esta situación, niñas casadas a la fuerza con desconocidos y obligadas a desempeñar el papel de esposas. ¡Qué tragedia que les roben a estas criaturas la niñez y la juventud! Y una pregunta importante: ¿qué podemos hacer los países ‘ricos’ para mitigar el sufrimiento de estas niñas?

José Juan Carballo Jiménez (Sevilla)


Si se cruza la línea…

Cuando llegué a la Ciudad Santa el pasado julio para hacer mis prácticas en el Consulado de España en Jerusalén, albergaba esperanzas en lo que a la solución de los dos Estados se refiere. Tras unos meses allí terminé por cambiar el optimismo con el que seguía las noticias relativas al proceso de paz en Oriente Medio por un cauteloso escepticismo. No me atrevo a especular sobre las consecuencias que pueda tener la decisión de Trump, pero, ya de primeras, facciones palestinas han hecho un llamamiento a «días de ira».

Turquía y países de la Liga Árabe han puesto el grito en el cielo, y la Autoridad Palestina deja de considerar a Estados Unidos como mediador imparcial. Con esto, Netanyahu se ve animado a seguir con sus políticas de ocupación. Reconocer Jerusalén como capital de Israel supone dar la espalda a la comunidad internacional y alterar un complicado equilibrio. Y es que Jerusalén es una ciudad tan sagrada como condenada a vivir en tensión. Detrás de cada piedra se esconde un statu quo que es mejor no tocar. Si se mueve una pieza, se derrumba el edificio. Si se cruza la línea, tiembla Oriente Medio.

Ana Mañá Blanco (Madrid)


Las ‘caras’ de la vida

Dice un proverbio japonés que todos tenemos tres caras: la que mostramos al mundo, la que solo dejamos ver a los seres más cercanos y la que no mostramos a nadie. Esta es únicamente para nosotros. Es el único y el más real reflejo de quienes somos. Es el que nos da paz o nos impide dormir. Aun estando en parte de acuerdo, el planteamiento no deja de ser a su vez una ‘hipocresía’, sobre todo en ciertos momentos de nuestra vida. Ya sea cuando celebramos fechas ‘señaladas’ en las que debemos poner casi obligatoriamente buena cara porque estaría mal visto no hacerlo, incluso cuando en otras fechas casi ni nos miremos. Sería en parte distinto con familia y amigos, pero no menos difícil y complicado. Y esa última e íntima cara, esa que escondemos, esa que nos da paz, esa misma, aunque sea en una ‘irreal’ y lejana opción, tal vez debería ser nuestra única y auténtica cara.

María Olga Santisteban Otegui, Zalla (Vizcaya)