No son perezosos ni desobedientes: lo que les ocurre es que tienen una capacidad de respuesta menor. La madurez y el apoyo psicológico juegan a su favor

Olvidadizo, soñoliento, apático, con tendencia a soñar despierto, desmotivado… El niño no acaba sus deberes, evita lo que le hace esforzarse y va mucho más despacio que otros compañeros. ¿Es un vago? Quizá tenga un problema genético llamado ‘tempo cognitivo lento’ (TCL), que, además, se cura.

Encuadrado dentro del trastorno de déficit de atención (TDAH), más conocido por hiperactividad y déficit de atención, se encuentra este subtipo, el predominantemente desatento (TDAH-D), en el que los individuos presentan un patrón de conducta marcado por lentitud, tendencia a soñar despierto, apatía e hipoactividad. Se calcula que alcanza en torno al cuatro o cinco por ciento de la población infanto-juvenil de Estados Unidos, aunque al no estar reconocido de forma propia como trastorno independiente del TDAH no se han efectuado estadísticas, lo que también es aplicable a España.

El poder de la dopamina

La explicación de este trastorno está en una sustancia llamada dopamina, que hace la conexión entre las neuronas, tanto de ida como de vuelta. Es decir, cuando yo recibo un mensaje, se activa la dopamina y riega las neuronas para que yo interactúe frente a ese mensaje y dé una respuesta. El problema de los niños que lo sufren es que en ellos la dopamina actúa de manera ralentizada provocando, por tanto, una velocidad de respuesta mucho más lenta que la del resto de los niños de su edad. Este problema, si no se ataja a tiempo, y sobre todo antes del término de la pubertad, puede influir en el desarrollo no solo intelectual, sino también social, de esa persona.

La dopamina, que riega nuestras neuronas para que respondan a los mensajes que reciben, actúa de manera ralentizada

Los investigadores tienen bien claro que los niños que poseen un TCL suelen mostrar un procesamiento de la información obtenida más lento que los demás y generalmente no logran responder frente a las presiones del tiempo, pasan largos periodos sin elaborar la información que reciben. No reaccionan de inmediato. Entonces el trabajo escolar les causa mucho esfuerzo y los agota rápidamente. Entre otros síntomas, suelen tener problemas para nominar y describir hechos; no retienen o no logran evocar conceptos similares para dar nombre a ciertas situaciones o describirlas. Sin embargo, pueden lograrlo cuando se les da un plazo de tiempo indefinido o más largo para elaborar sus respuestas. Toda esta incomprensión por el mundo que los rodea provoca en ellos frustración, fracaso escolar, falta de autoestima acusada, etc.

Futuro esperanzador

Una vez diagnosticado el TCL, no tiene por qué ser crónico, ya que el cerebro se sigue formando y se entiende que esta etapa de formación finaliza con la madurez. Se espera, por tanto, que con el paso del tiempo la distancia entre las neuronas vaya siendo menor, a la vez que el tratamiento con dopamina ayuda para que tarde menos en dar la descarga necesaria para interactuar. Este tratamiento, además, puede acompañarse de una terapia semanal en un gabinete psicológico.

¿Hiperactivo o hipoactivo?

En vez de ser entrometidos y arriesgados como los hiperactivos, quienes presentan TCL son personas pasivas, soñadoras y apocadas tanto en lo físico como en lo mental. Su comportamiento es indolente y procesan la información lentamente.

Les hace falta motivación extra al carecer de energía para afrontar las tareas mundanas.

Como los hipoactivos presentan problemas de conducta relacionados con la información de entrada y de salida, suelen tener dificultad en la recuperación de los recuerdos y al memorizar en el estudio. Por el contrario, los TDAH suelen ser excesivamente energéticos y no muestran dificultades para procesar la información.