El desierto de Karakum ocupa 350.000 km², el 70 por ciento de Turkmenistán, ex república soviética muy rica en minerales…

Allí, en una vieja prospección de gas, cerca de la aldea de Darvaza, está este cráter, creado por accidente tras una excavación en la que, al ser hecha sobre una caverna subterránea, la tierra se hundió y abrió un pozo de 60 metros.

El gas que mana de él fue incendiado para evitar así que todo ser vivo del entorno muriera. Pero, desde entonces, décadas ya, el gas natural no para de arder. Ni de atraer a los turistas. ‘La puerta del infierno’ es una de las grandes atracciones de la región.