En muchos países, comer ratas es algo habitual, incluso una delicatessen, no una necesidad. En Mozambique se combinan ambas cosas. Por eso sonríe el joven de la foto ante lo que a la mayoría de nosotros nos horrorizaría. ese puñado de ratas en su camiseta significa para él, si no su propia comida, sí un medio para sobrevivir. Como muchos de su tribu, él se dedica a capturarlas y venderlas a un lado de la carretera que pasa por su aldea, en Madamba. Un palo con seis ratas fritas cuesta diez meticales (20 céntimos de euro). Y cada cazador puede ganar hasta dos euros al día, allí mucho dinero.