La mitad de los pingüinos desaparecerá en 50 años si la temperatura aumenta al ritmo actual. Por Fernando González Sitges

El aumento progresivo de la temperatura ambiental los ha puesto en peligro de extinción. Todos los pingüinos, a excepción del de las Galápagos, el único que vive en latitudes ecuatoriales, pueden desaparecer poco a poco si el calentamiento persiste. Para soportar muy bajas temperaturas, estos animales, como otros polares, han logrado adaptarse durante milenios hasta convertir sus cuerpos en arsenales contra el frío. Los científicos vienen estudiándolos desde hace años y han visto que, entre los pingüinos rey -la especie de mayor tamaño tras los emperadores-, un aumento de 0,26 C en la temperatura ambiental diezma su población en casi un 10 por ciento.

Extrapolando estos datos con los obtenidos en otras especies antárticas, los expertos concluyen que, de seguir el calentamiento al ritmo de hoy, más de la mitad de los pingüinos del mundo habrá desaparecido en 50 años. Y lo malo es que el calentamiento parece aumentar. El principal problema para estas aves reside en la falta de alimento si el mar se calienta. Todos los pingüinos se alimentan de peces y pequeños crustáceos. Los peces, a su vez, se alimentan del krill, unos pequeños camarones que son la base alimentaria de todas las especies antárticas y a los que el calentamiento del agua mata. En consecuencia, la cadena se corta y los pingüinos se quedan sin comida.

Para especies como el emperador, el único pingüino que cría en el interior de la Antártida, el calentamiento dificulta doblemente sus puestas, ya que no solo halla cada vez menos comida, sino que el largo viaje hasta sus colonias de cría, tierra adentro, se hace más difícil si el hielo es fino y fragmentado, debido a que el paisaje cambia y confunde a los padres, que se pierden en la inmensidad helada. Por último, sus cuerpos adaptados al frío soportan mal el calor. Al sol, las patas sufren graves quemaduras, los cuerpos negros se recalientan y necesitan constantemente enfriarse en el agua o el hielo y los pollos, sin la protección de las plumas, sufren insolaciones mortales.

OTRAS ESPECIES AMENAZADAS

Osos polares. Necesitan los hielos flotantes que se desprenden del Polo Norte para cazar a sus presas y llegar a tierra en los meses del verano, cuando el hielo disminuye. El aumento del 9% anual en la pérdida de los hielos está provocando que muchos osos polares mueran ahogados. De mantenerse esta tendencia, la especie puede desaparecer en 30 años.

Ballenas. Todas las ballenas barbadas ballenas francas, azules, jorobadas se alimentan de plancton y de pececillos que se alimentan de plancton. El aumento de la temperatura del agua pone en peligro el plancton y, así, a las ballenas. Incluso con alimento suficiente para vivir, la carestía de plancton afecta a la producción y calidad de la leche materna, con lo que las nuevas ballenas no logran acumular la grasa necesaria para sobrevivir a los inviernos.

Focas. Todas las focas y otarios que viven en regiones polares foca de cascos, gris, foca leopardo se ven amenazados. El calor, como hemos visto, disminuye sus fuentes de alimento. Con menos comida deben nadar más lejos en su búsqueda, y el número de crías abandonadas se dispara. El aumento de la temperatura y la falta de comida alteran sus costumbres reproductivas y disminuyen los apareamientos. El calor, además, baja sus defensas y los hace más vulnerables a las enfermedades.

Zorros árticos. Necesitan el hielo del casquete polar del norte, donde pasan más de cinco meses al año, para sobrevivir a los rigores del invierno. Durante el invierno ártico 30 grados bajo cero y las 24 horas del día en oscuridad, la principal fuente de recursos de los zorros son las focas muertas y los cadáveres que dejan los osos polares en sus cacerías sobre el hielo. Con la disminución de los hielos polares, los zorros tienen más difícil su acceso al casquete polar y, en consecuencia, cada vez mueren más en los inviernos árticos.