Tiene 24 millones de seguidores dispuestos a comer ingentes cantidades de salvado de avena, así que, cuando Pierre Dukan habla, medio mundo tiembla. Por Pryscila Guilayn.

Esta vez no viene con proteínas, sino con provocaciones. En su próximo libro, el rey de las dietas reivindica las curvas. En las mujeres, eso sí. Y advierte que la falta de ellas va a acabar con la civilización. Como lo oye.

La civilización está amenazada por la delgadez. Esta es la premisa que sostiene el dietista francés Pierre Dukan en su último libro, Guardar la línea sin perder las formas [Ediciones Martínez Roca]. “No sé si acabaré convenciendo al lector de que los hombres las prefieren con curvas -anuncia-, pero puedo afirmar que los hombres no soportan a las delgadas”.

Famoso por su dieta hiperproteica, seguida por celebridades como Jennifer López, Penélope Cruz o las hermanas Middleton y criticada por prestigiosos nutricionistas por, supuestamente, aumentar el colesterol, causar problemas cardiacos y cáncer de mama, en su nueva obra, Dukan desea que el lector, según sus palabras, comprenda el sentido y la función de lo que él llama ‘redondez’: los atributos mágicos de la mujer.
Esto es, pechos, caderas y muslos, objeto de rechazo durante los últimos tiempos, dice, “después de 80.000 generaciones de adoradores” de tan seductoras formas.

Para Dukan, una mujer redonda “no es gorda” , sino que está normalmente constituida con unos atributos perfectamente señalizados. “No deseo que se imponga el reino de las gordas y de las obesas -aclara-. Los excesos en la mesa solo sirven para fabricar obesas, nunca mujeres redondas. Las curvas son una cuestión de hormonas y de feminidad”.

En su línea argumental Dukan afirma en su libro, repleto de frases contundentes, que renegar de la exuberancia femenina “en forma de guitarra” es un enorme paso hacia nuestra extinción. El autor, para fundamentar su teoría, enumera los elementos que distinguen a un hombre de una mujer. Habla, por ejemplo, del tamaño: “No existe ninguna cultura en la que el hombre busque sistemáticamente a una mujer más grande que él, porque una mujer de gran tamaño es menos femenina que una de estatura estándar”. Y concluye siempre en la misma línea. “Una mujer a la que se privase totalmente de la ‘redondez’ no tendría ninguna oportunidad de encontrar un compañero que aceptase fecundarla” , sentencia.

La debilidad de la mujer, prosigue el dietista, es su fuerza, lo que se nota en sus pequeños hombros en relación con su ancha cadera. “Una mujer cuya fuerza física, moral o social supere la de su marido termina por perder a este antes o después, víctima de una sexualidad que no encuentra ya su razón de ser” . Todas estas mujeres, argumenta Dukan, estarían acercándose peligrosamente a la figura masculina y, sin las marcadas diferencias entre hombres y mujeres, concluye, los lazos afectivos y sexuales no se conservarán por mucho tiempo. “Si hombres y mujeres se parecen, la magnética atracción entre ambos dejará de existir, y, con ello, la familia -afirma-. Cuando se empuja a la mujer a trabajar, a volverla más reivindicativa, la diferencia se difumina. Cuando se la incita a desinteresarse de su hogar y a dedicar menos tiempo a sus hijos, la diferencia se reduce siempre. El sentido popular dice que solo los contrarios se atraen”.

El dedo de dukan no tiembla a la hora de señalar a quienes, desde su visión de las cosas, han creado este escenario. Los principales responsables por causar esta hipnosis colectiva son los grandes modistos, según él casi todos homosexuales, “déspotas indiscutibles de la seda y el algodón”. Gracias a ellos, las mujeres han aceptado “la idea de semejante amputación”.

En todo caso, Dukan salva a determinadas féminas de ese influjo. a aquellas que preservan su ‘redondez’, a quienes él, en todo caso, clasifica en dos categorías. Las ‘clásicas’, “mayoría silenciosa” , establece el dietista, son “las madres de familia serias y sobrias” que, en el intento de ocultar sus curvas, “siempre aparentan tener más edad de la que tienen”. Las otras, aquellas que hacen ostentación de su ‘redondez sexy’ son las mujeres “provocativas, orgullosas de sus redondeces” , que rozan la vulgaridad. Son las únicas, a juicio del francés, que no han sido contaminadas con la “virulenta alergia que afecta a toda clase de mujeres, cualquiera que sea su condición social: obreras, intelectuales, burguesas acomodadas, simples dependientas, madres de familia numerosa o jóvenes colegialas. Pero lo más sorprendente es encontrar, en ese batallón de frustradas, a combatientes de élite. presidentas-directoras generales autoritarias, abogadas, sagaces financieras, periodistas de renombre e incluso profesionales de la medicina un poco avergonzadas de llegar a eso”.

Para Dukan, este panorama donde la mujer ha renunciado a la ‘redondez’ es una catástrofe de dimensiones apocalípticas y afirma que, “cuando lo cultural invade lo natural, cuando una moda afecta a un equilibrio biológico fundamental, amenaza a la civilización. Y, si esta civilización es la única sobre el planeta, es la especie en su totalidad la que está amenazada “.