De pronto, nuestro sistema inmune nos ataca en lugar de defendernos, un exceso de anticuerpos plaga el cuerpo y ataca a los propios órganos sanos. En España afecta a 40.000 personas, mujeres en su mayoría. Por L.F.

Mujer, treintañera, a la que un día le sale una erupción con forma de mariposa en la cara. Comienza su peregrinaje por especialistas. Ignora que padece lupus, una afección que hace que su sistema de defensas comience a atacarse a sí mismo, creando un exceso de anticuerpos en el torrente sanguíneo y causando inflamación y daños en las articulaciones, los músculos, la piel y casi todos los órganos. Se trata de un mal incurable del sistema inmunitario que afecta cada año a 100.000 personas en el mundo, de las cuales el 90 por ciento son mujeres de entre 17 y 35 años, y que plantea síntomas tan variados que rara vez coinciden en dos pacientes distintos; entre otros, fiebre, cansancio, pérdida de apetito y de peso, disminución de glóbulos blancos, rojos y plaquetas e incluso trastornos neurológicos como estados de confusión, cefaleas o convulsiones, según explican desde la Sociedad Española de Reumatología (SER). Dentro de las manifestaciones inflamatorias del LES -lupus eritematoso sistémico-, la nefropatía y la afección del sistema nervioso destacan por su gravedad. Ambas pueden producir daño permanente con importante repercusión funcional.

Para Guillermo Ruiz-Irastorza, de la unidad de enfermedades autoinmunes del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario de Cruces (Vizcaya), el LES es una enfermedad con una gravedad y un pronóstico variables. En los países de nuestro entorno, más del 90 por ciento de los pacientes sobreviven más de diez años gracias a los importantes avances en su manejo. No se dispone aún de medicación que actúe sobre la causa misma de la afección (desconocida), por lo que hay que conformarse con una supresión o modulación del sistema inmune.