Tras la invención de la fotografía, los astrónomos -que se pasaban la vida con un ojo pegado al telescopio- cambiaron su forma de trabajar: pasaron a centrarse en el análisis de las imágenes capturadas. Nacía así la astrofotografía. Por Carlos Manuel Sánchez

La fotografía ha sido una herramienta de los astrónomos desde su invención, en 1839. Hasta tal punto que, solo un año después, el inglés William Draper obtuvo el primer daguerrotipo de la Luna.

Y en solo una década fueron el Sol, Júpiter y la estrella Vega. Pero fue a partir de 1880, con la mejora de las emulsiones sensibles que permitían alargar las exposiciones, cuando el hombre empezó a ver lo nunca visto. objetos celestes que no eran perceptibles ni con los mejores telescopios. Nacía así la astrofotografía como una insospechada ventana al universo. Los astrónomos, que se pasaban la vida con un ojo pegado al telescopio, cambiaron su forma de trabajar y pasaron a centrarse en el análisis de las imágenes capturadas.

En el siglo XIX fue un asunto de caballeros que exploraban el firmamento como un pasatiempo elegante, armados de un trípode, una cámara, paciencia y ropa de abrigo para aguantar la noche al raso. Durante el XX fue un coto casi privado de los astrónomos profesionales, por lo caro que resultaban los equipos, aunque algunos de estos científicos la convirtieron en un hobby. Y ahora, en el XXI, vuelve a ser una cuestión de diletantes desde que la fotografía digital ha facilitado tanto los procesos que hasta un novato con una cámara normalita puede obtener imágenes asombrosas.

Tanto es así que el famoso archivo Astronomy picture of the day (apod.nasa.gov), de la NASA, que se empezó a publicar en Internet en 1995, se nutre en buena medida de aficionados. La revista Astronomy acaba de publicar una selección de las mejores cien fotografías del cosmos en la que se mezclan capturas de los grandes observatorios y sondas espaciales con instantáneas asombrosas logradas por amateurs. Cualquiera puede emular a los pioneros, siempre que se aleje lo suficiente de la contaminación lumínica que cubre el cielo de las ciudades con un velo anaranjado y que en el caso de las grandes urbes, como Madrid o Barcelona, ensucia la visión en 200 kilómetros a la redonda.

Entre los hitos de esta disciplina, a mitad de camino entre la ciencia y el arte, destaca la fotografía de la nebulosa de Orión realizada en el jardín de su casa londinense por Andrew Ainslie en 1883. La imagen, captada en una placa de cristal bañada en nitrato de plata con una exposición de 37 minutos, ofrecía detalles desconocidos para los más potentes telescopios de la época. Fue un paso de gigante que lanzó al ser humano a cartografiar cada rincón del cielo; esa querencia tan humana por los mapas, por ubicarse en la inmensidad y sentirse menos perdido. La astrofotografía también sirve para realizar estudios morfológicos de los cuerpos celestes. Los paparazis le tiran a todo objeto volante (identificado o no) que se mueva.

Pero la aplicación más decisiva fue la menos espectacular visualmente. el estudio del llamado ‘espectro’. Gracias a la observación de esta radiación electromagnética, los astrónomos pudieron conocer la composición química, edad y velocidad de las estrellas y galaxias. Se pudo comprobar que el universo se expandía y se descubrieron los cuásares, embriones de galaxias lejanísimas cuya luz nos llega desde el universo primitivo después de viajar 13.000 millones de años. La astrofotografía nos ha permitido de este modo conocer el aspecto del cosmos poco después del Big Bang. Ni más ni menos.

El Ojo de Dios

La nebulosa de la Hélice, en la constelación de Acuario, está formada por una estrella parecida al Sol. A 680 años luz de distancia, es una estrella agonizante que expulsa gases en forma helicoidal. Se la conoce como el Ojo de Dios y nos permite vislumbrar cómo será el final de nuestro propio mundo. eso/vista/j. Emerson/cambridge Astronomical Survey Unit.

Arañas marcianas

La primavera hace que la temperatura suba por encima de -120 °C en el Polo Sur de Marte. La nieve carbónica se sublima entonces. El súbito deshielo descubre el suelo bajo el casquete, donde pueden apreciarse unas extrañas formaciones geológicas, redondas y lobuladas, que evocan una telaraña. hirise/MRO/LPL (university of arizona)/nasa.

Mapas de Mercurio

La cercanía al Sol de Mercurio hace que porel día las temperaturas lleguen a 400 °C. Por las noches caen a -150 °C. Pero su rotación es tan lenta que un día mercurial dura lo mismo que 176 días terrestres. La sonda Messenger ha cartografiado su superficie con una resolución de 250 metros por píxel. Nasa/jhuapl/ciw.

Escombros de Supernova

Esto es lo que queda después de la explosión de la supernova Simeis 147, en Tauro. una gigantesca nube de polvo de 150 años luz de longitud. Su fulgor llegó a la Tierra hace 40.000 años. En el epicentro de la catástrofe irradia un púlsar; una escombrera de neutrones, los cascotes de la estrella original.Rogelio Bernal Andreo

El eclipse de la paz

 El 10 de diciembre de 2011 se produjo el último eclipse lunar total (el próximo será en 2014).En las cercanías de la pagoda por la paz de Shanti Stupa, en Nueva Delhi (la India), un fotógrafo compuso esta imagen con más de 50 tomas desde que el satélite entró en la sombra de la Tierra hasta que salió. Chander Devgun (Space).

Galaxia en espiral

La galaxia NGC 247 pertenece al Grupo del Escultor, compuesta por media docena de grandes galaxias en espiral, además de por otras enanas. Su plano de inclinación respecto a la línea del observador hacía muy difícil calcular su distancia a la Tierra. Hoy se estima que está a 12 millones de años luz.

Nubarrones en Júpiter

Como le pillaba de camino hacia Plutón (llegará en 2015), la nave New Horizons fotografió Júpiter. Sus grandes masas nubosas ecuatoriales son visibles incluso con un telescopio de aficionado. Pero los nubarrones de la imagen están cerca del Polo Sur. vemos es una tormenta huracanada. Nasa/john hopkins University APL/Swri

El falso cometa

La nebulosa M76, conocida como la Pesa de Gimnasia, fue catalogada en el siglo XVIII por el cazador de cometas Charles Messier en su lista de objetos celestes que parecían cometas, pero que no lo eran, con el fin de no perder el tiempo con ellos. Se trata de los gases que expectora un sol moribundo. tony hallas

La luna manchada

Jápeto es la luna más extraña de las 200 de Saturno. Sus hemisferios son de distinto color. Un misterio. Una teoría propone que partículas de uno de los anillos del planeta, arrastradas por el viento solar, cubrirían la superficie del satélite como insectos que se estrellan en un parabrisas . cassini imaging team/ssi/jpl/esa/nasa

El ‘gusano’ veloz

Este remolino de polvo (sombra incluida) fue capturado por un satélite de la NASA insertado en la órbita marciana. Tiene 30 metros de diámetro y es empujado hacia el oeste por una corriente de aire. Estos remolinos ‘agusanados’ son frecuentes en Marte y alcanzan los 110 km/h. Nasa/JPL-Caltech/university of arizona.