Un grupo de voluntarios de normandía se especializa en frenar la contaminación olfativa.

Se hacen llamar los nuevos Cyranos y son capaces de reconocer, incluso en mínimas cantidades, medio centenar de olores agresivos que afectan a la salud o al medio ambiente. Son un grupo de voluntarios de la región de Normandía que colaboran con las autoridades en la reducción del impacto olfativo. En el caso de esta región francesa, la mayor parte de las agresiones proceden de los complejos industriales, pero también pueden venir de aguas mal tratadas, alimentos en descomposición o industrias ganaderas. Con todo, quienes más quejas reciben por contaminación olfativa en el Primer Mundo son la industria papelera y la de curtido de pieles. Este tipo de contaminación está regulado, como la ambiental, la acústica o la lumínica. La Cumbre Internacional de Río de Janeiro, en 1992, marcó un antes y un después. Entonces comenzó un control de las emisiones malolientes muy riguroso que puede imponer hasta el cierre o el cese de actividad a quienes emitan contaminantes tóxicos como NH3, H2S, aminas y mercaptanos. En otros casos, lo que se hace es tratar el olor, pero de nada sirve disimularlo sin suprimir su nocividad. Hay que combinar los productos que atacan el olor con las moléculas que lo causan para llegar a reducirlo. Pero eso requiere de otro tipo de profesionales. los químicos.   e.f.

Un ‘CSI’ de narices ‘CAZAR’. Voluntarios como Michel Lair, carpintero jubilado, llevan a cabo análisis olfativos un par de veces al día en la zona donde residen o trabajan. ANALIZAR. Se les entrena para detectar olores con una gama olfativa, una especie de lenguaje propio basado en 45 referencias, que siempre puede ser ampliado con los olores específicos de la región, en este caso, sulfatos. ESTUDIAR. Cada voluntario tiene una pequeña caja con 45 viales para que pueda familiarizarse con las distintas moléculas.