Es hijo de Sir Edmund Hillary, el alpinista que conquistó por primera vez el Everest hace más de 60 años. Y, como él, ha tenido una vida de película. Por Emilio Navarro

Peter aspira una última bocanada del aire de su botella, avanza un paso más y, exhausto, se tumba sobre la nieve de la ‘Madre del Universo’, a 8848 metros de altura. Como su padre, aunque medio siglo después, también él ha coronado el Everest.

Peter Hillary toca la nieve con la yema de sus guantes y respira con dificultad: solo recibe un tercio del oxígeno que necesitan sus pulmones. Y, sin haber recuperado el aliento, coge con una mano el teléfono satélite, mientras con la otra separa el oxígeno de la boca. Al otro lado de la línea, su padre, sentado en el sofá de su casa en Auckland. “Papá, ¿me oyes? Estamos en la cima. Todos, bien. ¿Cómo pudisteis lograrlo hace 50 años? Es increíble”.

Corría el año 2003 y era la segunda vez que Peter coronaba el Everest; ya lo había hecho en 1990. Nada de eso evitó unas lágrimas, porque había hecho cumbre donde su padre dejó grabada la huella de un hombre por primera vez. Los Hillary, Edmund y Peter eran ya los primeros padre e hijo que ponían los pies en la cumbre nepalí.

Diez años después de aquella cumbre, cuando se cumplen 60 de la ascensión de Edmund Hillary y Tenzing Norgay, Peter recorre el mundo contando sus vivencias, hablando sobre motivación y superación y buscando financiación para la Fundación Himalaya.

“Cuando eres niño, tu padre es tu padre; sin más. Pero el mío era excepcional; creo que tuvo una de las vidas más increíbles del siglo XX”

Nacido 18 meses después de la gesta de su padre, el alpinista neozelandés descubrió el montañismo a los diez años en los Alpes del Sur de su país. Con 15 subió el monte Cook, la montaña más alta de Nueva Zelanda. Hizo después dramáticos intentos en el Ama Dablam y el K2, y realizó más de 40 ascensiones en el Himalaya, preparándose para el Everest. En 2003 lo coronó por segunda vez junto con Jamling, hijo de Norgay. Además, ha ascendido también la cumbre más alta de cada continente. Con los pies otra vez en el suelo habla con XLSemanal.

XLSemanal. ¿Qué significado tiene la palabra ‘Everest’ en su vida?

Peter Hillary. Muchos Para mi familia y para mí. Es la más grandiosa montaña de la Tierra. Allí comenzó mi padre la mayor aventura de su vida y, a la vez, la nuestra. Cuando empezó a embalar el equipaje en Nueva Zelanda, también ligaba nuestros destinos a la loma de una montaña y a sus gentes. El Everest conlleva muchas cosas para nosotros, no solo hacer cumbre. Los colegios y hospitales que mi padre ayudó a construir y el trabajo que hoy seguimos haciendo allí son otra manera de hacer cumbre, otra victoria.

XL. ¿Cómo es la infancia del hijo de un héroe?

P. H. Cuando eres niño, tu padre es tu padre, y da igual si es médico, granjero o explorador; solo es tu padre. Pero cuando ves que no todos los padres son asediados en correos o en el aeropuerto por gente que les pide autógrafos, te percatas de que el tuyo es algo más. Con esa sensación crecí. Mi padre era un hombre famoso, que nunca dejó de hacer cosas extraordinarias. Era excepcional. Creo que tuvo una de las vidas más increíbles del siglo XX.

XL. ¿Cómo era en casa?

P. H. Siempre estaba ocupado, trabajando en su oficina, planeando viajes y expediciones. No era un hombre que, sentado, dijera. “He escalado el Everest y ya está”. Siempre pensaba en el futuro: nuevas expediciones, colegios y hospitales en el Himalaya; ideas frescas, negocios, proyectos

XL. Ha dicho que “crecer en la familia Hillary era toda una aventura, una aventura obligatoria…“.

P. H. [Se ríe]. Lo dije en broma, pero de algún modo es cierto. Mis hermanos y yo recorrimos el mundo con mis padres, sin elegir el lugar de vacaciones, porque íbamos donde mi padre tenía alguna expedición o trabajo. Si las actividades eran familiares, mi padre olvidaba la escalada de montañas difíciles o cosas que no nos divirtieran. Pero no eran en cualquier caso las típicas actividades para una familia de la época

“Yo he estado aterrado muchas veces. Pero, aun así, hay que pensar en cómo salir de la dificultad y, sobre todo, creer que puedes hacerlo”

XL. Ustedes fueron los primeros padre e hijo en hacer cumbre. ¿Hay que estar un poco loco para subir el Everest?

P. H. Depende de cómo se mire. La locura existe o no según los ojos del observador. Subir al Everest es algo parecido a un amigo tuyo que se enamora de alguien y a ti te parece una locura. Le dices que ella es esto y aquello, pero a él no le parece lo mismo, no lo ve así, solo ve su amor por esa persona. Quien sube estas montañas las ama, así como a sus gentes. Muchas personas no pueden entenderlo, porque no sienten ese amor. Pero es maravilloso que todos hagamos cosas diferentes.

XL. ¿Qué opina al ver que el ascenso al Everest se ha convertido, a veces, en una atracción turística?

P. H. Para todos los que lo hemos escalado, casi solos, es un poco triste. Pero no pasa únicamente en el Everest. Puedes ver cuántas personas tratan de escalar vuestros Pirineos o los Alpes. Imagínate que vas a los Alpes y dices a esa gente que no puede ir, que ya no puede escalar, ni esquiar o coger el teleférico. Nadie puede impedírselo. Lo importante es que las expediciones sean de alta calidad, que la gente esté preparada. Subir al Everest no es cualquier cosa. Tienes que estar física y psicológicamente muy fuerte. Tu mente ha de estar perfectamente sintonizada y con la actitud adecuada.

“No voy a volver a intentar subir al Everest. Ahora quiero disfrutar de la montaña, no sufrir en ella”

XL. Después de dos cumbres en el Everest, ¿volvería a escalarlo?

P. H. Nunca lo volveré a intentar. Cinco expediciones son suficientes. La escalada extrema, hasta esos 8848 metros, es un trabajo muy duro. Prefiero volver a Europa y escalar en los Alpes. Ahora quiero disfrutar de la montaña, no sufrir en ella.

XL. Más de 200 personas han muerto en el Everest. ¿Alguna vez pensó que no saldría vivo de allí?

P. H. Muchas veces. Es un lugar muy peligroso, incluso para un montañero consumado. La experiencia da igual. Todo se acaba si estás en el lugar inadecuado en el momento equivocado.

XL. ¿Es el miedo moneda corriente para el escalador del Everest?

P. H. Sí, yo he estado aterrado. Piensas: “Quiero salir de aquí y no puedo”. Tienes mucho miedo eso no te ayuda. En realidad nadie puede ayudarte, solo tú mismo. Pensar “no puedo hacer nada, la tormenta es terrible, las laderas son muy escarpadas o inestables” no sirve para sobrevivir. Sí tomar decisiones sencillas como optar por descender por la cuerda, cavar un agujero o esperar. Hay que pensar siempre en cómo salir de la dificultad y, sobre todo, creer que puedes hacerlo.

XL. ¿Qué importancia tuvo para la humanidad la gesta de su padre?

P. H. Él siempre decía que lo más importante que había hecho en la vida vino después de coronar el Everest. su amistad con el pueblo nepalí, poder regresar y ayudarlos a construir colegios, hospitales, sistemas de agua y cosas así. Se dedicó a ese trabajo durante el resto de su vida.

XL. Y usted ha continuado su labor.

P. H. Sí, trabajo en varias áreas. Tenemos fundaciones que consiguen dinero para que los niños tengan acceso a una educación adecuada y hospitales para los enfermos. Doy charlas por todo el mundo y recaudo dinero para asociaciones caritativas. También tengo negocios relacionados con los viajes de aventura y una línea de ropa de montaña. Como ves, intento mantenerme ocupado al tiempo que continúo la labor iniciada por mi padre.


 

PARA SABER MÁS

Web del aventurero, conferenciante y empresario, Peter Hillary

In the Ghost Country: a Life Time Spent on the Edge. Peter Hillary y John Elder. The Free Press, 2003.