Un siglo después de la muerte de Darío Regoyos, el principal impresionista español, el Museo de Bellas Artes de Bilbao lo recupera con una muestra que luego viajará a Madrid y Málaga.

EL AUTOR. Darío de Regoyos y Valdés (Ribadesella 1857-Barcelona 1913)

Contra el dominio del academicismo

Asturiano de nacimiento, creció en Madrid e inició su formación en 1877 como alumno de Carlos de Haes en la asignatura Paisaje. Se trasladó más tarde a Bélgica, donde conoció a su verdadero maestro. Joseph Quinaux. En 1881 pasó a formar parte del círculo LEssor, uniéndose al grupo de artistas que en 1883 fundaría el singular y hoy muy valorado círculo de Les XX. Fue gran amigo de Camille Pissarro y contemporáneo de Whistler, Seurat, Signac, Ensor, Van Rysselberghe y el poeta Émile Verhaeren, con quien viajó por toda Europa y colaboró en la publicación de La España negra. Falleció a los 57 años.

PARA SABER MÁS Darío de Regoyos (1857-1913). la aventura impresionista. Museo de Bellas Artes de Bilbao, hasta el 26 de enero de 2014. El 18 de febrero llega al Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.

1. La composición. una horizontalidad rota

Pintado desde lo alto de una terraza, en una casa próxima, Regoyos divide el paisaje en dos partes. la mitad superior está organizada en torno a las líneas horizontales que marcan el horizonte y las riberas del río; y en la parte inferior compensa esa horizontalidad con la línea oblicua del sendero que, con su tono marrón, separa las dos principales áreas verdes y amarillas del campo. Los árboles también le sirven para romper la horizontalidad.

2. El color. adicto a la paleta impresionista

La presencia de los tonos malvas se hace más patente en las obras de Regoyos a partir de 1897, cuando su pintura se inclina hacia el impresionismo. Aquí, el malva domina los almendros y las nubes y contrasta con el fuerte amarillo de las flores y con los verdes, más claro en el prado y más oscuro en las copas de los cipreses que emergen tras los almendros. Un juego de colores y contrastes de luz y sombras casi inédito hasta entonces en España.

3. El motivo. una escena bien planificada

Darío Regoyos pintó el cuadro en 1905 durante una breve estancia en el litoral mediterráneo, en Castellón, donde permaneció durante solo tres semanas. Afincado entonces en San Sebastián, el pintor había planificado este viaje ya el año anterior, cuando manifestó su interés por pintar naranjos y almendros. Realizó el cuadro en los meses de enero o febrero, época de la floración de los almendros, cuando el paisaje adquiere una belleza especial.

4. La técnica. puntos de colorHacia 1887, Regoyos abrazó el puntillismo, técnica que desechó pronto por su difícil aplicación al aire libre. Su empleo parcial le sirvió, no obstante, para lograr texturas y matices de luz en otras obras. Las pinceladas en Los almendros en flor son una evolución hacia el divisionismo, técnica que separa los colores en puntos individuales y los hace interactuar ópticamente.

5. El tamaño. un formato transportable Durante su estancia en Bélgica, Regoyos colaboró en la creación de Les XX, círculo rompedor e intransigente con las formas de arte académico y burgués. Realizar pinturas de gran formato para los salones del círculo lo obligó a trabajar encerrado en su estudio, cuando lo que a él le gustaba era pintar ante la naturaleza, en formatos pequeños, muy transportables, como el de esta pieza, de 46 por 61 cm.

6. La figura humana. una presencia habitualSiendo un incondicional del paisaje, la presencia de la figura humana o animal en los paisajes de Regoyos es habitual. Aquí sitúa a una mujer que cruza el prado por un camino hacia la costa. Pintada de modo simple, sin mayor detalle, sujeta una sombrilla roja, elemento recurrente en los cuadros de Monet y de su íntimo amigo, Camille Pissarro.