Eso mismo se preguntan los científicos del ambicioso proyecto Plankton, que durante cuatro años han recogido muestras en los mares de todo el mundo. Los resultados son sorprendentes: el plancton encierra virus gigantes y hasta podría contener una nueva fuente de energía para el planeta. Esto no ha hecho más que empezar. Por E. Font.

No son ni plantas ni animales, sino seres que tal vez producen incluso el resplandor en las aguas. Y no se sabe mucho sobre ellos.

En busca de respuestas, un grupo de científicos ha recorrido durante cuatro años los océanos a bordo del Tara -un barco laboratorio que ha tomado muestras de casi todas las aguas existentes- como nunca antes lo había hecho otro proyecto científico. ¿Su objetivo? Investigar las leyes por las que funciona una forma de vida marina que es mayor en tamaño a cualquier otra, pero menos visible que todas las demás. el plancton. Un grupo de decenas de millares de especies que se mueve por sí mismo y en el que se dan unos fenómenos tan misteriosos que ponen a prueba la imaginación.

El Tara zarpó en 2009 con una tripulación internacional multidisciplinar. Tiene cierto aspecto militar. En cierto modo es un arma; eso sí, al servicio de la ciencia: un instrumento de precisión controlado desde dos cuarteles generales en París y Heidelberg (Alemania). Y en su errancia por los océanos ha superado la pérdida de un ancla en una tormenta, abordajes piratas y olas gigantescas. Y solo con 36 metros de eslora. Sus hallazgos van a mantener ocupadas a generaciones enteras de científicos.

El plancton (del griego ‘vagabundos’) constituye una masa presente en las capas superiores de los océanos e incluye organismos vivientes transportados por las corrientes oceánicas y ‘huéspedes temporales’, como las larvas de los peces y algunos cefalópodos. En el plancton también se encuentran algunos de los seres de mayor tamaño del mundo (como la medusa de león ártica, cuyos tentáculos alcanzan los 37 metros de longitud), así como algunos de los más diminutos virus y bacterias. Cerca del 98 por ciento de la biomasa del mar está formada por seres flotantes de estos tipos que, en su gran mayoría, resultan invisibles para un humano.

En cualquier caso son algo más que simples partículas de masa en movimiento. Sin él no existirían las sardinas, los atunes ni las ballenas azules:. el plancton está en la base de la cadena alimentaria de los océanos. También nos aportan oxígeno -las diatomeas, las bacterias y los dinoflagelados fotosintetizan y producen oxígeno- y captan el dióxido de carbono de la atmósfera limitando la formación de gases de efecto invernadero. La compresión de grandes cantidades de estos microorganismos a lo largo de millones de años ha formado a su vez bolsas de petróleo en el subsuelo. Y los cuerpos de muchos de estos seres minúsculos se sedimentan en forma de piedra caliza. Las pirámides, por ejemplo, fueron construidas con un material de origen parcialmente planctónico.

El plancton son decenas de millares de especies donde se dan fenómenos misteriosos que ponen a prueba la imaginación.

Pese a todo, el Plancton es aún un misterio en muchos aspectos. Por ejemplo, ¿en qué condiciones se desarrolla? ¿Cuándo muere? ¿Cómo sobrelleva el calentamiento global y la acidificación de los océanos? ¿Cuál es su perfil genético? ¿Es cierto que casi la mitad de las especies de plancton se han extinguido sin dejar rastro desde los años cincuenta? ¿Qué implica esa extinción? A todo esto quizá respondan los tesoros rescatados por el Tara.

Si bien el agua de los océanos parece uniforme a primera vista, su calidad es muy distinta según su situación y profundidad, en gran parte debido al plancton, muy abundante allí donde las corrientes transportan minerales a regiones iluminadas por el sol. Las zonas situadas lejos de tales regiones son baldías en extremo, un fenómeno que la ciencia lleva tiempo estudiando.

La información sobre el nexo de los movimientos de agua forma parte del conocimiento náutico desde hace siglos, pero hasta el momento nadie ha sido capaz de determinar la composición física y química del mar como el Tara… Su medidor CTD (conductividad, temperatura y profundidad) mide casi dos metros de largo y se sumerge en el océano; también llamado Rosie, en él hay un laboratorio de alta tecnología destinado a examinar casi todo rincón de las aguas donde el plancton está presente. A medida que desciende, sus sensores determinan los niveles de nitratos, la salinidad, las condiciones de visibilidad, la temperatura y el contenido de oxígeno. Rosie, asimismo, toma en todo momento fotos  -hasta dos mil por inmersión- de los organismos con los que se cruza.

La existencia de virus gigantes, los girus, no es novedad, pero sí su volumen. Estos transmiten su ADN a los otros seres y acaban dominándolos.

Los datos recogidos por el CDT son enviados a la base de datos del Tara. Las muestras son congeladas a bordo en nitrógeno líquido, pues los seres microscópicos son en extremo frágiles. Así conservados, son más tarde desembarcados en los puertos de escala y enviados por avión a Fráncfort. Después se los somete a análisis genéticos en Europa y EE.UU.

“Las bacterias que vamos descubriendo son casi todas desconocidas”, indica Stéphane Pesant,- uno de los científicos del proyecto-, que espera que con el tiempo esas bacterias sirvan para desarrollar nuevas medicinas o nuevas fuentes de energía. Mucho más asombroso es el número de virus recogido: casi cien billones por litro, diez veces más abundantes que las bacterias. Los virus son los organismos que más se encuentran en el plancton. Los investigadores se han encontrado incluso con algunos virus de gran tamaño, los llamados ‘girus’ (virus gigantescos). Estos son conocidos desde hace unos cuantos años, pero hasta hoy nadie sabía que existían a este volumen en los océanos. Su composición genética es tan única que algunos científicos aconsejan establecer una nueva clasificación en exclusiva.

“Los hallazgos iniciales indican que los girus resultan determinantes para el plancton” explica Chris Bowler, -uno de los expertos-. Los girus transfieren su ADN a otros seres, cuyas funciones corporales pasan a controlar después. Durante este proceso les aportan la capacidad de fotosintetizar, lo que eventualmente influye en el suministro mundial de oxígeno. Los girus no solo extienden su genoma: también el de los infectados por ellos. Aceleran la evolución, liberándola de numerosas trabas. Y el agua parece ser el lubricante que engrasa la maquinaria de esta transferencia perpetua. Los virus vienen a agrl plancton en una unidad, de tal forma que pasa a operar como un organismo megamulticelular. Como una colonia de hormigas, pero formada por distintas especies. Un superorganismo. Las revelaciones del Tara no han hecho más que empezar.