Si hay un asesinato que tiene más sombras y teorías que el de Kennedy, ese es el del general Prim. En 1870, un año después de ser nombrado presidente, sufrió un atentado mortal. Militar heroico y gran conspirador, tenía muchos enemigos. Por Fátima Uribarri

El crimen no sorprendió a nadie, pero sí que nunca hubiese culpables condenados por ello. Sus restos han sido analizados de nuevo para intentar esclarecer el crimen, pero los resultados solo han reavivado la polémica. Por Fá

La mañana del 27 de diciembre de 1870 Juan Prim y Prats, presidente del Gobierno y ministro de la Guerra, recibe en su domicilio una impactante advertencia.

El periodista Bernardo García, director de La discusión, le previene de que ese día lo van a matar. Prim desatiende el aviso (no es el primero que recibe) y continúa con la agenda prevista. Son tiempos especialmente convulsos, es inminente la instauración de una nueva dinastía; tras la revolución de La Gloriosa, que provocó el exilio de Isabel II y llevó al poder a Prim, Amadeo de Saboya ha sido ‘elegido’ rey por el nuevo gobierno y llegará a Cartagena (Murcia) en tres días, el 30 de diciembre.

Prim acude a las Cortes y a la salida se dirige a su residencia, la sede del Ministerio de la Guerra, en el palacio de Buenavista. Sobre las siete de la tarde la visibilidad es mala. nieva en Madrid y el alumbrado público no es potente. Al poco de entrar en la calle del Turco (hoy, calle del Marqués de Cubas) el cochero de la berlina del presidente se sobresalta y tira con fuerza de las riendas cuando observa que unos carruajes cruzados en la calle le impiden el paso.

Todo sucede deprisa, unos hombres se abalanzan sobre el vehículo. Abren la portezuela y descerrajan hasta cinco disparos sobre Prim. Los trabucos, de boca ancha, a poca distancia hacen mucho daño. el presidente queda herido en el hombro y el brazo izquierdo; tiene atravesada la palma de la mano derecha y ha perdido el dedo anular. Pero parece que sus órganos vitales están intactos.

A Prim lo suben a sus aposentos. Lo atienden el doctor Losada, su médico personal, y otro colega, el doctor Lladó. El presidente no quiere que cunda la alarma. Se acuerda transmitir la idea de que se repondrá, porque parece que eso es lo que sucederá. Los días 28 y 29 los pasa relativamente bien. Pero el 30 lo invade una fiebre alta. Llaman al doctor Sánchez de Toca, pero ya es tarde. una infección letal acaba con su vida. Prim fallece el 30 de diciembre de 1870, entre las 20 y las 20.15 horas, el mismo día de la llegada de Amadeo I de Saboya, el rey que él quiso para España. Hasta aquí la versión oficial.

El cadáver de Prim fue embalsamado y se conserva en muy buen estado desde su muerte, el 30 de diciembre de 1870.

Y es que a 143 años de “cuando mataron a Prim” , una expresión que sigue en uso, todavía es un crimen sin esclarecer. Se habla de conspiración, secretos, mentiras, encubrimiento Un equipo examinó hace un año el cadáver embalsamado de Prim y dictaminó que lo habían estrangulado a lazo. Un dictamen  encargado por la Sociedad Bicentenario General Prim 2014, niega esas conclusiones y concluye, -como afirma la versión histórica-, que murió a consecuencia de la infección de las heridas del atentado. Discrepan en la causa de la muerte, pero coinciden en que el sumario del caso (nada menos que de 16.000 páginas) ha sido manipulado, y ambos equipos de investigación creen en la posible culpabilidad de Antonio María de Orleans, duque de Montpensier y principal sospechoso de instigar el crimen. Aunque no el único. A Prim le sobraban los enemigos.

Tuvo una vida de una intensidad poco común. No solo participó en guerras y conspiraciones en España: lucho en Marruecos, Puerto Rico, Crimea, México… Y murió con 56 años

Los 56 años que vivió Juan Prim y Prats fueron de una intensidad poco común. fue héroe de guerra, diputado, revolucionario, conspirador, golpista, gobernador de Puerto Rico, ministro y, como colofón, el primer presidente de Gobierno español en morir asesinado. Hijo de un notario de Reus (Tarragona), este hombre de un arrojo extraordinario en lo militar y una maquiavélica habilidad en lo político, murió justo cuando se encontraba en lo más alto del poder. Su ascensión la inició alistándose a los 19 años para combatir a los carlistas. Su pechera se fue llenando de galones a fuerza de acciones heroicas y en el ejército se ganó un respeto que le resultó muy útil en el tobogán de cargos, intrigas y exilios que fue su vida política.

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Conspiró contra Espartero, Narváez y O’Donnell. Protagonizó levantamientos (entre otros, la sublevación de Villarejo de Salvanés en 1866) y los aplastó sin misericordia (bombardeó y asedió Barcelona para aplacar la revuelta radical conocida como La Jamancia). Con los catalanes fue implacable cuando los sometió y, sin embargo, supo ganarse su admiración con acciones posteriores, como cuando liberó Tetuán al frente de un batallón de voluntarios catalanes. Muchas veces escuchó los vítores del pueblo y encabezó desfiles victoriosos, pero también se labró un buen ejército de enemigos, lo normal en un conspirador.

En la guerra de Marruecos se ganó el temor reverencial del enemigo. En Puerto Rico fue brutal al reprimir las ansias de libertad de los esclavos. De la guerra de Crimea, a donde acudió como observador, se trajo una condecoración y un sable de honor otorgados por el sultán de Turquía. Y también estuvo en México, con ingleses y franceses, cuando Benito Juárez decidió dejar de pagar la deuda externa del país. Prim desembarcó en Gibraltar disfrazado de criado para comenzar la revolución de 1868, La Gloriosa, que envió a Isabel II al exilio y llevó al gobierno a los progresistas que él lideraba, lo que lo convirtió al año siguiente en primer ministro; dilapidó la fortuna de su esposa mexicana; ennobleció su linaje (fue nombrado conde de Reus y marqués de Castillejos); derribó reyes, y los hizo Murió asesinado, un final propio del osado aventurero, ambicioso, hábil y valiente hombre que fue el legendario general Prim.

En 1970, los restos de Prim se trasladaron del Pabellón de Hombres Ilustres de Atocha, en Madrid, a un suntuoso mausoleo en el cementerio de Reus.

En la década de los setenta del siglo XX, el abogado Antonio Pedrol Rius (también nacido en Reus) emprendió una laboriosa investigación sobre el magnicidio. Pedrol Rius manejó miles de documentos, entre ellos el voluminoso suma comprobó que alguien lo había desordenado y manipulado a conciencia. Alguien que, naturalmente, no quería que se esclareciera el magnicidio. Ahora, a casi doscientos años del nacimiento del ex mandatario, una nueva autopsia de su cadáver vuelve a hacer resonar la antigua pregunta ¿pero quién mató a Prim?, sumando, para más inri, el interrogante. ¿y cómo ? 

 

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

A Prim lo mataron asesinos a sueldo, sicarios. El misterio es quién los contrató. Como en las novelas de Agatha Christie, hay muchos sospechosos. A los republicanos que lucharon en La Gloriosa, la revolución de 1868 que envió a Isabel II al exilio e hizo de Prim presidente, no les gustó nada que apoyara a un nuevo rey. A los industriales catalanes les disgustaban sus reformas arancelarias. Los hacendados cubanos estaban recelosos ante los rumores de venta de la isla a los EE.UU. Tampoco estaban del lado de Prim los carlistas; ni, por supuesto, el duque de Montpensier, que había financiado la revolución con la ambición de ser coronado como Antonio I de Orleans, rey de España, y veía que en el trono se iba a sentar un extranjero. Amadeo de Saboya. La búsqueda de un rey se había convertido en un culebrón.

Tras derrocar a Isabel II de Borbón, los progresistas de Prim proponían para el trono a Fernando de Coburgo, padre del rey portugués Luis I, mientras los unionistas querían a Montpensier. La candidatura portuguesa no avanzó, pero Prim vetó a Montpensier. Se ofreció entonces la corona a dos nobles italianos, el duque de Aosta y el de Génova, pero rechazaron la oferta; este último quizá porque entre las condiciones estaba casarse con una hija de Montpensier. Se siguió negociando, pero las diversas opciones se frustraban. Finalmente Amadeo, duque de Aosta, aceptó la corona. El 26 de noviembre de 1870, Amadeo de Saboya fue elegido rey en las Cortes. El 27 de diciembre salió hacia España. Ese mismo día, Prim era víctima de un atentado.

LOS SOSPECHOSOS

EL DUQUE DE MONTPENSIER. El principal acusado

Fue autor intelectual del crimen. Su frustración es comprensible. Sin su dinero no habría habido revolución. Le prometieron el trono y no cumplieron , opina el historiador Emilio de Diego. Su hombre de confianza, Solís Campuzano, fue detenido. Pero cuando su hija María de las Mercedes se casó con Alfonso XII desaparecieron del sumario decenas de folios que lo imputaban. ¿Por qué se libró de la cárcel? Cuestión de linaje. era hijo de Luis Felipe de Orleans y de María Amalia de Borbón-Dos Sicilias, y estaba casado con la hermana de Isabel II.

DON JOSÉ PAÚL Y ANGULO. El enemigo declarado

El diputado radical José Paúl y Angulo, señorito jerezano y director de El combate, había sido aliado de Prim en antiguas intrigas, pero el asunto de la monarquía los había enfrentado de manera tajante. Dicen que Paúl y Angulo le dijo a Prim cuando salió del Congreso la tarde del atentado. A cada uno le llega su san Martín . Paúl y Angulo fue sospechoso desde el primer minuto (incluso hubo quienes aseguraron que se reconoció su voz ordenando fuego contra Prim). Su fuga inmediata al extranjero solo consiguió que aumentasen los recelos contra él.

EL GENERAL SERRANO. El beneficiado

Tampoco se libró de sospechas Francisco Serrano, que había sido aliado de Prim pero que en ese momento era su enemigo. Las sospechas sobre la intervención de Serrano, que podría haber ideado el atentado con Montpensier, se incrementaron cuando presidió el primer gobierno de la monarquía de Amadeo I al mes siguiente y no mostró ningún interés por investigar el crimen. La viuda de Prim creía en su culpabilidad. Prim en sus dos días de convalecencia antes de morir le dijo. No lo sé; pero no me matan los republicanos .

JOSÉ MARÍA PASTOR ¿El escolta traidor?

El jefe de la escolta de Serrano, José María Pastor, fue otro de los detenidos. tres facinerosos capturados por la Policía, Francisco Ciprés, Pedro Burrundarri y Manuel Iturralde, declararon haberse reunido con él en el Café de Correos y haber recibido diez duros cada uno por participar en el atentado. Pero la lista de sospechosos y detenidos es enorme. Capturaron a los hombres de confianza de Serrano y Montpensier; cayeron presos más de una veintena de hombres, siete de ellos fallecieron en prisión y otra docena murió después de manera misteriosa.

DOS VERSIONES PARA UN MISMO CRIMEN

Estrangulamiento

El periodista Francisco Pérez Abellán creó la Comisión Prim de Investigación cuando dirigía el departamento de Criminología de la Universidad Camilo José Cela. Su intención era, explica Abellán, aplicar las técnicas de investigación más avanzadas para aclarar el magnicidio de Prim, que es el gran misterio de la Historia criminal española . Un equipo se desplazó a Reus, donde se custodia el cuerpo del general embalsamado y, tras realizar una autopsia, concluyó que Prim había sido estrangulado poco después del atentado, al detectarse unos surcos en el cuello . Abellán asegura haber resuelto el crimen. Pero parte del equipo científico que lo secundó se negó a firmar las conclusiones del análisis. de hecho, solo lo apoya la médico forense Mar Robledo. Abellán está abiertamente enfrentado con la Sociedad Bicentenario, cuyo estudio reciente descarta el estrangulamiento como causa de la muerte.

Infección por heridas de bala

La Sociedad Bicentenario General Prim 2014 encargó a un equipo de expertos de la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad de Alcalá de Henares una autopsia del cadáver de Prim porque la anterior es falsa, es un invento periodístico. Estuvo manipulada, por eso se negaron a firmarla tres de los cuatro científicos que condujeron el estudio , afirma María José Rubio, secretaria general de la Sociedad Bicentenario, que cuenta con el respaldo del Ayuntamiento de Reus. Su estudio lo avala el departamento de Medicina Legal y Toxicología de la Universidad Complutense de Madrid y concluye que no existe ningún elemento apreciado durante la exploración del cuerpo para sostener que hubo violencia externa alrededor de su muerte . Este estudio insiste en que la muerte se debió a una infección imprevista a causa de las heridas de bala que Prim sufrió en el atentado.