Las aplicaciones digitales están revolucionando el mundo de las dietas. Adelgazar ya no es solo una cuestión de fuerza de voluntad, sino de tecnología, tal y como intenta vendernos la industria. Y, según parece, nos está convenciendo. Cada mes aparecen mil aplicaciones nuevas relacionadas con la alimentación. Pero, ¿funcionan? por e. font / fotografía. carlos luján

Adelgazar en la era digital funciona así. por la noche, me subo a mi báscula Wi-Fi, que le comunica a mi ‘smartphone’ mi peso y mi porcentaje de grasa corporal. En la muñeca llevo una pulsera que cuenta mis pasos y esfuerzo muscular y que también está sincronizada con mi móvil.

A la hora de comer vuelvo a echar mano del smartphone. Escaneo el código de barras de todo lo que vaya a consumir. En cuestión de segundos, una aplicación dietética calcula el menú adecuado. Mi peso (el de ayer, el de hoy y también el pronóstico del de mañana) aparece en la pantalla en forma de vistosas curvas multicolores . Adelgazar nunca fue tan sencillo , explicaba la experta en temas nutricionales Silke Gronwald en la revista Stern, tras seguir un programa digital para perder peso. Al menos eso es lo que nos promete una industria que vive de los michelines y de la eterna lucha del ser humano con la autodisciplina . El último grito en este mercado lo constituyen los podómetros electrónicos, las básculas inteligentes y las apps para mejorar la salud. Estos asistentes nos animan con estruendosas fanfarrias cuando hemos conseguido estar más activos y nos avisan cuando corremos el riesgo de no alcanzar nuestro objetivo diario. Azuzan nuestra competitividad comparando los valores que hemos conseguido con los de nuestros rivales en la Red, nos motivan con recompensas y premios virtuales y, al final, colocan nuestros progresos en el lugar que les corresponde dentro de los rankings de puntuación.

Estamos hablando de un negocio enorme. En 2012, la industria del adelgazamiento registró un volumen de negocio de cien mil millones de euros solo en Europa. Vive de sacarles el dinero a los consumidores mediante unas promesas que se renuevan constantemente. Estas empresas han entendido que incluso el fracaso que representa el típico efecto yoyó puede convertirse en la razón que nos convenza de volver a intentarlo con el último método lanzado al mercado. Primero vinieron las dietas disociadas, que aseguraban que no hay que tomar juntos hidratos de carbono y proteínas, una tesis que fue refutada. Las siguió la dieta de Atkins, que permitía comer toda la carne y grasas que uno quisiera, pero nada de hidratos de carbono. En los años ochenta se produjo un giro radical. se descubrió que la grasa era perjudicial y fue demonizada. Y a principios del siglo XXI, los hidratos volvieron de repente a estar en la picota.

La digitalización está catapultando a la industria dietética hacia una nueva dimensión. Para este sector se trata de una verdadera revolución. Adelgazar se presenta como una cuestión de recursos tecnológicos y ya no solo como una cuestión de fuerza de voluntad. Solo el número de apps basadas en la salud ha aumentado hasta superar las cien mil, y cada mes se suman mil más. La nueva concepción del adelgazamiento está haciendo tambalearse a clásicos como el gigante Weight Watchers. La mayor empresa del mundo dedicada a las dietas, con sede en Nueva York y que se hizo conocida con su principio de adelgazar mediante la presión del grupo y la obtención de puntos, reconoció recientemente que sus resultados económicos son pésimos. Los antiguos Weight Watchers se están pasando a Internet y apuestan por unos programas de adelgazamiento que resultan más ágiles y más baratos.

La cuota de acceso a la versión on-line de Weight Watchers es de 50 euros por tres meses, mientras que una aplicación similar se puede conseguir de forma gratuita y un coaching en línea por ese mismo tiempo cuesta 30 euros. Y gracias a la interconexión con otros usuarios ahora están sometidos a la presión del grupo de una forma constante, o al menos esa es la impresión que reciben.Reunir la mayor cantidad posible de datos sobre el cuerpo y el estilo de vida nos hace ser más conscientes de nuestros hábitos, lo que no está mal, siempre y cuando lo hagamos con moderación. De no ser así, podríamos alterar de forma negativa la percepción de nuestro propio cuerpo. Las personas que vigilan obsesivamente el funcionamiento de su cuerpo, que anotan sus datos sin tregua y que pretenden optimizar su rendimiento como si fuesen máquinas corren el riesgo de hacer depender su bienestar personal de un puñado de números. Y no se trata de eso. Precisamente ese es el problema de los dispositivos digitales, que no tienen en cuenta la situación personal ni el estado emocional del usuario, tal y como alertan los expertos. Una app es insensible, no tiene piedad porque solo ve los números.

Otro elemento no desdeñable es el coste. La pulsera de fitness, la báscula Wi-Fi y las aplicaciones para el smartphone cuestan en torno a los 500 euros. Y otro problema es que las pulseras de control no son aún demasiado precisas. O, dicho de otra manera, resulta fácil engañarlas. El aparato no puede diferenciar si se suben las escaleras de dos en dos y a la carrera. Si se sienta tranquilamente en una silla pero se pone a bracear, lo interpreta como que se está haciendo footing. Y si se apoya la mano en el manillar de la bicicleta estática mientras se pedalea, deja de contar. Además, si bien es cierto que los asistentes digitales sirven para motivar y mantienen al cliente informado y controlado las 24 horas, demandan bastante tiempo. El simple proceso de introducción de datos lleva un buen rato. Y es un hecho incuestionable que, al final, bajar peso sigue requiriendo sudor, sacrificio y comer mucha verdura.

6 errores de peso

-Lo ‘light’ adelgaza. Con todo su sabor y sin calorías es lo que aseguran los fabricantes. Pero un estudio de la Johns Hopkins School ha demostrado que este tipo de bebidas no sirven para perder peso. En dicho estudio, los participantes que las ingirieron incluso llegaron a consumir más calorías que los que tomaban la bebida original con azúcs expertos sospechan que los edulcorantes alteran el mecanismo de control del apetito.

-Las pastillas adelgazan. La industria farmacéutica ‘sueña’ con la píldora quemagrasas. Pero hasta la fecha no ha encontrado ninguna sustancia que haga adelgazar sin problemas. Los supresores del apetito han presentado efectos secundarios importantes, y parte de ellos han sido retirados del mercado. Los ‘productos bloqueagrasas’ apenas tienen eficacia o producen efectos secundarios como trastornos digestivos y náuseas.

-El deporte adelgaza. El deporte estiliza la figura, acelera el metabolismo y es muy importante para el sistema cardiovascular y la salud. Sin embargo, sus efectos sobre el peso están sobredimensionados. Una carrera de unos 20 minutos hace quemar las mismas calorías que aporta una chocolatina. Y para compensar las calorías de un vaso de zumo de manzana hay que dar pedales durante al menos 15 minutos.

-Quitar toxinas adelgaza. En los años veinte, el médico Otto Buchinger extendió la idea de que de vez en cuando había que limpiar el cuerpo, especialmente el intestino, como las tuberías de una casa. Pero desde un punto de vista médico, no existe la desintoxicación, pues el organismo se descontamina solo constantemente. Que nos sintamos mejor después de unos días de ayuno se debe a un aumento en los niveles de endorfinas.

-Lo bajo en grasa adelgaza. Los supermercados están llenos de productos que aseguran tener poca grasa. El problema es que muchos, como los yogures, las suplen por azúcares. En otros alimentos, como salchichas o carne picada, se compensa la reducción de grasas con agua. Y como la grasa también aporta parte del sabor se la sustituye por potenciadores del sabor, sal y aromas artificiales. Las bombas de grasa se convierten en bombas químicas.

-Masticar adelgaza. Los chicles sin azúcar, que muchos emplean como disuasorios para no acercarse a la comida, incorporan a menudo la urea entre sus ingredientes. La urea, una sustancia de desecho del metabolismo, tiene un efecto refrescante y mejora las propiedades masticables. La producción sintética de esta sustancia es higiénicamente cuestionable. Se esconde bajo la denominación E927b y solo está permitida en los chicles.

Antes y después

La mayoría de las dietas se venden con imágenes ‘estimulantes’. Pero ¿son de verdad?

El mito del antes y el después.¿Quién no se ha sorprendido al ver las fotografías del antes y el después de personas con un importante sobrepeso que aparecen ante las cámaras esbeltas, atractivas y felices? A los fabricantes de productos dietéticos les encanta usar este tipo de imágenes. Pero ¿de dónde salen esas fotos? El canal norteamericano de televisión NBC comprobó recientemente que algunas de esas sorprendentes historias eran verdaderas. En ciertos casos, las imágenes empleadas habían sido robadas de páginas web privadas, y muchos de los protagonistas involuntarios habían adelgazado de verdad, aunque haciendo deporte y llevando una alimentación sana.

En la mayoría de los casos, nunca habían probado los productos que estaban promocionando; muchos de ellos ni siquiera los conocían. El mito del vientre plano y el pecho abundante.Quizá sea cierto en su caso, pero no es lo habitual. La creencia general de que se puede actuar de forma específica sobre la acumulación de grasa en partes concretas del cuerpo mediante el ejercicio o una alimentación especial es una mera ilusión. Que la grasa acumulada desaparezca antes de unas zonas u otras es sobre todo una cuestión de predisposición natural. Por eso, muchas mujeres que logran bajar de peso siguen conservando esos poco favorecedores michelines en torno al abdomen mientras que ven cómo su pecho se reduce. Él mito de la faja masajeadora. La barriga no desaparece con masajes. La grasa no se va cepillando, frotando o sudando. Pero esta creencia parece imposible de erradicar. las fajas para eliminar la barriga son un éxito de ventas en las teletiendas desde hace años, igual que la ropa para adelgazar mediante infrarrojos. En los años cuarenta ya existía un personaje de Hollywood, Sylvia, que prometía que la grasa sale a través de los poros como cuando aplastas una patata . Hoy, la industria sigue dándole vueltas a la forma de vendernos todo tipo de masajes como si de verdad fueran remedios adelgazantes.

5 aplicaciones ‘appdelgazantes’ gratuitas

-Nutrino. Muchas aplicaciones personalizadas para adelgazar son de pago, pero otras son gratuitas y sirven para hacerse una idea de su funcionamiento. Entre ellas, es especialmente popular Nutrino, que marca un plan personalizado semanal según edad, peso y actividad física

-Noom Weight LOss. Este coach virtual se centra en alentar los cambios en los hábitos y estilos de vida. Ofrece alertas para que no se te olvide ir a correr, por ejemplo. El concepto de disponer de un asistente personal que te estimule es el que más se está extendiendo.

-Diet point. La mayoría de este tipo de aplicaciones están en inglés, aunque muchas, como Diet Point, tienen versión en castellano. Esta recoge más de cien dietas clasificadas en distintas categorías. vegetarianas, celiacas, detox y con lista para hacer la compra

-Fat secret. Un eficaz contador de calorías. Proporciona toda la información nutricional de los alimentos y hace también un seguimiento de las comidas y el peso. Como muchas de las aplicaciones de este tipo, dispone de un escáner de códigos de barra

-Weight what matters. Está más enfocada a la salud que a la estética. Ofrece dietas para combatir enfermedades cardiovasculares y diabetes e incluso dietas con propiedades anticancerígenas. Está avalada por la Asociación Médica Americana.