Once millones de toneladas diarias. Esa es la cantidad de residuos sólidos que generaremos en todo el planeta en 2100. Si no logramos que esa cifra descienda, acabaremos sepultados por la porquería. Por Carlos Manuel Sánchez

Los desechos se han convertido en un problema tal que ya hay una disciplina académica para analizar cómo enfrentarse a ellos. Pero cualquier solución empieza por uno mismo.

Algunos vertederos de China, Corea, Brasil y México se han convertido en las estructuras más grandes creadas por el ser humano. Cada uno de ellos recibe en un día normal diez mil toneladas de desperdicios. A este paso, ¿nuestros nietos heredarán la Tierra o lo harán las cucarachas?

El gobierno de Nepal quiere obligar a cada escalador que suba al Everest convertido en un estercolero por aquellos que pueden pagar los 47.000 euros que cuesta ascenderlo a recoger 8 kilos de basura. El Danubio está perdiendo el legendario azul del vals de Johann Strauss por culpa de las basuras que arrastra. cada día envía 4 toneladas de residuos industriales al mar Negro, y los científicos han constatado que sus aguas ya presentan una mayor concentración de partículas de plástico que de larvas de peces.

El estudio del Banco Mundial What a waste (‘Qué desperdicio’) alerta de que los residuos sólidos se duplicarán en el año 2025, pasando de 3,5 millones de toneladas por día en 2010 a más de 6 millones. Si se pusieran en fila los camiones que harán falta diariamente para transportar toda esa basura a los vertederos, la cola alcanzaría los 5000 kilómetros que separan Madrid de Damasco, en Siria.

La basura es un fenómeno urbano. Los habitantes de las ciudades producen cuatro veces más desperdicios que los del campo

El mundo se encamina hacia un futuro de megaciudades. En 1900, la población urbana era de 220 millones de habitantes (el 13 por ciento del total). Generaban 300.000 toneladas diarias de residuos, que entonces eran sobre todo restos de comida, cenizas de carbón y muebles viejos. En el año 2000, la mitad de la población mundial residía en ciudades. 2900 millones de personas. Y la producción de residuos se había multiplicado por diez. En la actualidad, un estadounidense tira a la basura el equivalente a su peso corporal cada mes.

El agua potable y los suelos fértiles escasean. Los mares sufren sobrepesca. El nivel del mar sube. Las reservas de materias primas se reducen. La atmósfera se calienta. ¿Generamos residuos a un ritmo mayor del que la Tierra puede absorber? Es una pregunta que trae de cabeza a los científicos. El asunto es tan serio que incluso se ha creado una disciplina académica denominada garbology, que podría traducirse como ‘basurología’ o ‘residuística’. Los ‘basurólogos’ aplican un concepto llamado ‘pico de residuos’, que puede definirse como el punto máximo que alcanzará la producción mundial de basuras. Una vez alcanzado ese techo, la cantidad de residuos se estabilizaría y (toquemos madera) comenzaría a bajar paulatinamente. Resultará crucial emprender el descenso hacia niveles más soportables. Pero las noticias no son alentadoras.

Según un reciente artículo publicado por la revista Nature, realizado por los profesores Daniel Hoornweg y Chris Kennedy, de las universidades de Ontario y Toronto, y la consultora del Banco Mundial Perinaz Bhada-Tata, estamos muy lejos de haber alcanzado el pico de residuos. Y si persisten las actuales tendencias socioeconómicas, el pico no se alcanzará durante este siglo.

En 2100, la generación de residuos sólidos en todo el mundo triplicará las cifras actuales, superando los 11 millones de toneladas diarias. No obstante, los países de la OCDE tocarán techo antes, hacia 2050, por el descenso de la población y por un cambio de mentalidad enfocado hacia un consumo más racional y una mayor concienciación a la hora de reciclar, además de por los avances en el tratamiento de las basuras. Los países del área Asia-Pacífico lo alcanzarán en 2075. Y mucho más tarde los del África subsahariana, cuyos basureros son el destino de buena parte de los desperdicios de los países occidentales, sobre todo los tóxicos y peligrosos.

Pero donde la humanidad se juega su futuro medioambiental es en los mayores ‘vertederos’ que existen. los mares y océanos. Ahí acaban cada año diez millones de toneladas de plásticos, botellas, bidones, envases de poliestireno, espumas de poliuretano… Y  estos no se degradan como los materiales naturales, sino que se van descomponiendo muy lentamente en partículas cada vez más pequeñas. Según la organización medioambiental Greenpeace, una botella de plástico de un litro puede romperse en suficientes fragmentos como para repartir uno por cada kilómetro de playa del mundo.

En los océanos acaban 10 millones de toneladas de plásticos cada año. No todos se ven. El 70 por ciento se hunde

Ya hay zonas donde existen 6 kilos de plásticos por cada kilo de plancton. Se estima que más de un millón de aves marinas y unos cien mil mamíferos marinos y tortugas mueren cada año por ingestión de plásticos o por estrangulamiento. Y, además, existen otros dos problemas. los plásticos pueden actuar como una especie de esponjas químicas que concentra los contaminantes más tóxicos y persistentes y no todos flotan; el 70 por ciento acaban en el fondo del océano. En el mar del Norte, científicos holandeses han detectado alrededor de 110 piezas de basura por cada kilómetro cuadrado de fondo marino; en total, unas 600.000 toneladas.

Las cifras que más manchan

Residuos sólidos. España produce unos 600 kilos de residuos sólidos por habitante y año, en torno a 50 kilos más que la media de la Unión Europea. De los 24 millones de toneladas de desperdicios generados en los hogares españoles en 2010, el 20 por ciento había sido separado selectivamente para su reciclaje.

Papel. Cada español utiliza 137 kilos de papel al año de media, de los que 99 kilos se recuperan para su reciclaje. Se reciclan unos cinco millones de toneladas de papel anuales, una cantidad que equivale a unos 45 estadios de fútbol llenos de papel usado. Se estima que un papel de calidad, como el que se usa en los libros, se puede reciclar hasta siete veces.

Incineración. En 2008 se incineraron en España dos millones de toneladas de residuos sólidos urbanos en diez instalaciones. Es el tercer tratamiento más utilizado, después del vertedero y del compostaje. Las incineradoras generan enormes cantidades de escorias y cenizas volantes (al menos el 22 por ciento en peso de los residuos quemados).

Equipos electrónicos. En 2012 se produjeron 49 millones de toneladas de basura electrónica en el mundo, equivalente a 7 kilos por cada habitante del planeta. Y en 2017 la cifra habrá aumentado un 33 por ciento. China y los Estados Unidos son los países que más equipos electrónicos desechan. Los estadounidenses generan 30 kilos de basura electrónica por persona y año; España, 18 kilos.

Pañales. Cada bebé usará unos 4500 pañales desechables en su infancia. Pero la presunta biodegradabilidad de los pañales desechables es un mito. Se estima que tardan en degradarse entre dos y cinco siglos. Se necesita un vaso de petróleo para el plástico y cinco árboles para obtener la pulpa con la que rellenarlos. En España se usan unos 1600 millones de pañales al año.

6 propuestas para ensuciar menos

-Más tecnología en el cubo de la basura. Los cubos de basura del futuro dispondrán de sensores para medir su nivel de llenado y estarán monitorizados por las empresas de recogida de residuos en tiempo real, lo que redundará en una mejora a la hora de organizar las rutas de recogida.

-Menos plástico. Unos 150 millones de toneladas de plástico se tiran tras un solo uso. Utilizar carro de la compra, cesta o bolsas reutilizables es una cuestión moral más que económica. Desde que los hipermercados cobran por las bolsas, su producción ha caído un 80 por ciento. El objetivo es erradicarlas en 2018.

-No desperdiciar comida. Un tercio de los alimentos que se producen en el mundo se desperdician. Un estudio de la UNED estima que el 60 por ciento de lo que se tira a la basura es comida, muchas veces en buen estado. Cada europeo desecha cada año unos 180 kilos de alimentos perfectamente comestibles.

-Priorizar los envases familiares. Los productos en tamaño familiar generan menos residuos de envolturas. Comprar a granel y evitar las contaminantes bandejas de corcho blanco son buenos consejos, así como no consumir alimentos que vienen en bolsitas individuales dentro de un envase más grande.

-Arreglar los aparatos. Móviles, baterías y electro- domésticos están fabricados para que dejen de funcionar correctamente pasado un tiempo. Es la conocida ‘obsolescencia programada’. Lo sensato es elegir aquellos que garantizan una mayor longevidad y arreglar los que se rompen, aunque a veces no salga rentable.

-Recuperar los envases retornables. Muchos lectores recordarán que de niños iban a la tienda a devolver las botellas de vidrio a cambio de unos céntimos. Esa práctica se abandonó en España en los años ochenta, pero está volviendo con éxito en Alemania, Australia, los países escandinavos y algunas ciudades de los Estados Unidos, como Nueva York.