Ni ninfómana, ni envenenadora, ni incestuosa. Lucrecia Borgia fue nada más que una noble instruida y muy atractiva que fue utilizada por su padre y su hermano. Los historiadores niegan la fama de perversidad que acompaña su nombre. Por Fátima Uribarri/ Fotos: Cordon Press

Unas sombras acechan en la oscuridad de la noche del 15 de julio de 1500 en el pórtico de la basílica de San Pedro, en Roma. Alfonso de Aragón apresura el paso. Cuando lo atacan, se revuelve con furia. El forcejeo lo deja maltrecho, en el suelo y sangrante. Los facinerosos se escabullen cuando escuchan los pasos de la guardia vaticana.

Alfonso sobrevive al ataque. Unos días después recibe la visita del hermano de su mujer, César Borgia -lo acompaña un tipo siniestro-, Miguel de Corella, conocido como Michelotto. Pide un rato de intimidad con el herido y se lo conceden. Es solo un momento, las manos de Michelotto son robustas y Alfonso está débil: lo estrangula con veloz profesionalidad. De este modo, el temible César Borgia se liberó del marido de su adorada hermana Lucrecia: habían cambiado las alianzas políticas, molestaba.

“Los Borgia han sido víctimas de una propaganda injuriosa. No les perdonaron no ser romanos”, dice el historiador Mira

Roma era entonces la capital de las puñaladas: políticas y reales. Eran tiempos de sobornos y orgías en los que también participaban cardenales y papas. Los Borgia, una familia de origen valenciano (Borja era su apellido español), destacan en esa atmósfera de ambición y corrupción por su faceta de clan y la potencia de su mala fama. “Fueron víctimas de una propaganda injuriosa alentada por las grandes familias romanas. Los Borgia no eran romanos, eso no se lo perdonaron”, explica Joan Francesc Mira, autor de Los Borgia: familia y mito.

Los Borgia ostentaron poder durante más de 50 años. Dos de ellos llegaron a papas. Alfonso se convirtió en Calixto III, y su sobrino Rodrigo fue Alejandro VI. Además, más de una docena fueron cardenales. De entre todos sobresalen Rodrigo, César y Lucrecia, un trío que ha inspirado óperas, novelas, películas, series de televisión o exposiciones. Mario Puzo, autor de El Padrino, les dedicó su última novela. Los Borgia. La primera gran familia del crimen, una biografía novelada que podía haber sido una precuela de la saga de Don Vito y los suyos.

Cardenal y padre

Con singular astucia, Rodrigo Borgia se colocó como vicecanciller, el segundo puesto más alto en el Vaticano. Fue tan hábil que se mantuvo en el cargo con los cuatro papas que sucedieron a Calixto III. Entonces, Rodrigo era el cardenal más poderoso y un atento padre de familia. Visitaba con regularidad a su amante Vannozza Cattanei y a los cuatro hijos que tuvo con ella. Mientras fue cardenal, los niños creyeron que Rodrigo era su tío, que a menudo se quedaba a dormir en su casa. Cuando supo que iba a ser Papa, Rodrigo desveló a los perplejos Juan (de 18 años), César (de 16), Lucrecia (de 12) y Jofré (de 10) que él era su verdadero padre y que los dos hombres que se habían casado con su madre (el primero murió) eran dos peleles contratados por él para salvar las apariencias.

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Lucrecia Borgia con el Papa Alejandro VI

El shock fue tremendo. De pronto, los cuatro muchachos se convirtieron en los hijos del Papa, porque Alejandro VI fue el primer Pontífice que reconoció públicamente a sus descendientes. No solo eso, además se ocupó de asegurarles un porvenir provechoso. Dicen que con los Borgia nació el término ‘nepotismo’ (nipote es ‘sobrino’ en italiano), por cómo toda la familia se fue infiltrando en los escalones del poder.

A Lucrecia le reservaron el papel de recompensa para las alianzas. Su padre y su hermano César decidieron sus matrimonios y sus viudedades. La casaron primero con Giovanni Sforza, cuando tenía solo 13 años. Más tarde debió jurar (mintiendo) que no había consumado el matrimonio para salvar la vida de su marido. Cuando la alianza con los Sforza ya no convenía, quisieron César y el Papa Alejandro deshacerse del marido de Lucrecia y le propusieron un trato: o juraba ser impotente o… Lo juró.

Ataque de desesperación

El segundo marido, Alfonso de Aragón, tuvo menos suerte. Lo estrangularon. Y no pasó nada. La atmósfera se vio envuelta en el olvido, dice Dario Fo en su novela Lucrecia Borgia: La hija del Papa. A Lucrecia sí le afectó. Le dio un nuevo ataque de desesperación. Nuevo porque ya huyó, despavorida, y se refugió meses en un remoto convento cuando apareció el cadáver de su hermano Juan (el abuelo de san Francisco de Borja) flotando en el río Tíber. También en esta ocasión se apuntó a César Borgia como causante de la muerte, aunque hay historiadores que sostienen que lo mataron los Orsini.

César Borgia invitó a sus enemigos a un banquete. Salió un momento y sus esbirros masacraron a todos, a lo Corleone

Tras el asesinato de su segundo marido, Lucrecia huye a Nepi. Pero pronto regresa a Roma con su padre, que con ella fue siempre muy tierno. Tanto que se dispararon los rumores de incesto. Sobre todo por el reconocimiento del Papa de un hijo, el infante Giovanni Borgia, que parece que era hijo de Lucrecia y de su criado Perotto Calderón (también eliminado por César).

En Ferrara, Lucrecia coincidió con Rafael, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel y Copérnico; y fundó el primer monte de piedad

Alejandro VI confiaba en su hija -cuando salía del Vaticano le dejaba a ella las riendas, algo sorprendente- y a la vez la controlaba. Pronto le buscan un nuevo marido, Alfonso de Este, heredero del ducado de Ferrara. A Lucrecia le gusta, pero paga un alto precio: debe abandonar a Rodrigo, el hijo que tuvo con Alfonso de Aragón. En Ferrara, Lucrecia goza de una temporada de felicidad. Se lleva muy bien con su suegro, Hércules de Este. Además, Ferrara es territorio de arte y cultura. Allí coincidieron Rafael, Leonardo da Vinci (que trabajó como ingeniero militar para César Borgia), Ludovico Ariosto, Nicolás Copérnico, Miguel Ángel Buonarroti

Lucrecia organiza veladas poéticas… Pero su vida se enturbia: se dice que mantiene un romance con Pietro Bembo (quizá sea cierto); a su marido llegan las habladurías sobre el hijo con Perotto; y su hermano César continúa practicando matanzas. El 31 de diciembre de 1502, por ejemplo, convocó en un banquete a la camarilla de hombres (algunos de ellos, capitanes de su ejército) que sabía que conspiraban contra él. Los manjares eran exquisitos. César, el más atento de los anfitriones, se disculpó un momento -tenía que atender a una dama, dijo-. En cuanto salió, sus hombres masacraron con eficacia a todos los comensales. Eliminó en un momento a una buena partida de enemigos. Con esta infame hazaña, César se granjeó más elogios que indignación , cuenta Dario Fo. Despertó admiración por su enorme astucia y la determinación de un verdadero condotiero. Incluso se fijó en él Maquiavelo cuando escribió El príncipe, su célebre tratado de política.

Se acabó la suerte

César heredó la habilidad de su padre: logró conservar su puesto de capitán general de la Iglesia cuando murió Alejandro VI. Pero el siguiente Papa, Pío III, muere tras 26 días de pontificado. Con su sucesor se acabó la suerte: Julio II es Giuliano della Rovere, uno de los grandes enemigos de los Borgia y también un experto hacedor de hijos y contubernios.

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Lucrecia Borgia con su hermano César

A César lo manda encarcelar. El condotiero se fuga saltando desde una torre. Huye a Nápoles, donde lo prenden los aragoneses. En España muere, en el asedio de Viana, luchando con el ejército de Navarra.

Aunque sus maldades la habían martirizado, Lucrecia sufrió con la muerte de César. Se quisieron. Demasiado, según las malas lenguas. No cree Dario Fo que hubiera sexo entre los hermanos. “De semejante indignidad no hay evidencias creíbles” , afirma. César la apreció y respetó.

Lucrecia debía de tener mucho encanto. La quisieron sus padres, sus hermanos, sus maridos y también el pueblo. Se convirtió en duquesa de Ferrara en 1505. Lo hizo bien: presidió la Comisión de las Súplicas, fundó el primer monte de piedad de Ferrara para ayudar a los más necesitados Una perla de este mundo , así la definió Pierre Terrail de Bayard, caballero del rey de Francia. Y, sin embargo, se la recuerda como una mujer disoluta e incestuosa Era una Borgia.


PARA SABER MÁS

Lucrecia Borgia. La hija del Papa. Dario Fo (Siruela).