Probablemente es uno de los emperadores romanos peor tratados por la Historia. La imagen de un Nerón enloquecido que canta un poema sobre la caída de Troya mientras observa Roma en llamas ha quedado en la memoria colectiva como el paradigma de la maldad humana. Por José Segovia

Pero la memoria cultural no siempre responde a la verdad histórica. En los últimos años, la brutalidad y la crueldad que acompañaron a Nerón han sido revisadas por los historiadores. La tragedia se produjo el 19 de julio del año 64: un incendio en el Circo Máximo se expandió velozmente y llevó seis días sofocarlo. Pronto corrieron rumores de que el fuego había sido provocado por el propio emperador, que quería destruir la antigua Roma para cumplir su sueño de crear una nueva capital, que llamaría Nerópolis. La mentira fue difundida por la aristocracia senatorial hostil a Nerón. Las tensiones entre ambos habían comenzado cuando este acusó de traición al pretor Antistio, que al parecer había hablado mal de él en una fiesta. Después, Nerón ordenó matar a una serie de rivales para consolidar su poder. Todo se agravó y, en adelante, una parte del Senado empezó a conspirar contra él.Otro rumor aseguraba que Nerón había sido visto en la torre de su palacio tocando la lira mientras contemplaba, extasiado, el gran incendio. Pero todas las acusaciones eran falsas. Nerón no solo no fue el culpable del desastre, sino que actuó con diligencia para paliar los problemas que sufrió la población. Dispuso fondos económicos y materiales para que los más damnificados rehicieran sus hogares y decretó regulaciones para la construcción de nuevos edificios, buscando hacerlos más seguros ante futuros siniestros. También abrió los jardines de su lujoso palacio para que las víctimas se refugiasen en él y ordenó una serie de ceremonias rituales para honrar a los dioses, lo que tranquilizó al pueblo romano. Pero, si no fue Nerón el que incendió la ciudad, ¿quién fue? Si algunos historiadores hablan de un accidente catastrófico, otros, como Gerhard Baudy de la Universidad alemana de Constanz, sugieren que los autores de la quema fueron cristianos exaltados, razón por la que estos fueron perseguidos y masacrados por las autoridades. Según apunta este filólogo alemán, Roma tenía un motivo preciso para sospechar de los cristianos. Una profecía apocalíptica que se había puesto en circulación días antes predecía la caída de la metrópolis romana a través del Cristo que se revelaba en el fuego de Sirio . El incendio dio visos de credibilidad a la profecía y dejó una profunda huella en la tradición antigua.

Un personaje, a examen

La creencia de que Nerón era un pirómano no se ajusta a la realidad histórica. Se lo ha descrito como un gobernante cruel, corrupto, inhumano y demente, una imagen negativa que fue reforzada por el gran incendio de Roma, con el que nada tuvo que ver.

¿Qué pasó en realidad?

El historiador Tácito fue testigo del incendio y observó que las llamas avanzaban contra el viento, lo que en la Antigüedad era evidencia de un fuego provocado. Los expertos de hoy afirman que un incendio grande se puede expandir contra el viento para buscar más oxígeno, lo que apoyaría la hipótesis de que la causa pudo ser un simple accidente.