Eva nació en un carro de cadáveres y mujeres moribundas a las puertas del campo de exterminio de Mauthausen. A ella y a su madre, un ‘espantajo’ de 30 kilos, las iban a gasear. Por Fátima Uribarri

Cayó al barro tras bajar del vagón de ganado, doblada de dolor. Estaba de parto en el apeadero de Mauthausen. Pesaba 30 kilos. No tenía fuerzas para levantarse. Imposible ascender la colina hacia la puerta del campo de exterminio junto con los otros ‘espectros’ humanos que gemían y morían a su alrededor. A Anka Nathanová, una checa de 28 años llena de pústulas, hedionda, esquelética y exhausta, la tiraron a un carro. Cayó sobre piernas y brazos huesudos de otras mujeres moribundas o muertas. Y ella, de parto. Era un pellejo, estaba hundida en un miasma de piojos y tifus y se quedó obnubilada al ver el paisaje, uno de los más bonitos de Austria. Vio el Danubio y flores, cosas que hacía tanto que no veía que creía que ya no existían.

Fueron solo unos diez minutos, un parto rápido: lo que salió de entre sus piernas era pequeño, seco, arrugado, feo. Callado

Estaba tiznada del hollín del carbón que antes había transportado el vagón en el que casi muere. Tenía la piel agrietada. No tenía saliva. Olvidó el paisaje cuando arreciaron las contracciones. Los gemidos, los huesos de las otras mujeres debajo de ella olvidó todo con las embestidas de dolor. El carro se paró a un lado del inmenso portón: Anka se puso a gritar. Algunos soldados se acercaron. Se quedaron de piedra. ese esqueleto andrajoso, apestoso, estaba pariendo. Fueron solo unos diez minutos, un parto rápido. lo que salió de entre sus piernas era pequeño, seco, arrugado, feo. Callado.

Eva Nathanová: “Cuando leí a Ana Frank, entendí lo que es Mauthausen”.

La llevaron a la enfermería del campo. Un milagro. Le dieron un camastro ¡para ella sola! Otro milagro. Un prisionero médico cortó el cordón umbilical. Y le dio un azote a la criatura. Lloró. El milagro más increíble. Anka lo abrazó y lloró de felicidad. Estaba vivo. Le dijeron que era un niño. No supo que era niña hasta varios días después, cuando pudo observar el cuerpecito. Lo envolvió en papeles sucios. Preguntó la fecha. Su hija Eva nació el 29 de abril de 1945, el día que Hitler se suicidó en su búnker de Berlín.

Anka se volvió a casar y emigró a Inglaterra. Conoció a sus nieto y bisnietos. Murió a los 96 años. Pidió ser enterrada en Chequia

Alemania estaba derrotada, pero hasta el último segundo su máquina de matar no dejó de funcionar. El mes anterior, en Mauthausen -adonde acababa de llegar Anka -habían muerto 20.000 personas.

La lotería de Menguele

Priska Löwenbeinová, una maestra eslovaca de 28 años, y su marido, Tibor, se libraron de las deportaciones en Bratislava hasta finales de 1944. Cuando se los llevaron hacia Auschwitz, ella estaba embarazada. El temible doctor Menguele no se dio cuenta cuando la inspeccionó al llegar. La consideró apta para el trabajo. La enviaron como esclava a una fábrica de Freiberg (Alemania). Con jornadas de 14 horas y apenas 150 calorías al día, su embarazo siguió adelante, oculto bajo el blusón que le tocó como vestimenta. En Freiberg dio a luz Priska. Sobre una mesa. Ante guardianas de las SS.

Hana con su hijo, su nuera y sus nietos en los Estados Unidos. Vivió años en Eslovaquia con su madre. Priska murió allí en 2006

Su hija Hana también era un pellejito, un imposible, que había nacido el 12 de abril de 1945. Al día siguiente evacuaron la fábrica: se acercaban los aliados. Las metieron en un tren que zigzagueó por Europa durante 16 días. Hasta parar en Mauthausen.

A Hana le salvó la vida el médico americano que sajó sus pústulas

A la diminuta Hana le quedaba poca vida, padecía desnutrición e infecciones, visibles en el mar de forúnculos que era su piel.

Vagón de las moribundas

En aquel tren había parido Rachel Friedman, una polaca de 26 años. Cubierta de hollín, bajo un violento bombardeo, en el vagón de las moribundas, Rachel dio a luz, rodeada de heces y cadáveres, a una cosa que no parecía humana. Lo cubrió con una camiseta rota que le dio una SS. Su hijo Mark nació el 20 de abril de 1945, el día del cumpleaños de Hitler, por eso a Rachel le dieron una ración suplementaria de agua sucia.

Rachel habló poco con Mark del Holocausto, pero llevó a sus nietos al museo Yad Vashem de Jerusalén

Rachel y Mark estuvieron en la cámara de gas. Se salvaron porque se había agotado el veneno. Rachel estaba con sus padres y sus ocho hermanos cuando los llevaron al gueto de Lodz (400.00 personas en dos kilómetros cuadrados)

Anka, Priska y Rachel llegaron a la vez a Mauthausen. Procedían de la fábrica de piezas de aviones de Freiberg, donde habían trabajado como esclavas. Las tres llegaron allí procedentes de Auschwitz, el temible campo de exterminio: el mismísimo Josef Menguele las había inspeccionado, desnudas, y les había preguntado si estaban embarazadas. El sádico asesino pellizcaba el pecho de las mujeres por si salía leche. buscaba carne para sus experimentos. Anka, Priska y Rachel acertaron al ocultarlo.

Cubierta de hollín, bajo un bombardeo, en el vagón de las moribundas, Rachel rompió aguas rodeada de heces y cadáveres

Las tres estaban embarazadas de sus maridos. Anka estaba casada con Bernd Nathan, al que vio por última vez en el gueto de Terezin, cuando se lo llevaron camino de Auschwitz, unos días antes que a ella. El marido de Rachel era Monik Friedman, un judío astuto que había comprado documentación falsa, pero que se coló en el gueto de Lodz para unir su destino al de Rachel, recluida allí con sus padres y hermanos. A Rachel la acompañaron en el infierno sus hermanas Sala, Bala y Ester, sin saber hasta el final que Rachel estaba embarazada.

Sala, Bala y Ester estuvieron con Rachel en el gueto de Lodz, Auschwitz, la fábrica de Freiberg y Mauthausen

Priska se había casado con Tibor, el amor de su vida. Lo vio por última vez en 1944, en el tren a Auschwitz. Los hijos de Anka, Priska y Rachel se reúnen en mayo en Mauthausen. Celebran el 70 aniversario de la liberación y su 70 cumpleaños.

Priska llevó a Hana a Hornií Brizá, donde estuvo detenido el tren de Mauthausen. Y conservó la ropita que otras presas cosieron para Hana

Allí dio a luz Priska. Al día siguiente las evacuaron. Priska viajó en un vagón de ganado con la niña pegada al pecho, bajo la ropa. Pesaba 30 kilos, pero tenía leche. Las llevaron a Mauthausen para gasearlas. El 5 de mayo liberaron el campo. Un médico americano salvó a Hana al sajar y desinfectar los forúnculos que la cubrían por completo.

 

Se sienten como hermanos

Eva, Mark y Hana 

Eva, Mark y Hana se encontraron al buscar información en Internet sobre la unidad del Ejército estadounidense que el 5 de mayo de 1945 liberó Mauthausen. Eva vive en Inglaterra; Mark y Hana, en Estados Unidos. Celebran su cumpleaños el 5 de mayo (día en el que renacieron). Se han reunido varias veces.


PARA SABER MÁS

Nacidos en Mauthausen. Wendy Holden. RBA.