Fue preceptor, consejero, y mucho más, del Rey Juan Carlos. Lo conoció cuando este tenía 21 años y, con el tiempo, lo ayudaría a diseñar la España del día después de Franco. Ahora, una biografía nos revela la personalidad y el legado de Torcuato Fernández-Miranda. El autor, su sobrino-nieto, nos ofrece un retrato íntimo con fotos inéditas del gran guionista de la Transición.

Papá, si haces cosas tan importantes y tienes una relación tan especial con el Príncipe, ¿por qué no sales en los periódicos? La pregunta es inocente, pero no absurda, y menos en la mente de un adolescente. Si se supiese todo lo que estoy haciendo y mi relación con Don Juan Carlos, no podría hacer nada de lo que estoy haciendo .

La escena sucede en la casa familiar en los setenta. Torcuato Fernández-Miranda vive ya ajeno a la política, expulsado por un Franco al que presionan los ortodoxos del régimen. ¿Quiere usted que le nombre presidente del Gobierno con la oposición de toda la clase política? , le había espetado cuando Fernández-Miranda no dudó en preguntarle por qué no había sido designado presidente tras el atentado a Carrero.

Lo que el padre relata a sus hijos mayores en esas veladas es una pequeña parte de lo que sabe. Les cuenta que ha ido a ver al Príncipe, pero se guarda detalles confidenciales sobre los planes que ambos diseñan para la España después de Franco. Lo suficiente para captar su atención y pasar un buen rato juntos, pero menos de lo que dicta la prudencia. Historias políticas que hacen volar la imaginación y que con los años se convertirían en realidad. Historias que a él le permiten pasar tiempo con sus hijos y a ellos disfrutar de un padre exigente, aunque flexible, que siempre halla el modo de arañar tiempo a su apretada agenda para dedicárselo a su familia.

A su lado, en esas charlas nocturnas, siempre está Carmen Lozana, la mujer de su vida, de la que se enamoró en el Gijón de los años cuarenta. Al verla por primera vez, se quedó prendado. Mi vida personal cambió cuando vi venir unos ojos verdes por la calle Corrida . Se hicieron novios ‘oficiales’ en los bailes del Japonés, el sitio de moda para los jóvenes. Él bailaba mal, pero ella lo ayudaba a no perder el paso. En el futuro siempre sería así, al menos de puertas adentro, donde ella se convirtió en Carmina y él fue simplemente Tato.

Oviedo, Roma y Madrid

Durante su noviazgo, lanzó su carrera universitaria. Licenciado en Derecho en Oviedo con Premio Extraordinario, vivió en Roma y Madrid. Desde la capital se las ingenió para subsistir dando clases, preparar su doctorado y opositar. Lo primero que hizo tras ganar la plaza de catedrático, el más joven de España, fue enviar un telegrama a Carmen. Saqué cátedra, prepara boda . Y ahí empezó todo.

Instalados en Oviedo, Torcuato disfrutó de la vida universitaria. Sus clases eran distintas para la época, lo que le granjeó algún que otro problema. Nunca dejó de decir lo que pensaba ni de defender sus ideas, fuesen o no aplaudidas por el poder. Nadie hablaba de Ortega y Gasset y de Karl Marx o del liberalismo de Estados Unidos y el comunismo soviético, y pronto se corrió la voz. Hoy da clase el Tato , decían los estudiantes, muchos de otras facultades. En el aula los trataba de usted, respondía a todas sus preguntas y advertía. El examen será oral y versará sobre lo tratado en clase . Era exigente y puntual, pero siempre estaba disponible para sus alumnos.

Como director del Colegio Mayor Valdés Salas, cada noche cenaba con estudiantes que le formulaban sus inquietudes. Don Torcuato, así lo llamaban, sentía realizada su vocación universitaria charlando con ellos, respondiendo a sus preguntas, atendiendo sus peticiones. Cuando le rogaron que organizara un baile, puso una condición. Que sea de etiqueta . Tal era su obsesión por que no solo se formaran académicamente, sino por que aprendieran a vivir en sociedad.

Los hijos iban llegando ocho en total y el matrimonio disfrutaba de una vida plena en Asturias, hasta que la política se cruzó en su camino. En 1951, la llamada de Joaquín Ruiz-Giménez provocó un giro en su trayectoria. La familia se trasladó a Madrid y él fue nombrado director general de Universidades, puesto que lo llevó a ser designado preceptor de un jovencísimo Príncipe Juan Carlos. El primer día, se dio cuenta de que no se ganaría al chico de 21 años si no le hablaba en su mismo lenguaje. ¿No me va a traer libros? , preguntaba el Príncipe. Su Alteza no los necesita. Trabajaremos como los trapecistas, sin red . La relación entre ambos se fue estrechando, lo que levantó suspicacias en el régimen. Franco les impuso un militar de oyente. Desde ese momento, los encuentros entre ambos serían confidenciales. Torcuato se acostumbró a entrar a la residencia del Príncipe por la puerta de atrás. En aquel momento, ni siquiera podía imaginar que 60 años después la suya sería la única foto de un político presente en el despacho del Rey de España.

Torcuato leía ensayos y novelas, escuchaba música clásica o tangos y fumaba en las pipas que coleccionaba. También le gustaba pasear con su bastón y su sombrero por el jardín de su casa en Navacerrada, la misma en la que redactó la Ley para la Reforma Política en un fin de semana, y disfrutaba del mar, de visitar museos era un gran admirador de Goya y del fútbol. Aunque sellaba quinielas junto con sus hijos, siempre tuvo más tino para la política que para las apuestas.

Sentido del humor

Quienes más lo conocieron lo presentan como un excelente conversador y una persona afable y educada con un peculiar sentido del humor. También resaltan una timidez que en los ámbitos políticos y periodísticos le granjeó fama de antipático. Él era consciente de ello, como demostró en uno de sus discursos políticos más conocidos. Se ha dicho que soy frío y distante, y no es verdad. Lo que pasa es que soy asturiano , aseguró en 1974 ante una clase política franquista que nunca lo entendió y que escuchaba atónita sin entender qué quería decir. Discursos como este revelan su forma de ser. decir sin decir, afirmar sin afirmar. No me voy, continúo mi caminar al servicio del pueblo , co aquel día, sin que nadie entendiera que apostaba por el futuro Rey.

Admirador de Inglaterra por su evolución política y su trato a la Corona, la muerte lo sorprendió tras visitar Cambridge junto con su mujer. Entre recorrer el Parlamento o pasear por el campus, priorizó lo segundo, como si de algún modo su vocación académica se antepusiera a su ambición política. Noches antes había revelado a su hijo Enrique, al que había visitado en Londres, que no escribiría memorias y que delegaba en ellos la publicación de sus manuscritos. Fue una premonición. murió a los pocos días, el 19 de junio de 1980, rodeado de los suyos y con los Reyes llamando a diario a la clínica londinense para interesarse por su salud.

A lo largo de su vida, Fernández-Miranda cultivó con entusiasmo sus tres pasiones. la universidad, la política y su familia. De la primera ambición quedan sus dos cátedras, sus libros y conferencias y la admiración pública de innumerables alumnos, algunos con brillante porvenir político como Aurelio Menéndez o Fernando Suárez. De la segunda, la política, queda la ley que permitió pasar del franquismo a la democracia sin violencia y su famosa frase. De la ley a la ley , además de los máximos reconocimientos que puede otorgar la Corona. De la tercera, una familia unida en torno a la figura de un padre que siempre se esforzó por sacar tiempo para ellos y que logró educarlos en sus mismos valores. Cuando en 2015 la duquesa viuda de Fernández-Miranda recuerda al hombre con el que se casó siete décadas atrás, afirma. Estuve muy enamorada de mi marido. No estuve. estoy .

Las cortes Al morir Franco, el Rey le preguntó si prefería ser presidente del Gobierno o de las Cortes. Torcuato le respondió. Majestad, el animal político que llevo dentro me pide el Gobierno, pero le seré más útil en las Cortes . Ejerció el cargo del 6 de diciembre de 1975 al 15 de junio de 1977, una fase clave de la Transición.

El profesor,visto por su mujer

Entrevista con Carmen Lozana, Duquesa viuda de Fernández-Miranda

A 35 años de su muerte, la viuda de Fernández-Miranda habla en esta entrevista sobre el hombre del que se enamoró y con el que formó una amplia familia. Fueron un matrimonio ejemplar.

XLSemanal. ¿Cómo era Torcuato Fernández-Miranda de joven?

Carmen Lozana. Cuando conocí a Torcuato, era muy guapín, muy alegre, muy de contar chistes. Tenía muchos amigos, pero pocos de verdad, solo dos o tres. Fuimos novios cuatro años, casi cinco. Por aquel entonces, él no tenía más idea que la de ser catedrático. Uno de sus tíos le decía que tenía que hacer Notarías, pero lo que toda la vida quiso ser él fue catedrático de Derecho Político. Y lo fue. el catedrático más joven de España.

XL. ¿Le costó mucho dar el salto a la política?

C.L. El hecho de cambiar la docencia por la política le hizo pensar mucho, le dio muchas vueltas. Pero como empezó siendo director general de Enseñanza Media, tampoco fue una cosa disparatada.

XL. ¿Cuáles eran sus aficiones?

C.L. Era un lector empedernido. literatura clásica, filosofía, historia, política Admiraba a Jovellanos y fue fundador del Ateneo Jovellanos de Gijón. Y le gustaba mucho el fútbol. En Gijón íbamos al fútbol, porque era del Sporting.

XL. ¿Cómo era su trato con los hijos?

C.L. Era bastante paciente, pero cuando se enfadaba lo hacía de verdad, aunque se le pasaba enseguida. Con los hijos era mucho más blando que yo, pero le tenían un respeto no miedo tremendo. Era exigente con los estudios de los hijos (y también de las hijas), pero no demasiado.

XL. ¿Cómo lo definiría como padre y marido?

C.L. Era inmejorable. Siempre que tenía tiempo se lo dedicaba a los hijos. En Gijón iba a la playa, hacíamos excursiones Teníamos un Gordini, que era un coche pequeño. No le gustaba llamar a los chóferes oficiales en las fiestas, así que cogíamos nuestro coche.

XL. No hay duda de que fue un hombre de éxito

C.L. Conseguía todo lo que se proponía, excepto dejar de fumar. Fumaba Condal, y yo también. Cuando se ponía a trabajar, se encerraba y le daba igual que hubiera 40 personas alrededor. Preparaba sus discursos a saltos. Decía. Ahora estoy en el momento . Escribía a mano y yo se lo pasaba a máquina.

PARA SABER MÁS

El guionista de la Transición. Torcuato Fernández-Miranda, el profesor del Rey, de Juan Fernández-Miranda (Ed. Plaza and Janés), llega a las librerías el próximo 21 de mayo.