Reinas que van a ser ejecutadas y se despiden con orgullosa dignidad; grandes hombres que intentan impedir guerras; mujeres que apaciguan a los gobernantes; artistas que coleccionan fetiches; genios que comercian con sus inventos… La correspondencia privada desnuda a los protagonistas de la Historia. Una nueva antología desvela importantes intimidades epistolares. Por Fátima Uribarri

Winston Churchill estaba insoportable en junio de 1940. Sus colaboradores, desesperados por sus ataques de ira, recurrieron a su mujer.

Clementine le escribió una carta maravillosa. “Mi querido Winston. me he percatado de un empeoramiento de tus modales y de que no eres tan amable como antes”, le dice.” No soporto que quienes sirven al país y a ti no te aprecien, además de admirarte y respetarte”, continúa. Le recuerda que él siempre ha recitado que “solo por medio de la calma se gobiernan los corazones”. Confiesa que le cuesta decirle estas cosas. Y se despide, cariñosa. “Te ruego perdones a tu amorosa, devota y vigilante Clemmie” .

“Os aseguro que mantendré en el mayor de los secretos este nuevo artificio”, le dice Galileo al ‘dogo’ de Venecia. Habla del telescopio

Esta misiva es una de las que recopila Shaun Usher en Cartas memorable‘, una antología de textos con impactantes despedidas, declaraciones, testimonios… Gracias a la correspondencia se conoce mejor a los protagonistas de la Historia y se accede a lo trascendente a través de lo doméstico. Se entera uno de menudencias como las recetas caseras de la reina Isabel II de Inglaterra. O se accede a asuntos de gran enjundia como los intentos de Galileo Galilei de ‘vender’ en 1610 al dogo de Venecia un aparato nuevo que ha inventado, un telescopio que puede “descubrir las naves enemigas dos horas antes de que puedan ser detectadas con la visión natural”. “Os aseguro que mantendré en el mayor de los secretos este nuevo artificio y solo se lo mostraré a Vuestra Alteza”, promete el científico.

Estremecedora es la narración que hace Plinio el Joven de la erupción del Vesubio que sepultó Pompeya y Herculano. En una carta espléndida dirigida al historiador Tácito, Plinio narra con ritmo de novela de aventuras el desconcierto inicial; la desaparición de su tío, el naturalista Plinio el Viejo, que partió hacia el foco de la tragedia para documentarla y para ayudar; la estampida de las víctimas; la lluvia de ceniza y piedras pómez… “No dejé escapar ni un lamento o grito de terror, pues tristemente me consolaba en mi hado mortal por el convencimiento de que el mundo al completo moriría conmigo, y yo con él”, confiesa. Su carta es el único documento histórico que da cuenta de aquella tragedia. La recoge Simon Garfield en Postdata (Taurus).

Impactante es la carta que María Estuardo, reina de Escocia, dirige el 8 de febrero de 1587 a su cuñado el rey Enrique III de Francia: “Hoy, después de cenar, me han dado a conocer la sentencia: me van a ejecutar, como a un criminal cualquiera”. Y así fue. La orden partió de su prima y enemiga la reina Isabel I de Inglaterra.

Sorprende leer cómo Fidel Castro pide dinero al presidente de los Estados Unidos. Lo hizo, a los doce años, en una misiva con membrete de su colegio. Sobrecogedora es la despedida del explorador británico Robert Falcon Scott. Escribe a su mujer a 70 grados bajo cero. “Para mi viuda es el encabezamiento. Que no se preocupe, que su muerte será dulce”, le dice. “Lo peor de esta situación es la idea de no volver a verte”, confiesa. Le pide que se case de nuevo si encuentra a otro hombre, que eduque bien a su hijo (de dos años) e insiste en que no se arrepiente de haber emprendido tan peligrosa expedición y de haber servido a su país. La carta la encontraron junto al cadáver de Scott meses después de su muerte, en 1912, cuando regresaba del Polo Sur.

Shaun Usher recopila textos de santos; de enamorados (Abelardo y Eloísa); de emperadores como Marco Aurelio, que muestra su pasión erótica en su correspondencia adolescente con un profesor… Hay textos de artistas; de papas; de genios como Leonardo da Vinci o Petrarca, un maestro de correspondencias: en una epístola a Bocaccio en 1365 se da por enterado de que sus cartas las están copiando distintos amanuenses. A Petrarca solo le importa que la letra sea clara.


PARA SABER MÁS

Cartas memorables. Shaun Usher. Editorial Salamandra.