Donde usted ve una seta, Paul Stamets ve un universo. Este prestigioso micólogo asegura que los hongos pueden limpiar desde los vertidos de petróleo hasta las fugas nucleares. A muchos les parece un excéntrico, pero Bill Gates y Jeff Bezos ya apuestan por él. Por María García

Niño tímido y tartamudo, Paul Stamets siempre tuvo un sueño. convertirse en científico. “Vivíamos en una gran casa, con un laboratorio en el sótano. Yo no paraba de hacer experimentos”, recuerda.

Stamets nació en 1955 en Salem (Ohio, Estados Unidos) y era uno de cuatro hermanos varones de una familia de clase media. Su padre, ingeniero, supervisaba proyectos de construcción para el Ejército. Cuando Paul tenía 12 años, el negocio de su padre entró en quiebra y la familia se separó. Comenzaron entonces las dificultades económicas y afectivas.Con todo, Stamets fue a la universidad en Ohio, pero prefería pasar las horas vagando por los bosques próximos al campus antes que ir a clase. En uno de esos paseos probó un día los hongos psicodélicos de la psilocibina. Además de tener una experiencia alucinógena inevitable, ocurrió otra cosa. dejó de tartamudear. Para siempre. Stamets, impresionado por semejante efecto colateral, se dedicó al estudio del hongo al que atribuía el cambio y decidió que quería convertirse en micólogo.

Un negocio en alza que interesa en Silicon Valley

Hoy, Staments es uno de los mayores expertos del mundo en esta materia. No está, sin embargo, vinculado a ninguna universidad o institución al uso y financia casi todas sus investigaciones con el dinero generado por su propia compañía, Fungi Perfecti, cuyo negocio consiste en comercializar setas para gourmets o para uso terapéutico. Dirige así su propio centro de investigación y ha publicado varios libros sobre los hongos, entre ellos Mycelium running. how mushrooms can help save the world (‘Micelio corriendo. cómo los hongos pueden ayudar a salvar el mundo‘), que dice mucho sobre su alta estima por la micología En su opinión, los hongos productores de setas pueden alterar radicalmente el paisaje de la medicina, la industria forestal, los pesticidas y el control de la contaminación.

Stamets lleva un cuarto de siglo predicando la buena nueva a todos los que quieran escucharlo. Y cada vez le escuchan más. Es verdad que ha sido tachado de excéntrico muchas veces, pero sus datos son cada vez más convincentes.

Sus ideas despiertan cada vez mayor interés entre los científicos convencionales, los especialistas en el medioambiente, los funcionarios del Gobierno e incluso los inversores de Silicon Valley.

La charla que Stamets pronunció en 2008 durante la TED Conference el lugar de peregrinación anual para los magnates de la tecnología y los pensadores de vanguardia ha recibido más de un millón y medio de visitas desde que fuera colgada en la Red. Y también originó que Bill Gates, Jeff Bezos (el consejero delegado de Amazon) y los muchachos que están al frente de Google lo invitasen a debatir con ellos sus ideas.

Nuestros cuerpos y los hongos tienen un pasado en común

Nuestros cuerpos y nuestros entornos son unos hábitats con sistemas inmunológicos , escribe en Mycelium running, y los hongos son el puente que comunica los unos con los otros .

Stamets describe el micelio el entramado de tejidos fibrosos del que surgen los hongos como la red neurológica de la naturaleza , cuyo objetivo es garantizar a largo plazo la buena salud del entorno en el que se desarrolla .Pese a lo poético de su expresión, la idea de Stamets de los hongos constituyendo un puente que une los sistemas inmunológicos de los seres humanos y del entorno tiene una sólida base biológica.

En el árbol de la evolución, los reinos animales y fúngicos brotaron de la misma rama y se separaron el uno del otro mucho después de que las plantas divergieran.

Se calcula que hay un millón y medio de especies de hongos, incluidos levaduras y mohos junto con los macrohongos productores de setas.

Todos estos organismos comparten con los animales determinados rasgos fundamentales. inhalan oxígeno y exhalan dióxido de carbono, lo mismo que nosotros, y son susceptibles a muchos de los mismos gérmenes.

Al igual que nosotros, consiguen la energía mediante el consumo de otras formas de vida y no a través de la fotosíntesis. Pero el cuerpo de un hongo es muy distinto al de un animal. Los micelios absorben aquellos nutrientes presentes en los alrededores y pueden modificar con rapidez sus patrones de crecimiento y otros comportamientos en respuesta al entorno. Porque disponen de inteligencia celular, explica Stamets.

¿El poder de los hongos se puede expandir por la galaxia?

Cuando colonizaron el planeta hace mil millones de años, y con el objetivo de defenderse de los patógenos, los hongos desarrollaron un arsenal de compuestos antibacterianos y antivíricos Un recurso que el ser humano tradicionalmente ha explotado en forma de infusiones de setas y otros preparados alimenticios.

Alexander Fleming lo explotó de forma más moderna en 1929, al aislar la penicilina del moho Penicillium rubens. El ser humano lleva milenios utilizando los microhongos (mohos y levaduras) para la producción de alimentos y bebidas como el queso, el pan, la cerveza y el vino.

Pero Stamets considera que la cultura occidental ha ignorado los poderes de los macrohongos en lo fundamental, una actitud que describe como micofobia o racismo biológico . Y eso que sus usos son tan diversos que Stamets se atreve incluso a hacer sugerencias espaciales No es broma. El micólogo cree que, por su utilidad para crear suelos fértiles y por la tolerancia que muchas especies tienen a la radiación, los hongos podrían ser cultivados por viajeros interestelares y empleados para terriformizar otros mundos. Es decir, podríamos sembrar una mezcla de esporas de hongos y otras semillas para crear una huella ecológica en un nuevo planeta y, de esa manera, hacer ‘habitable’ la galaxia.

Para saber más Mycelium running. De Paul Stamets. Ed. Ten Speed Press. Fungi Perfecti.