Emprendedor creativo y con talento busca piso Así viene a ser el perfil de quienes se alojan en las casas compartidas que se han adscrito a un nuevo concepto. el ‘coli ving’, espacios donde vivir y trabajar se fusionan. Los apartamentos los gestiona un tercero, empresas como Krash o WeLive. El negocio está servido.

Ofrecen casas cómodas, con un diseño ‘cool’ y buen ambiente. Pero sobre todo la posibilidad de que un chaval de 25 años reciÉn licenciado conviva con un profesor universitario, el ceo de una ‘start-up’ o un científico de la nasa.Este es el principio activo que mueve el negocio de Krash, una de las empresas pioneras en ofrecer servicios de coliving o cohousing en Estados Unidos.

Se diría que estas casas nacen con el sueño de alojar al futuro Mark Zuckerberg o Steve Jobs, y en cierto modo lo han conseguido. desde Krash aseguran que, en sus viviendas, distribuidas entre Boston, Nueva York y Chicago, han surgido ya más de 200 start-ups. Krash nace de la necesidad de Phil Fremont-Smith. En 2012, su empresa, con sede en San Francisco, se trasladó a la capital de Massachusetts. Muchos de sus trabajadores carecían de un lugar donde dormir en el nuevo destino. Phil y su mujer, Jennifer, se encargaron de solucionar el problema. Hoy tienen ya cerca de una decena de casas en tres ciudades. Ofrecen diseño cool y buen ambiente, donde un joven recién salido de la universidad y cargado de energía e inquietudes acaba conviviendo con un experimentado doctor en ciencias. La estancia media no supera los seis meses.

Sin fronteras

En ciudades como San Francisco (por supuesto), Boston o Nueva York hay cada vez más casas de este tipo. El arrendatario se encarga de la limpieza en los espacios comunes, del pago de facturas (de luz, internet ) y se asegura de que haya siempre papel higiénico en el cuarto de baño y café en la cocina. En algunos casos, ofrecen también clases de yoga o encuentros con otros emprendedores Otros van más lejos todavía. The Caravanserai ofrece opciones de coliving en México D. F., Lisboa o Ubud (Bali). Por 1600 dólares mensuales se puede rotar de una casa a otra.

El precio de este tipo de alojamientos oscila entre los 1500 y los 4000 dólares mensuales. Por ese precio tiene garantizada la movilidad, la vida sin ataduras en un entorno en el que no se puede anticipar la vida que tendrá la start-up, o la ciudad donde le tocará vivir el año que viene. Tampoco tiene que perder tiempo yendo de casa a la oficina. Y puede concentrar todas sus energías en crear esa nueva aplicación, o ese nuevo servicio destinado a cambiar el mundo. Sí, así se las gastan en estos nuevos hogares, tan siglo XXI, tan Silicon Valley (aunque están proliferando también por la costa Este de Estados Unidos). Y puede hacerlo en comunidad, una palabra que los defensores del cohousing utilizan con profusión. Hay quien habla de aceleradores de partículas para personas o de una versión actualizada de la comuna hippy; y, en su discurso, ambos conceptos comparten la idea de cambiar el mundo, aunque ahora el arma no sea el flower-power sino la aplicación revolucionaria. Otros, aseguran haberse inspirado en los kibutz de Israel.

Pese a todo, el futuro de este modelo está todavía en el aire. Los más escépticos lo ven como una prolongación de la vida en la residencia de estudiantes. Y consideran que más que el futuro Zuckerberg, allí residirán temporalmente meros imitadores de un estilo de vida que las más de las veces no da los frutos deseados. Lo que es cierto es que muy pocas start-ups acaban siendo Uber, Airbnb o Facebook.

Banco de pruebas

Campus, una de las compañías pioneras en coliving o cohosting (invitados temporales), declaró su bancarrota a principios del verano y ha debido cerrar los edificios en los que trabajaba en Nueva York y San Francisco, obligando a 150 inquilinos a buscarse un alojamiento alternativo antes del fin de este mes de agosto. Pero ya se sabe que el fracaso en el terreno de las start-ups no cierra puertas, sino que las abre. Y hay ya numerosas iniciativas que tienen prevista su apertura a la vuelta del verano. Ahí está la citada Krash, tan conocida ya que el actor Ashton Kutcher tuiteaba en abril que, de haber existido este concepto cuando él todavía se estaba buscando a sí mismo, él hubiese sido sin duda un krasher. Otro estímulo es que una de las start-ups pionera en el coworking se haya estrenado también en el coliving. Es la célebre en Estados Unidos al menos WeWork, que ahora ofrece también servicios de alojamiento a través de la plataforma llamada, cómo no, WeLive. En Chicago está a punto de inaugurar unas instalaciones con 250 microapartamentos, justo encima de su espacio de coworking. En San Francisco han elegido un emplazamiento muy cercano a las oficinas de compañías como Twitter, Uber o Pinterest. Y en Nueva York, la empresa Common inaugura unas nuevas instalaciones con 19 habitaciones en octubre.

Todavía está por ver si el concepto cuajará, y si llegará a Europa. Entre tanto ya se han llevado a cabo algunas experiencias que tienen algo de banco de pruebas. Por ejemplo, Airbnb, que puso en marcha, durante la pasada edición de la feria Mobile World Congress de Barcelona, una iniciativa donde emprendedores de la Ciudad Condal alojaban en sus casas a emprendedores de otras ciudades o países llegados a Barcelona para el evento. El coworking tardó un tiempo en aterrizar en el Viejo Continente. Veremos si ocurre lo mismo con el coliving.

Afinidad

“La frontera entre trabajo y vida privada está difuminada”

En España, el coliving todavía no está organizado empresarialmente. Lo que ya está funcionando es el cohosting, acoger a emprendedores afines en tu casa durante una estancia temporal. Este es el caso de Héctor, zaragozano de 26 años, y de Xavi, de vida errante entre San Francisco, Barcelona y Colombia. Me encantan este tipo de experiencias, porque los dos aprendemos mucho el uno del otro , dice Xavi, que, entre otras iniciativas, ha puesto en marcha Imagine, que vincula e interrelaciona a creadores de start-ups, ya sea en San Francisco o a bordo des. Los cocineros de este país han creado escuela ayudándose unos a otros en sus proyectos. Los emprendedores tenemos que hacer lo mismo . Él pone su casa a disposición de quien visite Barcelona. Los hoteles son espacios muy fríos , añade Héctor. Los jóvenes preferimos alojarnos con gente que comparta inquietudes y experiencias. La frontera entre el trabajo y la vida privada en nuestro caso está muy difuminada .

De izquierda a derecha. Hector Paz, de www.imascono.com y www.chromville.com y Xavier Verdaguer, de www.imagine.cc/es

Un hogar itinerante

Jennifer Fremont-Smith es, junto con su marido, Phil (abajo), la creadora de Krash, una empresa pionera en el coliving que aspira a expandirse por todo el mundo.

Comunidad

“No es igual hablar en casa que en un restaurante”

Gloria y Mateo se conocieron a bordo de un tren, en el proyecto Imagine, donde ambos tuvieron que construir una aplicación en tres días. Él se encargaba de la parte técnica y yo aportaba la idea , dice Gloria. Hoy viven juntos en Barcelona. Los emprendedores tenemos mucho en común. Y conviviendo en un espacio íntimo, como es tu propia casa, vas mucho más allá a la hora de compartir experiencias. ¡Ayer a la una de la noche seguíamos hablando de estos temas, comparando lo que unos y otros hemos vivido y dándonos pistas de las que todos nos beneficiamos! En una cena o tomando un café no hubiese sido lo mismo .Stefan y Max viven en Berlín, donde han creado una empresa de realidad virtual. Allí es muy normal que los jóvenes creadores tengan un trabajo a media jornada que les dé de comer, y dediquen el resto del tiempo a sus propios proyectos , explica Max. Stefan añade. En tres días, Gloria y Mateo saben mucho más de nuestro proyecto, de nuestras dudas e inquietudes, que cualquier inversor con el que hayamos contactado .

De izquierda a derecha. Gloria Molins, de www.trip4real.com; Stefan Marx, de www.viorama.com; Maximillian Schneider, de www.viorama.com; Mateo Pereira, de www.corsegames.com

Confianza

“Hay que tener cerca a la gente creativa”

Contactamos a través de Airbnb y Marcus no parecía un criminal, así que seguimos adelante , bromea el anfitrión, Vicenç. Anoche, nos dieron las tantas hablando e incluso surgió la idea de hacer algún proyecto juntos , dice. Aunque seguramente fueron las cervezas , bromea Marcus, que utiliza mucho la plataforma Airbnb en sus viajes de trabajo. Es una forma de conocer gente afín allá donde vaya , explica. Ambos, como todos los entrevistados, miran con admiración hacia San Francisco. Vicenç estudió en Stanford y visita Silicon Valley varias veces al año. Las ciudades que funcionan tecnológicamente son las que atraen a gente creativa , dice. Y juntos explican los puntos fuertes de distintas ciudades europeas. Barcelona es terreno fértil para Internet de las cosas; Londres es la capital de la tecnología financiera; Ámsterdam para las ‘smart cities’, sector al que se dedica Marcus El mundo es infinito para los emprendedores.

De izquierda a derecha. Marcus Breekweg, de www.undagrid.com y Vicenç Martí, de www.akamon.com

Para saber más

htt.p//entrepreneurhostsentrepreneur.com. Una iniciativa de Airbnb.

www.Krash.io. Empresa de coliving americana