En 1965  se lanzó el primer satélite comercial de comunicaciones, Intelsat 1. Por C.M. Sánchez

Gracias a ellos no nos hemos perdido ningún acontecimiento en el último medio siglo. También posibilitaron una ‘línea caliente’ para que los presidentes norteamericano y soviético intercambiasen insultos antes que misiles nucleares. Son los satélites de comunicaciones, cuyo ‘abuelo’ es el Intelsat 1. Primero fue ciencia ficción. Una idea formulada en 1946 por el escritor Arthur C. Clarke, que no había perdido la fe en el progreso, aunque solo había pasado un año desde la bomba atómica.

El Intelsat 1 de 34,5 kilos funcionaba por radiofrecuencia. Los satélites de hoy albergan ingenios de varias toneladas y emisores digitales de banda ancha

En 1957 los soviéticos lanzaron el Sputnik 1, primer satélite artificial, contestado en 1963 por la NASA con el Syncom 2. Eran los tiempos de la Guerra Fría y primaba el interés militar. Hasta que en 1965 un consorcio ponía en órbita el primer satélite comercial, inaugurando la explotación pacífica del espacio. Hoy, la industria de los satélites factura 200.000 millones de euros al año. Y ha cambiado nuestras vidas: globales e interconectadas.

Los satélites necesitan un ‘taxi’ que los ponga en una órbita geoestacionaria. 

El Intelsat 1, bautizado Early Bird (Pájaro Madrugador), hizo posible las conexiones en directo entre continentes. Al principio, un único canal de televisión o 240 conferencias telefónicas. Tuvo un precursor, el Telstar (1962), pero estaba en una órbita elíptica y no geoestacionaria, lo que dificultaba su operatividad. En una órbita geoestacionaria, a 36.000 kilómetros de altura, un satélite da una vuelta a la Tierra en 24 horas. De este modo, siempre se encuentra sobre el mismo punto de la superficie. Esto es ideal para suministrar datos a una región concreta durante todo el día.

Hasta 2011, Intelsat fue una compañía intergubernamental; desde entonces es privada. Sus satélites hicieron posible que viéramos la llegada del hombre a la Luna en 1969; el Mundial de Argentina (1978), evento con más de mil millones de espectadores; y la guerra del Golfo en 1991, que cambió nuestra manera de consumir noticias. Permitió, además, la conexión del ‘teléfono rojo’ entre la Casa Blanca y el Kremlin desde 1974.