Terminator, C3PO, Robocop ¡Tonterías! O eso dice este ingeniero que lleva 25 años creando robots. Ingenios que lo mismo exploran Marte, desactivan bombas en Irak, se adentran en Fukushima tras el ‘tsunami’ o limpian nuestros hogares. Aprovechando el lanzamiento de su última criatura, Colin Angle habla con ‘XLSemanal’ sobre pasado, presente y futuro de la robótica. Es decir, el del ser humano.

Colin Angle tenía dos años y medio cuando arregló en su casa la cisterna del baño. Eso, al menos, asegura él. Era algo muy sencillo, no crea. No sé, siempre me ha gustado construir cosas. Lo que sea . Años después, en la universidad el prestigioso MIT, cerca de Boston, descubrió la robótica y decidió que quería cambiar el mundo. Con esa ambición, en 1990, fundó iRobot, una empresa que ha trabajado para la NASA y el Pentágono y cuyos ingenios de limpieza doméstica habitan ya en más de 14 millones de hogares. Sentado ante su nueva criatura, un aspirador, el Roomba 980, capaz de memorizar los lugares por los que pasa y que se controla desde el móvil lo presenta en Nueva York ante medio centenar de periodistas especializados, Angle se lamenta de que la industria robótica lleve años malgastando tiempo y dinero en androides y humanoides de escasa utilidad . En sus 46 años, él, que se tiene por un hombre práctico, nunca soñó con crear robots que hablen, tengan piernas o salten a la pata coja; un camino que, curiosamente, lo ha convertido en uno de los grandes nombres de la robótica mundial. Esta es su visión del futuro. Y del presente

XLSemanal. Practica snowboard, escalada, pilota aviones ¿Esto de crear una empresa de robots allá por 1990 podría considerarse también como una actividad de riesgo?

Colin Angle. Sí, sin duda [se ríe]. A ojos de los demás éramos unos chalados. Durante seis años y medio, nunca tuve dinero a principio de mes para pagar al personal. Tardamos ocho en conseguir que alguien nos financiara un proyecto. Probamos cientos de robots, entramos y salimos de 14 negocios diferentes, hasta que nos centramos en la limpieza doméstica y la defensa. El primer Roomba, nuestro buque insignia, ¡salió al mercado en 2002!

XL. ¡Cientos de robots! ¿De qué tipo?

C.A. El primero fue un robot para explorar la Luna. Hemos hecho juguetes, robots para la industria del petróleo, exploradores para terrenos de difícil acceso; áreas en las que creemos que los robots crean valor. Pero hoy estamos enfocados en el hogar, el 92 por ciento de nuestra actividad; el otro 8 es para usos militares.

XL. Precisamente, más de mil científicos y expertos en tecnología Stephen Hawking y Steve Wozniak, entre ellos han firmado un manifiesto contra el desarrollo de robots militares autónomos. Usted no ha firmado

C.A. No. Es que la perspectiva cambia mucho si uno se pone en el lugar del soldado que arriesga su vida. Si has de despejar un edificio o una habitación y tienes un robot que haga el trabajo, mejor que lo haga el robot, ¿no cree?

XL. Su inquietud se refiere al desarrollo de armas que tomen decisiones por su cuenta, ya que las máquinas carecen de criterios éticos

C.A. A ver, un robot se limita a seguir un protocolo, la función para la que ha sido construido. La decisión de abrir fuego, en última instancia, siempre será humana, del operario, del fabricante, del gobierno o del terrorista que pueda tener acceso a él. Es decir, al final toda tecnología, su control y desarrollo, depende de las personas. El problema es que cuando la gente piensa en robots militares ya sabemos qué les viene a la cabeza

XL. ¿Terminator? 

C.A. Así es [se ríe]. De todos modos, hablar de robots soldados capaces de tomar decisiones sobre la vida y la muerte es algo que, créame, si llega a ocurrir, queda todavía muy lejano.

XL. Los firmantes del manifiesto dicen que estarán activos en pocos años

C.A. Ya [escéptico]. Hay mucha imaginación. Es verdad que los robots llegarán y que cambiarán muchas cosas, pero será mucho más despacio de lo que la gente cree y será también mucho más extraño de lo que imaginamos. Se toma como referente la ciencia ficción, pero esta un Terminator, sin ir más lejos es un desafío constante a las leyes de la física y de la robótica.

XL. Ya hay coches autónomos

C.A. Es cierto, y aspiradores como el nuestro [sonríe], que también saben ubicarse sin ayuda, pero las decisiones que toma un coche o un aspirador no son tan complejas como las que deberá tomar un robot soldado autónomo. Distinguir, por ejemplo, si alguien va armado, o disfrazado Eso requiere un desarrollo tecnológico tremendo.

XL. Hay miedo a un futuro donde los robots realicen todo tipo de tareas

C.A. Eso es porque estamos contaminados. Los coches autónomos son, de hecho, coches robots, pero a la gente le da miedo la palabra ‘robot’. Con el tiempo se acostumbrarán [se ríe]. Mire, no existen robots malos, solo robots con funciones establecidas. Los cambios despiertan desconfianza hasta que vemos que mejoran nuestra vida. Piense en el envejecimiento de la población. Cada vez habrá más ancianos y menos gente para cuidar de ellos. Cuando alguien le diga. No quiero vivir en un asilo , quizá entonces vea que los robots pueden ayudarle a evitarlo.

XL. Decía que el mundo será mucho más extraño de lo que imaginamos

C.A. A ver, imagínese que un día su hija le dice. Papá, quiero ponerme unos ojos robóticos, porque con ellos se ve mejor . O quiero cortarme las piernas y ponerme unas biónicas para correr más . O que un profesor diga un día en clase. Y ahora desconecten sus neuroconexiones para hacer el examen . No será sencillo lidiar con los cambios que traerá la robótica.

XL. Se refiere al transhumat. Muchos dicen que en 2045 será una realidad. ¿Comparte esa visión del futuro?

C.A. Ya hay demasiados visionarios como para sumarme al carro [se ríe], pero lo cierto es que ya existe un oído robótico, un implante, que funciona bastante bien. Estamos empezando a crear ojos artificiales que distinguen claridad y oscuridad. Si pierdes un brazo, ya existe un brazo biónico controlado por una interfaz neuronal. Estas cosas van a ocurrir mucho antes de que veamos la singularidad.

XL. Se creará una distinción de clase entre quienes tengan implantes robóticos y quienes no los tengan

C.A. Más que eso, se creará un verdadero abismo entre quienes los tengan y quienes no los tengan. Hugh Herr, un robotista que sufrió una doble amputación y que se ha construido unas piernas artificiales, me dijo hace poco. Todos os hacéis viejos. Vuestros cuerpos envejecen. Mis piernas, sin embargo, mejoran cada año [se ríe]. Y tiene razón. Es una perspectiva diferente. Habremos de debatir sobre lo que es humano y lo que no lo es. Los países con acceso a tecnología robótica poseerán una gran ventaja con respecto a los demás. Afrontaremos cuestiones trascendentales como estas mucho antes de que, como predicen algunos, los robots puedan dejarnos ‘obsoletos’.

XL. Cuando fundó iRobot, ¿imaginó dónde estaría la robótica en 25 años?

C.A. Sí, y estaba completamente equivocado [se ríe]. El mundo no tiene nada que ver con mi visión. Pensábamos que los robots caminarían por las aceras y cocinarían hamburguesas, pero es que 25 años por delante ¡es una eternidad! Hemos conseguido mucho menos de lo que esperábamos. Para la gente del cine y la literatura es fácil, pero crear un producto que haga las cosas que imaginamos haciendo a los robots es un reto gigantesco.

XL. ¿Me podría dar un ejemplo?

C.A. Un robot criado. ¿Sabe lo qué se necesita para que, por ejemplo, le traiga una bebida? Debe saber dónde estoy yo, dónde está la cocina; tiene que abrir la nevera y coger la botella, abrir el armario de los vasos y cogerlos, el hielo, servir y, además, que sea la medida justa; coger el vaso, traérmelo sin derramar una gota ¿No le parece mucho para un robot? Hacer eso realidad es una locura. Pero en eso estamos.

XL. ¿Dónde ‘estamos’ exactamente?

C.A. Bueno, este nuevo robot ya es capaz de ubicarse crea mapas de su entorno gracias a sensores y cámaras que le permiten memorizar sus pasos y de estar conectado con la nube. Gracias a la interconectividad máquinas intercambiando información y a la navegación haremos robots capaces de entender el mundo en el que operan. La inteligencia, en realidad, es muy fácil una vez que comprendemos lo que ocurre a nuestro alrededor. Es solo lógica basada en la comprensión del entorno. Así se consigue que una máquina decida por sí misma.

XL. ¿Por qué eligió no fabricar robots con piernas?

C.A. Porque hacer robots que se muevan ágilmente con piernas es mucho más difícil y poco práctico. Orugas o ruedas es mucho mejor. Mis primeros robots tenían piernas, no se crea usted, ¡estaba aprendiendo! Mis piernas, eso sí, eran extremidades de insectos. Siempre he pensado que los humanoides eran una obsesión humana de escasa utilidad. Mi obsesión, al contrario, es convencer a la industria de que desarrolle robots que ayuden de verdad a las personas. Hay empresas y diseñadores más influenciados por el cine que por solucionar problemas reales.

XL. ¿Se refiere a alguien en concreto?

C.A. Asimo, por ejemplo, el robot de Honda que salta a la pata coja, camina hacia atrás, corre a 6 km/h y lanza penaltis; o ese de Toyota que corre a 7 km/h y toca el violín. Muy bien, chicos, habéis dejado al mundo con la boca abierta, ¿y ahora qué? . Ellos pueden financiar robots absurdos con los beneficios de vender millones de coches, pero si hubieran invertido todo ese dinero en ideas prácticas la industria robótica estaría mucho más avanzada. La función primero es mi lema; a partir de ahí busca la mejor forma de que el robot realice esa tarea.

XL. Usted, hoy, ejerce más de hombre de negocios que de ingeniero

C.A. Así es, tuve que hacerlo por el bien de mi empresa. Yo era un CEO high tech superguay que nunca ganó un dólar hasta que se convirtió en vendedor de aspiradoras [se ríe].

XL. ¿Hay algo que le hubiera gustado crear, pero nunca dio con la clave?

C.A. Siempre quise un robot que me hiciera la colada [se ríe], que me doble la ropa. Es lo que más detesto.

XL. Diseñó el primer explorador de Marte

C.A. No exactamente. El Sojourner incluía parte de la tecnología de nuestro primer proyecto, pero el robot en sí fue creado por la NASA. Partieron de mi idea de hacer robots espaciales lo más pequeños posible, ya que entonces todos eran demasiado grandes. Nuestros prototipos inspiraron el Sojourner y por eso grabaron mi nombre en el casco del Spirit, el segundo explorador de Marte.

El hombre de los robots Colin Angle, presidente y fundador de iRobot, rodeado de algunas de sus creaciones más emblemáticas. robots que aspiran, exploradores espaciales, detectores de minas, brazos mecánicos

Mis pequeñas revoluciones

1. Feature (1989)

Todo empezó con lápices, palillos y cinta adhesiva. Como tesis doctoral, Colin Angle presentó este ingenio, su idea de lo que debería ser una nueva generación de exploradores espaciales.

2. Genghis (1991) 

El desarrollo de Feature condujo a este prototipo, inspiración para el primer explorador de Marte. Hoy está en el Museo Smithsonian (Washington).

3. Hermes II (1991) 

El hermano mayor de Feature y Genghis culminó las ideas de Angle sobre robots espaciales cada vez más pequeños y movilidad basada en extremidades de insectos.

4. Roams (1996) 

Este robot con GPS de uso militar reconocía el terreno antes del avance de las tropas. Fue el primero con control remoto, para poder ser dirigido desde una distancia segura.

5. Fetch (1997) 

Diseñado para las Fuerzas Aéreas, este detector y desactivador de minas y bombas de racimo es el precursor de Roomba, el aspirador doméstico que ha convertido a iRobot en un gigante de la robótica.

6. Roomba 980 (2015) 

Este aspirador, el último de su saga, crea mapas de una casa entera. Sabe así dónde ha limpiado para proseguir su tarea si se queda sin batería. Se controla desde el móvil y está conectado a la nube.