El móvil, las llaves de casa, la agenda… ¿Por qué es tan fácil extraviar los objetos cotidianos? La clave está en nuestro cerebro. Por Judy Clarke / Fotografía: David Levene

El violonchelista Yo-Yo Ma se dejó su Stradivarius de 266 años de antigüedad, valorado en 2,5 millones de dólares, en un taxi de Nueva York. El olvido desencadenó una búsqueda policial por la Gran Manzana -con final feliz- que se convirtió en referencia clásica de los grandes despistes. Taxistas y coches de alquiler tienen un anecdotario infinito de olvidos de clientes, que incluyen hasta una pierna ortopédica.

Solo en el metro de la capital británica se extravían 80.000 paraguas cada año.

Que olvidemos tantas cosas en los coches, incluido el propio, tiene una explicación. “Conducir, de todas las acciones que realizamos a diario, es una de las más repetitivas. En el trayecto habitual que recorremos todos los días de camino al trabajo ponemos con frecuencia el piloto automático y aprovechamos para elaborar pensamientos e ideas” . Lo explica Maria Antonella Brandimonte, profesora de Psicología de la Universidad de Nápoles. Brandimonte explica así incluso los casos más dramáticos, como dejarse a un niño pequeño en el coche, bajo el sol. Según ella, la causa, cerebralmente hablando, no es diferente a la que hace que busquemos las gafas que tenemos en la cabeza o las llaves que sujetamos en la mano.

La razón

Una persona pierde hasta nueve objetos al día, en cuya recuperación invierte alrededor de un cuarto de hora, según una encuesta de una compañía de seguros británica. No es alzhéimer, simplemente somos incapaces de concentrarnos durante más de 20 minutos. Una vez transcurridos, nuestra mente vaga. Si a eso se añade el estrés, el cansancio y el multitasking, nuestra propensión a cometer errores se dispara. “Es un fallo de la interfaz de la atención y la memoria” , explica Daniel Schacter, psicólogo de la Universidad de Harvard, autor de Los siete pecados de la memoria. Ese fallo puede ocurrir en dos puntos. al activar nuestra memoria para codificar lo que estamos haciendo o al intentar recuperar el recuerdo. Cuando grabamos un recuerdo, el hipocampo -una parte del cerebro implicada en la memoria- hace una ‘instantánea’ que se guarda en un grupo de neuronas. Esas neuronas pueden ser activadas después, pero lo harán más fácilmente si algo las ‘activa’. Si el estado de la mente es distinto cuando intenta recordar que cuando ‘codificó’ ese recuerdo, puede ser un problema. Por ejemplo, si usted está hambriento cuando llega a casa y deja las llaves y luego sacia el apetito y va a buscar las llaves, la memoria puede tener dificultad para ubicarlas. Por eso es bueno ponerse en la situación de cuando el objeto se ‘perdió’, recordar detalles como que uno tenía hambre. Cuando más acerque su cerebro durante la búsqueda a la circunstancia de la pérdida, más fácil será encontrarlo.

Las razones genéticas. Nuestros genes son parcialmente responsables de este tipo de olvidos, según los expertos. En un reciente estudio de la Universidad de Bonn sobre 500 personas, los investigadores probaron que una variación del gen receptor de dopamina DRD2 llevaba a una mayor tendencia al olvido. Según el estudio, el 75 por ciento de la gente que tiene esta variación genética es más propensa a no recordar las cosas.

Una persona que pierde muchos las llaves de casa puede ocultar el deseo de cambiar de casa… o de pareja

Otro estudio reciente apunta a una causa ‘morfológica’ para explicar los olvidos circunstanciales. Los despistados poseen un cerebro ‘más grande’. Esto es lo que sostienen el neurólogo Ryota Kanai y sus colegas de la Universidad College de Londres, que han registrado volúmenes mayores en algunas zonas del cerebro de las personas despistadas. Se entregó un cuestionario a un grupo de 15 voluntarios para evaluar el grado de despiste. Los investigadores sometieron el cerebro de los voluntarios a un barrido con resonancia magnética. Los más atentos presentaban volúmenes inferiores del lóbulo parietal superior izquierdo, mientras que los desmemoriados tenían más materia gris precisamente en esa área cerebral. ¿Existe un centro de mando de la atención-distracción, con características fisiológicas diferentes, que distingue los cerebros de los despistados de los que no lo son? Los lóbulos frontales del cerebro son esenciales para la memoria de trabajo (de la que nos valemos, por ejemplo, para recordar un número de teléfono), junto con estructuras posteriores (los lóbulos parietales), que se conectan mediante gruesos haces de fibras nerviosas. En consecuencia podría pensarse (aunque aún no ha podido demostrarse) que la eficacia de estas redes nerviosas frontoparietales está vinculada con la capacidad de no distraerse por sucesos irrelevantes , afirma el director del estudio.

Distracción y creatividad

Los investigadores de la Universidad Northwestern (Estados Unidos) han indagado en la relación entre distracción y creatividad, y han descubierto que las personas hipersensibles a los sonidos (y que, por tanto, se distraen fácilmente si les molesta una música o un ruido) son más creativas que aquellas capaces de concentrarse incluso en ambientes ruidosos. El estudio ha demostrado que cuanto más le molesta a una persona el ruido, mayor es la probabilidad de que obtengan una buena puntuación en el test que mide la creatividad.

El despiste es también un mecanismo mental que nos ayuda a sobrevivir. En caso de pensamientos preocupantes, por ejemplo, distraerse ayuda a sortearlos y quizá, en esas divagaciones aparentemente inconexas, a dar con soluciones no evidentes.

Pero, además, hay otra explicación que los psicoanalistas contemplan: los despistes también pueden ser una señal de conflicto interior e indicar la necesidad de un cambio. Dicho de otra manera: una persona que pierde a menudo las llaves de su casa puede tener un deseo inconsciente de cambiar de residencia o de pareja.


Las ‘apps’ que le ayudan a encontrar las cosas

¿Dónde he aparcado? 

Una de las apps más usadas es Find My Car. Fija su posición a través del GPS. Luego, para volver al coche, solo hay que consultar Google Navigation. Además, permite sacar fotos del lugar e incluso poner un cronómetro si uno ha aparcado en zona restringida.

Cuando llueve…

Kisha es un paraguas conectado a una app que se comercializa como ‘imperdible’. Si se deja en un bar o en el taxi, avisa a través del smartphone. La distancia desata una alarma. Además, la aplicación es todo un parte meteorológico, que recomienda o no el uso del paraguas a lo largo del día.

He perdido el perro

Tile es un aparato de bluetooth creado para tener localizados a los perros y mascotas en general, pero su sistema es aplicable también a los objetos. Si el aparato (de 3,6 por 3,6 centímetros) se coloca en el llavero, por ejemplo, permite tener las llaves siempre detectables por el GPS.

No olvidar nada

We Note es una plataforma para “no olvidar nunca nada” . En realidad es un servicio de alertas para organizarse, en el que pueden incluirse datos como a qué hora debe regar las plantas o que sistemáticamente le recuerde si lleva las gafas cada vez que sale de casa.

El olvido más internacional Oficina de objetos perdidos del Departamento de Transportes de Londres. Solo en el metro de la capital británica se extravían 80.000 paraguas cada año.