Todos, hasta la más dulce abuelita, escondemos un yo malvado. Si alguien ha sabido estudiar y sacar a la luz nuestra faceta más perversa, ese es Philip Zimbardo. Por Eduardo Punset

El gran psicólogo neoyorquino saltó a la fama en 1971 con su experimento de la prisión de Stanford, donde recluyó a un puñado de estudiantes universitarios de clase media a quienes asignó roles de carcelero o de prisionero.

Siempre ha defendido que la maldad no es cuestión de genes, sino de entorno

En pocos días mostraron comportamientos extremos: abusivos y violentos, los guardias; profundas crisis emocionales, los prisioneros. El experimento se le fue de las manos y tuvo que abandonarlo en solo seis días, ocho antes de lo previsto.

Zimbardo siempre ha defendido que la maldad no es cuestión de genes, sino de entorno. “Desde pequeño, siempre creí en el poder de la situación para moldear a las personas, para bien o para mal” , me reveló en Puebla, México, cuando tuve la grata oportunidad de entrevistarlo. “Si eres pobre en una ciudad cualquiera prosiguió, el mal está por todas partes; en cambio, si te crías en un entorno rico, te rodea el éxito”. Y para analizar qué sucede si pones a buenas personas en un lugar malvado, realizó su famoso experimento. Observó que el mal corrompe incluso a los buenos, por muy hippies de la época que fueran.

Durante décadas, Philip Zimbardo se ha dedicado a la psicología del tiempo. Ha constatado que el mal se da en personas atrapadas en el presente, que nunca miran hacia el futuro, incapaces de sopesar las consecuencias que tendrán sus actos. “Si vives anclado en el presente o el pasado, no piensas en lo que sucederá si engañas, robas o practicas sexo no seguro”.

Por eso aboga por una educación centrada especialmente en el futuro; por recordar el pasado, vivir el presente y avanzar hacia el futuro. En definitiva. por no parar.

¿Quién es? 

Psicólogo social, 83 años. Ha sido profesor en las universidades de Stanford, Yale, Nueva York y Columbia. Además de un gran investigador, es un gran divulgador, con libros como La paradoja del tiempo y El efecto Lucifer, y la participación en programas como Discovering psychology.

¿De dónde viene?

Hijo de inmigrantes sicilianos, creció en el South Bronx de Nueva York, uno de los distritos más pobres de EE.UU., lleno de problemas sociales, delitos, drogas, prostitución… Ese pasado le sirvió para forjar su idea de que la situación y el entorno favorecen las conductas benévolas o malvadas.

¿Qué ha aportado?

Sus estudios son claves en aspectos de psicología social como la maldad, la autoridad, el terrorismo o incluso la tortura. Con sus experimentos reveló que todos compartimos conductas insospechadas que pueden emerger en circunstancias extremas o de opresión.

La anécdota

En solo tres días, un coche presuntamente abandonado quedó reducido a chatarra inútil en un barrio de Nueva York. Sin saberlo, los autores de los 23 actos destructivos del coche eran ‘cobayas’ de un experimento con el que Zimbardo estudió patrones y causas del vandalismo, en 1969.