Si se cree a salvo de la contaminación del aire en su casa o en la oficina está usted muy equivocado. Los últimos estudios alertan de que la mayor parte de los fallecimientos por polución tienen su origen en recintos cerrados. Por Carlos Manuel Sánchez

¿Dónde se respira mejor: en una calle urbana abierta al tráfico o en el salón de su casa (y quien dice casa dice la oficina o la escuela)? No se precipite, antes de responder inhale profundamente un par de veces…

Quizá le sorprenderá saber que estudios recientes señalan que en los espacios cerrados puede haber concentraciones más altas de contaminantes nocivos que en el exterior. Y que la calidad del aire que se respira en estos espacios, donde los habitantes de medios urbanos pasan el 90 por ciento de sus vidas, tiene un efecto determinante sobre la salud.

Cada año, la contaminación causa la muerte prematura de siete millones de personas en el mundo, cinco veces más que los accidentes de tráfico. Normalmente asociamos la polución con el humo de los tubos de escape y de las chimeneas de las fábricas. Pero según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la mayor parte de estos fallecimientos -unos cuatro millones- tiene por causa la contaminación del aire en recintos cerrados y mal ventilados. Tenemos al enemigo en casa, pero no lo sabíamos.

El enemigo se llama ‘materia particulada’ (PM, por sus siglas en inglés). Y es tan pequeña que solo se ve al microscopio. Se trata de las gotitas y fragmentos sólidos que flotan en el humo y el polvo en suspensión y que incluyen ácidos, amoniaco, productos químicos, metales, alérgenos, moho…

Estas partículas se clasifican según su tamaño. Las más temibles son las denominadas ‘partículas finas’, también conocidas como PM2.5 porque su diámetro es inferior a 2,5 micras. Son más pequeñas que los glóbulos rojos y, por tanto, fácilmente transportables en el torrente sanguíneo. Estas motitas burlan nuestras barreras naturales (los mocos de la nariz, los estornudos) y se depositan en lo más recóndito de nuestros bronquios y pulmones. Numerosos estudios relacionan la exposición a las PM2.5 con enfermedades respiratorias crónicas y con el asma y las alergias, pero también con ataques al corazón, arritmias, embolias… Las consecuencias se agravan en los espacios habitados por niños y ancianos. Y se multiplican exponencialmente donde viven fumadores.

Gas radiactivo

La materia particulada no es el único asesino. También está el radón, un gas radiactivo que se forma en el suelo y se filtra por las paredes de los edificios aprovechando los poros del cemento y cualquier pequeña fisura, y que ya es la segunda causa de cáncer de pulmón en Estados Unidos. Al humo del tabaco, el monóxido de carbono, el dióxido de nitrógeno, el benceno y el arsénico que expelen los motores diésel de algunos generadores y calderas hay que sumar los compuestos volátiles que se cuelan a veces por las ventanas abiertas; por ejemplo, los humos de los coches que los padres tienen en punto muerto a la hora de recoger a sus chavales a la puerta del colegio.

Es un problema sobre todo de los países en vías de desarrollo, donde 3000 millones de personas (la mitad de la humanidad) cocinan y calientan sus hogares con leña, carbón y excrementos de animales, pero se equivoca quien piense que están libres de peligro los europeos, cuya esperanza de vida se reduce en nueve meses por término medio. Respirar aire contaminado está detrás de la muerte prematura de 403.000 personas en la Unión Europea. Son datos del último informe anual de calidad del aire de la Agencia Europea del Medio Ambiente. En España hay 27.000 víctimas de la contaminación. 25.000 por partículas finas, 1800 por ozono y 200 por dióxido de nitrógeno.

Sin embargo, el aire tóxico que se respira en muchos espacios cerrados apenas había preocupado hasta ahora a la opinión pública y a los políticos. Los fondos para financiar su investigación son unas cien veces menores que los dedicados a los estudios del aire en el exterior. Y eso que algunos estudios son muy llamativos.

Nos volvemos ‘tontos’

Por ejemplo, se ha demostrado que los niveles cognitivos disminuyen en oficinas con peor calidad de aire hasta un 61 por ciento. Nos volvemos más ‘tontos’ cuando trabajamos en un entorno mal ventilado. Y también aumentan nuestros niveles de ansiedad.

La calidad del aire nunca fue una prioridad para los promotores inmobiliarios, pero el problema en la construcción se ha ido agravando en las últimas décadas. «A partir de los años cincuenta, los arquitectos han sido propensos a diseñar unos edificios más herméticos, sobre todo para garantizar un uso más eficiente de la energía», explica a la revista Newsweek Joseph Allen, investigador de Harvard. Pero las construcciones de este tipo acumulan dióxido de carbono y otros elementos contaminantes; lo que a su vez causa el ‘síndrome del edificio enfermo’, que padecen las construcciones mal diseñadas y ventiladas.

Este síndrome reduce un 10 por ciento la productividad anual y un 25 por ciento el rendimiento laboral, según un estudio del Observatorio DKV Salud y Medio Ambiente. La aseguradora calcula que hasta un 30 por ciento de los edificios de oficinas pueden tener problemas importantes. Entre el 10 y 30 por ciento de sus ocupantes sufre síntomas relacionados con la deficiente calidad del aire interior. irritación y picor de ojos y garganta, lagrimeo, dolor de cabeza, náuseas, mareos, infecciones respiratorias, sinusitis, erupciones cutáneas, fatiga, hipersensibilidad… Los problemas se agravan por las tardes y son más frecuentes en el sector público que en el privado.

Los procedimientos arquitectónicos están mejorando y cada vez hay más arquitectos que diseñan sus edificios teniendo en cuenta el aire que sus inquilinos van a respirar. Pero el progreso es lento. En España solo hay un edificio residencial con la certificación Leed, que reconoce la excelencia medioambiental.

Sin aire acondicionado

Es un inmueble de 80 viviendas construido por una cooperativa en Tres Cantos (Madrid). No tiene calderas, ni radiadores ni aparatos de aire acondicionado. Cumplir los exigentes requisitos, la mayoría de los cuales serán obligatorios a partir de 2020, supuso un desembolso extra de 6000 euros por hogar en plena crisis del ladrillo y sin ayudas públicas. En nuestro país hay otros 138 edificios con certificado Leed, pero son oficinas, hoteles y locales comerciales. En todo el mundo hay apenas 49.000.

Que la sensibilidad sobre este asunto empieza a cambiar se nota también en la irrupción de una incipiente industria relacionada con los filtros y sensores. Una nueva generación de dispositivos para medir la calidad del aire ha salido al mercado con precios inferiores a los 200 euros. Detectan las partículas PM2,5, los compuestos volátiles orgánicos, el nivel de humedad… Ya hay sensores que se sincronizan con los sistemas de ventilación para activarlos cuando las concentraciones de dióxido de carbono son elevadas.

Pero es la start-up estadounidense Aclima la que ha logrado un mayor impacto mediático gracias a su asociación con Google. Aclima ha dotado de sensores a los coches de Google Maps para establecer mapas urbanos de calidad del aire en exteriores, pero también ha instalado dispositivos en 21 edificios de Google para garantizar que sus empleados respiran aire libre de materia particulada. Lo más interesante es que toda la información va a la nube y Aclima es capaz de procesar medio billón de datos brutos diarios.

El big data servirá para guiar la construcción del futuro, aseguran. El impacto potencial es enorme si se tiene en cuenta que todavía está por construir el 70 por ciento de la infraestructura mundial para albergar a los 700 millones de nuevos habitantes de grandes ciudades que habrá en 2050, sobre todo en la India y China. Los fondos de inversión ya están invirtiendo en compañías relacionadas con las infraestructuras limpias.


Polución en espacios cerrados

En el hogar, el trabajo, el colegio o en los comercios puede haber contaminantes atmosféricos en concentraciones elevadas que provocan problemas de salud.

1. Humedad. Cientos de especies de bacterias, hongos y mohos pueden crecer en espacios cerrados si disponen de suficiente humedad. La exposición puede causar problemas respiratorios, alergias y asma y afectar al sistema inmunológico.

2. Radón. La inhalación de este gas radiactivo puede ser perjudicial para los pulmones y provocar cáncer de pulmón.

3. Alérgenos (incluidos los pólenes). Pueden agravar los problemas respiratorios y provocar tos, opresión torácica, irritación ocular y erupciones cutáneas.

4. Sustancias químicas. Algunas sustancias químicas nocivas y sintéticas utilizadas en productos de limpieza, alfombras y menaje pueden dañar el hígado, los riñones y el sistema nervioso, provocar cáncer, náuseas e irritar los ojos, la nariz y la garganta.

5. Monóxido de carbono (CO) y dióxido de nitrógeno (NO2).
El CO puede ser mortal en dosis altas y provocar dolor de cabeza, mareos y náuseas. El NO2 puede irritar ojos y garganta y causar sofocos e infecciones respiratorias.

6. El humo del tabaco. La exposición agrava problemas respiratorios (por ejemplo, el asma), irrita los ojos y es causa de cáncer de pulmón, dolor de cabeza, tos y molestias de garganta.


 Trucos para mejorar la calidad del aire

Conectar el extractor de humos a la hora de cocinar. Utilizar el fuego lento siempre que sea posible. Tapar las cacerolas.

Prescindir de alfombras y cortinas, pues los elementos contaminantes suelen acumularse en los elementos de tapicería.

Limpiar con aspiradores dotados de filtros HEPA de alta eficiencia.

Evitar la utilización de productos que contengan compuestos orgánicos volátiles (COV), como pinturas, barnices, moquetas…

Realizar un buen mantenimiento de las instalaciones de climatización, limpiando a menudo los filtros y los conductos para evitar la propagación de polvo y agentes alergénicos.

La ventilación natural es preferible a la mecánica, aunque esto vaya en detrimento de la eficiencia energética del edificio. Y si se utiliza la mecánica, se debe poder medir la calidad del aire que se está reciclando.

Mantener a raya la humedad y su compañero inseparable, el moho, con medidas como ventilar, tender la ropa fuera, instalar un extractor en el baño, tomar duchas cortas, cocinar con tapa, no pasarse con el número de plantas…

No fumar y menos aún en interiores. Para limpiar el humo de un solo cigarrillo, hacen falta cien metros cúbicos (cien mil litros) de aire fresco.


PARA SABER MÁS

Observatorio 2015 DKV Salud y Medio Ambiente. Hogares Saludables, Edificios Sostenibles.