La doctora Fiona MacNeill es una de las mayores expertas en oncoplastia, la reconstrucción del pecho al extirparse un tumor. Aunque le apasiona su trabajo, está segura de que aún se puede avanzar mucho en el tratamiento de este tipo de cáncer. Por Louise Carpenter 

En el hospital Royal Marsden de Londres, las luces del quirófano enfocan a Sharon, de 52 años, que está tumbada en la mesa de operaciones. Cubierta por una sábana, tan solo su pecho derecho está a la vista.

La cirujana Fiona MacNeill trabaja con habilidad y seguridad en sí misma, encorvada sobre la mesa. Está extirpando un tumor maligno a la vez que remodela el pecho, para que cuando Sharon despierte tras la tumorectomía, la sensación de rechazo sea mínima o incluso nula. Está previsto que Sharon duerma en casa esa misma noche.

«Es la que mejor trabaja», me ha dicho la paciente antes de someterse a la anestesia general, en referencia al enorme prestigio de MacNeill como cirujana especializada en el cáncer de mama. Fue la primera mujer profesora en el Real Colegio Británico de Cirujanos y en 1996 fundó una novedosa unidad de cáncer de mama en el hospital de Colchester, en el condado de Essex. Diez años después entró a trabajar en el Royal Marsden de Londres y es la actual presidenta de la Asociación Británica de Cirujanos de Cáncer de Mama. Además, se ocupa de la formación en el hospital de la próxima generación de cirujanos de este tipo de enfermedad, no solo en lo referente a su capacitación quirúrgica, sino también a la forma de tratar con las pacientes en el futuro.

«Empatía», «sensibilidad»… Son algunas de las palabras que no siempre se suelen asociar a los cirujanos, pero que sin embargo están íntimamente ligadas a la labor de MacNeill. No quiere únicamente que los cirujanos de cáncer de mama sean unos profesionales mejores y más amables «los cirujanos pueden ser muy egocéntricos», afirma , sino que también está empeñada en hacer mucho más por las mujeres, ya se trate de las que están sobre la mesa de operaciones de un quirófano o de las que blanden el escalpelo.

MacNeill habla en primer lugar sobre los pacientes. «Hago todo cuanto está en mis manos para salvar el pecho», dice. No hace falta agregar que también salva vidas. «No me gusta hacer mastectomías», reconoce. «Hoy se están efectuando enormes progresos, y la cirugía en el futuro estará considerada como un tratamiento más bien medieval, propio de una época muy molecular. Todo cuanto hago se basa en el intento de minimizar el recurso a la cirugía radical».

El control emocional

En el quirófano, MacNeill extrae el pequeño tumor enclavado en lo más profundo del pecho derecho de Sharon (el tumor llegó a tener 3 centímetros, pero ha sido reducido mediante quimioterapia). «En el pasado, Sharon se despertaría con un pecho que parecería haber sido mordido por un tiburón. Pero hoy podemos ofrecer el mejor tratamiento de oncología combinado con el mejor tratamiento estético. Hemos adaptado las técnicas de la cirugía plástica para las mujeres con cáncer de mama, con el fin de mantener la forma de sus pechos».

Empieza a extraer la menor cantidad posible de ganglios linfáticos. Cada uno tiene el tamaño de una pequeña pepita de granada. Su asistente lleva los ganglios a analizar, para determinar si el cáncer se ha extendido. Todo esto es angustioso, pero MacNeill sigue trabajando como si nada. Si efectivamente se ha extendido, ¿cómo va a poder decírselo a la cara?

«No puedo implicarme emocional-mente», responde. «El estrés sería excesivo. Una tiene que distanciarse un poquito. Siempre es maravilloso compartir una buena noticia, ¿pero qué pasaría si las noticias luego fueran malas? Has de encontrar la manera de distanciarte sin perder tu empatía y sin dejar de prestar apoyo a tu paciente».

Llegan los resultados. No hay ningún problema con los ganglios. «Una buena noticia», aprueba MacNeill con calma.

Menos cortes

MacNeill explica que el futuro tratamiento del cáncer de mama irá reduciendo el uso de las técnicas que ella hoy emplea. En su mismo hospital ya se investiga para identificar las diferencias moleculares entre los tumores de las distintas mujeres y así poder diseñar un tratamiento farmacológico personalizado. No habrá tantos cortes. Se conservarán más pechos. Se reducirá el tiempo de hospitalización. Ya está pasando, hasta cierto punto, en lo que se refiere a los tratamientos hormonales, de quimioterapia y radioterapia. Sin embargo, hay mujeres que solo pueden ser tratadas con tumorectomía o intervenciones más radicales como la mastectomía, ya sea para salvaguardar sus vidas o para eliminar el riesgo de que el cáncer se desarrolle en el futuro.

Durante la primera parte de su carrera como cirujana general, MacNeill estuvo en la vanguardia de quienes trataban de llevar la cirugía de mama ‘a otro nivel’. Durante años, no existió lo que hoy conocemos como «un cirujano especializado en cáncer de pecho».

La iniciativa partió de un reducido grupo de profesionales que sabía lo que el cáncer de mama suponía para las mujeres en el plano emocional. Fiona era doblemente consciente pues, a diferencia de sus colegas, tenía pechos. «La situación era escandalosa», recuerda. «Hasta finales de los años 90, o sea, hasta hace muy poco, se extirpaba el pecho, ¡y la paciente tenía que ‘ganarse’ la reconstrucción sobreviviendo durante los siguientes cinco años! Los cirujanos plásticos varones te lo preguntaban directamente. ‘Pero bueno, ¿esta paciente se lo ha ganado, sí o no?’. Yo lo encontraba horroroso. Hoy las cosas han cambiado».

Un modelo a seguir

Su trabajo como mentora o profesora de nuevos cirujanos tiene un significado adicional para ella por el hecho de ser mujer. En el pasado, durante sus inicios profesionales, tenía que cambiarse en unos vestuarios diseñados para hombres, en los que alguna vez no pudo ni prepararse una taza de café porque los cirujanos hombres estaban cambiándose de ropa. Formada en una época en la que «existían muy pocas cirujanas, y las que existían vestían como los hombres y fumaban cigarros puros», hoy está empeñada en que las jóvenes a las que educa lleguen a gozar de un entorno laboral que a ella le estuvo vedado.

MacNeill no tiene hijos, porque no ha querido tenerlos, y su matrimonio se fue a pique a causa de las largas horas de trabajo. Pero en 2016, a pesar de que vive por y para el trabajo, aspira a que las cirujanas de la nueva generación puedan disfrutar de las elecciones vitales de este tipo.
«No me gusta que las mujeres se sientan obligadas a sacrificar su condición de mujeres para trabajar como cirujanas. Tengo claro que muchas no se convierten en cirujanas porque creen que tienen que hacer el sacrificio de no tener hijos, y diría que esto sucede porque no hay muchas cirujanas con hijos que les sirvan de modelo».

Con todo, MacNeill es consciente de la dificultad de compaginar su trabajo con la vida familiar. «Yo puedo operar a una paciente hasta la medianoche, pero es evidente que vivir con una cirujana no resulta fácil, porque tu familia se convierte en algo secundario en relación a las pacientes. Creo que mi papel es decir a las (futuras) cirujanas. ‘Eres una madre fantástica, porque eres un modelo a seguir para tus hijos, y eres una cirujana magnífica, porque entiendes a tus pacientes’».

cirujana apertura

Una pionera

La doctora MacNeill con sus asistentes en el quirófano del hospital Royal Marsden de Londres. Fue una de las primeras mujeres en operar cánceres de mama.

quirofano 1000

EVOLUCIÓN EN TRES PASOS

Fiona MacNeill estuvo entre los pioneros en desarrollar las tres principales innovaciones en la reconstrucción mamaria derivada de un cáncer.

1 / RECONSTRUIR después de extirpar. La primera innovación fue la reconstrucción de un pecho femenino después de la extirpación de un tumor, usando el tejido pectoral preexistente, que el cirujano libera y moldea con los dedos para poder tapar el hueco. Es un poco como quien juega con el relleno de una almohada para conseguir un volumen uniforme.

2 / NUEVO PECHO IN SITU. La segunda innovación fue el hecho de proporcionar a la mujer un nuevo pecho (o pechos) en el momento mismo de la mastectomía, en forma de implantes (la propia MacNeill se encarga de hacerlo por su cuenta en una sola operación), para que la paciente no se despierte con un busto liso.

3 / UN CIRUJÁNO PLÁSTICO AL LADO. La tercera fue la decisión de trabajar codo con codo con un cirujano plástico en el momento de extirpar los pechos; el cirujano plástico a continuación construye otros nuevos a través de un método conocido como reconstrucción mamaria mediante perforador epigástrico profundo o DIEP, en sus siglas inglesas. Se trata del método más avanzado en este campo. el cirujano usa la piel, el tejido y la grasa del cuerpo (de la barriga, si es posible) para construir un pecho cuya forma cambia con el cuerpo a lo largo de los años, en función de la pérdida o ganancia de peso.

La doctora MacNeill hace unas 200 operaciones de este tipo al año. El resultado es que las mujeres con cáncer de mama invasivo muchas veces no solo terminan por curarse, sino que, una vez creados el pezón y la aureola, también pueden llegar a superar lo que la doctora MacNeill llama «el test de la mamografía». «Nuestro objetivo es que, cuando la paciente vuelva a hacerse una mamografía, la persona que se la esté haciendo no llegue a darse cuenta de lo sucedido».

¿Reconstruir el pecho o no? Una decisión personal

«La reconstrucción mamaria proporciona una mejoría estética y en la imagen que, indudablemente, repercute en el estado de ánimo. Pero a veces, no es fácil tomar la decisión de reconstruir».

La Asociación Contra el Cáncer es muy clara a la hora de abordar este tema. Hay tantas mujeres que deciden reconstruirse la mama como lo contrario. Y ambas son decisiones totalmente válidas.

Lo único importante es estar bien informado. Hay muchas técnicas diferentes y distintos plazos para hacerlo. Optar por uno u otro es una decisión personal.

En España cada año se diag-nostican 26.000 casos. Cataluña es la región que más diagnósticos acumula, con una incidencia de 83,9 casos por cada 100.000 habitantes. La media nacional es de 50,9 pacientes por cada 100.000 habitantes.

De los casos diagnosticados, en torno al 64 por ciento acaba en mastectomía. Es decir, se someten a este tratamiento quirúrgico cerca de 16.000 mujeres anualmente.

Se estima que en nuestro país solo se reconstruyen las mamas el 30 por ciento de las operadas de mastectomía, y que, de ellas, únicamente el 40 por ciento lo hace de forma inmediata.


PARA SABER MÁS

Asociación Española Contra el Cáncer.