Las enfermedades que han torcido la historia

Las dolencias de los poderosos han cambiado el destino de la humanidad. El mundo habría sido otro si Napoleón no hubiera tenido hemorroides, por ejemplo, o si la hemofilia no hubiera anidado en los Romanov. Por Carlos Manuel Sánchez

Se suele enseñar que el curso de la Historia está marcado por las grandes batallas, tanto en la guerra como entre ideas o sistemas que compiten. Y solo unos pocos personajes -presidentes, reyes, dictadores, revolucionarios- tienen poder suficiente para cambiar su rumbo. Sin embargo, la intervención de otros personajes influyentes suele pasar inadvertida. Quizá porque son microscópicos. Se trata de las bacterias, los parásitos y los virus, que son capaces transformar la demografía, la economía y la política.

Irwin Sheman, profesor emérito de la Universidad de California, cita algunas enfermedades que han cambiado la historia de la humanidad. tuberculosis, sífilis, gripe, peste bubónica, cólera, fiebre amarilla… En ocasiones son dolencias que no afectan directamente a las personas, como el hongo de la patata, que causó la gran hambruna y la emigración irlandesa. Algunas han sido erradicadas, caso de la viruela, y otras siguen matando por millones, como la malaria. Y en unos pocos casos su trascendencia se debe precisamente a que afectaron a personajes clave. Por ejemplo, la hemofilia que debilitó a la dinastía Romanov en Rusia y facilitó la caída de los zares y el ascenso de los bolcheviques. O la porfiria que padecieron muchos monarcas británicos, que sufrían de alucinaciones, paranoias y ansiedad.

Los romanos, por ejemplo, se envenenaban sin saberlo, pues añadían plomo al vino para endulzarlo y también al maquillaje de las mujeres, sobre todo las clases altas. La concentración del metal era 16.000 veces superior a la dosis que se considera tóxica. Los trastornos psiquiátricos de muchos emperadores podrían deberse al saturnismo o envenenamiento por plomo.

Muchos emperadores romanos murieron por añadir plomo al vino: tomaban una concentración 16.000 veces tóxica

Es esta confluencia entre los grandes personajes y los achaques que acaban truncando sus planes la que interesa al doctor Pedro Gargantilla, profesor de Historia de la Medicina en las universidades Francisco de Vitoria y Europea de Madrid, que acaba de publicar Enfermedades que cambiaron la Historia, una obra llena de curiosidades, y en la que se citan desde la pancreatitis que acabó prematuramente con la vida de Alejandro Magno y, de paso, con su imperio, hasta el embarazo fantasma de María Tudor, casada con Felipe II. El vientre de la soberana inglesa se ensanchó y llegó a sentir las patadas del feto, pero al noveno mes todo desapareció. Era un trastorno psicológico. De haber sido un embarazo real, su hijo habría heredado las coronas de España, Inglaterra y Países Bajos, de manera que el mapa de Europa habría cambiado por completo. Pero María Tudor murió sin descendencia.


PARA SABER MÁS

Enfermedades que cambiaron la Historia. Pedro Gargantilla. La Esfera de los Libros.