Solo los fines de semana, y por unas horas, los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos pueden acercarse a la valla que los separa y charlar con sus familias. Por M. Giménez

Este es el lado mexicano del parque de la Amistad. Es una franja de 15 metros de la valla que separa México y Estados Unidos a la altura de Tijuana. Hace años que es un punto de reunión familiar. Antes había una malla de alambre que dejaba huecos y se podían intercambiar comida y besos. Incluso había agujeros por los que cabían niños. Todo cambió con el 11 de septiembre de 2001. Bush reforzó los controles, militarizó su lado del tramo y se alzaron dos tapias de acero.

Después del 11-S, EE.UU. levantó dos tapias de acero

Las Iglesias y organizaciones humanitarias presionaron y hace cuatro años se llegó a la actual situación: las familias se pueden rozar a través del acero los sábados y domingos de diez de la mañana a dos de la tarde mientras los agentes del Servicio de Aduanas de Estados Unidos hacen la vista gorda. Y en 2013 y 2015 en el Día del Niño se abrió una puerta durante dos minutos para que las madres abrazaran a sus hijos pequeños. En la parte mexicana tocan mariachis y se celebran bodas y fiestas. En ambos lados hay llantos.