Grandes museos como el Reina Sofía y la Tate Modern de Londres reivindican a Wifredo Lam, aglutinador del cubismo, el surrealismo y lo caribeño. Por Suzana Mihalic

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Wifredo Lam (Sagua La Grande-Cuba-, 1902- París, 1982)

 

Colores vibrantes y musicales

Era hijo de un chino y una mulata, y ese mestizaje lo trasladó también a su arte. se impregnó de cubismo y surrealismo en París, donde admiró a Pablo Picasso y se contagió, además, de la fascinación por lo africano.

Wifredo Lam fue un hombre inquieto, viajero, siempre atento a lo nuevo. En su obra hay guiños a Henri Matisse, está la santería cubana, los ritmos y colores del Caribe…

 

El Centro Pompidou de París y el Museo Reina Sofía de Madrid han reivindicado su figura con una generosa retrospectiva que ahora llega a la Tate Modern de Londres.

1. La composición: la jungla

La composición está dominada por extrañas figuras que adoptan las formas y posiciones más imposibles. Son figuras del mundo animal y del humano nacidas del cubismo y ligadas a las creaciones surrealistas de Picasso. En palabras del propio Lam, tanto esta obra como su obra más conocida, La jungla pintada en el mismo año: 1943 , intentan comunicar un estado psíquico.

2. El dios: Eleguá

Los rostros, situados en torno al cuerpo de un caballo, representan múltiples cabezas de Eleguá, una de las deidades de la religión yoruba que abre los caminos para continuar en aquella fe. La fusión surrealista-santería cubana de Lam tiene sus orígenes en un viaje que hizo en 1940 a Haití y Cuba con André Breton y de la influencia de su hermana y su madrina (una mujer afrocubana), que eran sacerdotisas de santería.

3. El fondo: multiperspectiva

Lam prescinde de los elementos habituales de un fondo como el cielo, el horizonte o una vista en perspectiva. En esta obra solamente hay una insinuación ligera de la existencia de un suelo en el que se apoyan las patas del caballo. Sobre el resto del fondo, sueltas pinceladas de diferentes ángulos y tonos verdes simulan distintas especies de la flora autóctona cubana, aunque solo se pueden reconocer algunas cañas de azúcar y hojas de tabaco.

4. La paleta: más fuerte

Los colores fuertes y, sobre todo, los predominantes tonos verdes subrayan las alusiones que el artista hace a un bestiario fantástico y místico que está, además, vinculado con la práctica del vudú. El rojo intenso y el amarillo arropan a la figura central, contrastando con el color negro del torso y el cuello. De la cabeza, también medio ensombrecida, nacen líneas que, como las crines de un caballo, caen hacia abajo.

5. Mujer: maternidad

La figura de la derecha, junto a lo que podría ser un caballo, es una mujer (lo es al menos en la parte superior de su cuerpo), pero con patas de animal. El vientre parece hacer alusión a la maternidad. Lam provoca inquietud con los ojos de varias criaturas que observan el entorno desde el rojo vivo de ese vientre. El conjunto parece hacer referencia a una familia compuesta por criaturas mitológicas y humanoides.

6. Líneas: mínimas

Las diferentes partes de los cuerpos y, sobre todo las cabezas y los ojos, son círculos dibujados de la forma más simplificada posible. En dos de las cabezas, las bocas están reducidas a tres líneas cortas. El rostro de la mujer es el que está más trabajado. Las manos y los pies son líneas simples, pero están desproporcionadas y aparecen dispersas por todo el cuadro; estos están situados en cualquier lugar menos en el que por naturaleza les corresponde.

Wifredo Lam / The Sombre Maleno, God of the Crossroads, 1943 Private Collection. The Ruman Trust.


PARA SABER MÁS

Tate Modern. Exposición. Wifredo Lam. Hasta el 8 de enero de 2017.