Una familia española custodia un ejemplar único de ‘La teoría de la relatividad’, de Albert Einstein: es una primera edición firmada por el científico alemán cuando vino a España. Por Fátima Uribarri

La Academia de Ciencias y Humanidades de Israel custodia en una habitación especial, con una temperatura estable de 18 grados, una humedad controlada y luz limitada de 50 lux, las 46 páginas escritas en alemán y regadas de fórmulas matemáticas en las que Albert Einstein desarrolló en 1915 su imprescindible teoría de la relatividad.

27-10-2016. Firma Albert Einstein Foto: © Carlos Carrión. Todos los derechos reservados.

Federico Alicart hizo de traductor de Einstein cuando vino a España en 1923 y le pidió que rubricara su ejemplar de ‘La teoría de la relatividad’, publicada en 1916 / Carlos Carrión

El texto lo publicó al año siguiente –en 2016 se cumplen cien años– el editor de Leipzig Johann Ambrosius Barth. Una familia española, los Aparici, custodia un ejemplar de la primera edición de aquel texto.

27-10-2016. Firma Albert Einstein Foto: © Carlos Carrión. Todos los derechos reservados.

En 1922 habían asesinado en Alemania al ministro Rathenau, judío como Einstein. El científico decidió dar charlas en el extranjero / Carlos Carrión

Un ejemplar único porque, además, está firmado por Albert Einstein. Lo heredaron de su tío Federico Alicart, el erudito que hizo de traductor del científico alemán cuando visitó España en 1923.

Madrid, 04/03/1923. Visita a España del Premio Nobel de Física Albert Einstein. En la imagen aparece acompañado de Alfonso XIII y los miembros de la Academia de Ciencias.

Visita a España de Albert Einstein. En la imagen aparece acompañado de Alfonso XIII y los miembros de la Academia de Ciencias / Archivo ABC

El periplo español de Einstein fue de lo más curioso. A España vino invitado por el físico Esteve Terradas y el matemático Julio Rey. No fue nadie a buscarlo a la estación de tren de Barcelona porque se le olvidó avisar de cuándo iba a llegar, así que se fue andando a una pensión con su mujer. Estuvo en Barcelona, Zaragoza y Madrid. Le pagaron siete mil pesetas (un dineral entonces) por sus charlas, que casi nadie comprendió. Federico Alicart, ingeniero de Caminos, matemático y políglota, fue de los pocos que le entendieron: había leído su teoría en el ejemplar que Einstein le firmó.