Artemisa Gentileschi es una de las grandes pintoras de la historia del arte. En el siglo XVII sobresalió con sus obras potentes, marcadas por la violencia y la rebeldía. Como su vida. A los 19 años, la violó otro pintor. Por Fátima Uribarri

Las actas de aquel humillante proceso, que marcó dramáticamente la vida y la obra de esta maestra del Barroco, se publicaron en 2016 por primera vez en España.

“Cuando llegamos a la puerta de mi aposento, él me empujó y la cerró con llave. Me arrojó al lecho, me puso una rodilla entre los muslos para que no pudiera juntarlos y me puso una mano con un pañuelo en la boca para que no gritase”.

“Me sujetó las manos. Aunque por el estorbo que me tenía en la boca no podía gritar; con todo, yo intentaba dar voces. Le arañé la cara y le arranqué el pelo. Pero no se le dio un ardite y siguió su faena. Y después que hubo su contento se quitó de encima y yo, viéndome libre, fui al cajón de la mesa y cogí un cuchillo y me llegué a Agostino diciendo: ‘Te voy a matar porque me has infamado'”.

Artemisa

Artemisia Gentileschi

Apenas le hizo un rasguño en el pecho con la punta del cuchillo. Ella lloraba: «Me dolía de la afrenta que me había hecho y él para acallarme me dijo: “Os prometo casarme con vos en cuanto salga del laberinto en que me hallo”. Y con esa promesa me indujo luego a consentir amorosamente en “satisfacer sus deseos más veces”. Este relato (con detalles mucho más explícitos) es de la pintora Artemisia Gentileschi ante el juez. Declara que ha sido violada por Agostino Tassi, colega y amigo de su padre: el pintor Orazio Gentileschi.

“Le arañe la cara y le arranqué el pelo, pero siguió la faena”, declaró la pintora en el juicio por violación

El proceso -que se celebró en Roma entre marzo y octubre de 1612 torció- para siempre la vida de Artemisia: la pintora más popular del Barroco, una de las grandes de la historia del arte. Se publican en España sus cartas y las actas de aquel juicio escabroso, donde no faltaron los llantos, las mentiras, la compra de testigos e incluso la tortura: a ella misma, que era la víctima, le machacaron los dedos para comprobar si era cierto lo que declaraba. Para Artemisia, que tenía 19 años, fue una constante humillación; también soportó revisiones ginecológicas ante los jueces.

El asunto de la violación envolvió la vida de la artista, que ha pasado a la historia con un aura «de heroína maldita, de vida tormentosa», afirma Estrella de Diego en el prólogo de Artemisia Gentileschi. Cartas precedidas de las actas del proceso por estupro (Cátedra).

Agostino Tassi, el violador de Artemisia Gentileschi, era un paisajista notable de pasado turbio

También es una de las pocas artistas antiguas que figuran en los manuales de historia del arte. Fue una de las principales propagadoras del estilo de Caravaggio. Sus obras emanaban, además, fuerza y personalidad: “Con un despliegue portentoso de texturas, tonos y maneras muy diferentes de enfrentar el relato, los cuerpos y el propio canon”, explica Estrella de Diego.

En el siglo XVII no estaba bien visto ser mujer y artista. No era costumbre que una joven se formara como pintora: no era conveniente a ojos de la moral pública que compartiera espacio con hombres. Pero Artemisia desbordaba talento. Su padre se dio cuenta y no solo le permitió pintar en su taller, sino que hizo propaganda de sus dotes: “Quizá ni los principales maestros del oficio alcanzan su saber”, escribió a la duquesa de Lorena.

Artemisa

Obra ‘Judit y Holofermes’, de Artemisa Genrileschi

Quiso Orazio que su hija mejorase. Por eso le pidió a Agostino Tassi, con el que estaba pintando los frescos para la Lonja de las Musas en la residencia del cardenal Scipione Borghese, que le diera lecciones de perspectiva.

Agostino que ya conocía el rostro de su futura alumna, pintado en aquellos frescos por Orazio tenía fama de bribón. Se decía que había estado en galeras. Había cambiado su plebeyo apellido real, Buonamici, por el de Tassi, de más relumbrón y adoptado de su mecenas, el conde Tassi. Era Agostino un paisajista notable que había estado al servicio del gran duque de Florencia, y un caradura con las mujeres: cuando se abalanzó sobre Artemisia estaba casado y la engañó para continuar la relación prometiéndole matrimonio.

Cuando lo denunció por agredir a su hija, Orazio también lo acusó de haber robado un cuadro de su taller. Y, sin embargo, en una incongruencia más, cuando Agostino salió de la cárcel en el juicio no se pudo demostrar su culpabilidad, Orazio Gentileschi retomó su amistad con él. Para entonces, Artemisia ya estaba lejos. Nada más terminar el juicio se casó a la carrera con Pietro Antonio Siattesi y se marchó a Florencia para huir del escándalo.

Pionera y rompedora

En Florencia nacieron sus cuatro hijos (solo sobrevivió una niña) y allí disfrutó Artemisia de una fructífera etapa profesional: trabajó para el gran duque Cosme I y fue la primera mujer en ingresar en la Academia del Diseño. También fue una de las elegidas para decorar la Academia Buonarotti. De esa época es su gran obra maestra Judit y Holofernes (una de las versiones que hizo), un lienzo que según algunos expertos supera al mismísimo Caravaggio. Es fácil ver en la espada que empuña Judit el cuchillo que Artemisia quiso clavar a su violador. La violencia del cuadro es tan potente que la gente se negaba a creer que la autora fuera una mujer. Lo era, una con mucho carácter. Se comprueba en sus cartas, en las que no solo reclama sus honorarios, sino que también se hace valer: «Esto le mostrará a su señoría lo que una mujer puede llegar a hacer», dice en una dirigida a su mecenas, Antonio Ruffo.

Su pintura sobresale por el despliegue de tonos y texturas y por la manera de enfrentar el canon

Era fuerte. Su marido, endeudado y tarambana, la dejó en Florencia. Ella siguió adelante. Regresó a Roma, vivió en Génova y Nápoles y fue alimentando su prestigio artístico. Su versión de Susana y los viejos o su Autorretrato como alegoría de la pintura fueron atrevidos y deslumbrantes. Viajó por Europa y acabó en Inglaterra, donde su padre era pintor cortesano y en la que Artemisia realizó nueve pinturas para la casa de la reina en Greenwich. Orazio murió en Londres, Artemisia regresó a Nápoles. Hay cartas a su mecenas que prueban que con 57 años seguía en activo. Y altiva. Fue brava, como Cleopatra, Judit, Diana, Betsabé, Dalila o Magdalena, protagonistas de sus lienzos. «Es un símbolo de enorme fascinación tanto por las vicisitudes de su vida como por el desarrollo de su obra», concluye Eva Menzio, compiladora de las actas del caravaggesco proceso que marcó a Artemisia.


 La Artemisia sevillana

Aunque Luisa Ignacia Roldán, la Roldana, nació (en 1652) casi cuando Artemisia Gentileschi murió (en 1654), tuvo mucho en común con ella. Ambas sobresalieron como artistas del Barroco cuando escaseaban las mujeres artistas. La Roldana también se formó como escultora en el taller paterno, también tuvo líos judiciales (acudió al juez para poder casarse con un discípulo de su padre) y también triunfó en vida: fue la primera escultora de la Cámara Real (de Carlos II y Felipe V). Sus esculturas religiosas se muestran en Sevilla, Madrid, Londres, Nueva York, Los Ángeles…


PARA SABER MÁS

Cartas precedidas de las actas del proceso por estupro. Edición de Eva Menzio. Cátedra.