La llamaban la “asombrosa Grace”. Fue una matemática brillante, inventora de un lenguaje de programación rompedor y, por primera vez, fácilmente comprensible. Gracias a ella y a otras pioneras de la informática nacieron ordenadores de masas. Por Manuela Giménez

David Letterman la presenta como «la reina del ‘software’» y ella asiente. Luego le pregunta: «¿Cómo sabía usted tanto de ordenadores?», y ella contesta: «No sabía tanto de ordenadores porque solo había uno».

Grace Hopper tenía en esa entrevista casi 80 años (nació en 1906). La gran estrella de la televisión David Letterman no disimuló su absoluta admiración por esa mujer menuda, de pelo blanco y grandes gafas, que era entonces una celebridad en el mundo de la informática y en la Marina de los Estados Unidos. Todos la llamaban Amazing Grace, la ‘asombrosa Grace’.

Con 80 años continuaba levantándose a las cinco de la mañana para estar a las siete en su despacho

En la tele, Grace demostró su gran sentido del humor (dijo que lo más difícil de pasar de la vida militar a la civil era encontrar pantis tan buenos como los de la Armada). Y, por supuesto, dejó notar su portentosa inteligencia. Grace Hopper es una pionera de la informática; sus contribuciones han sido cruciales en la programación. Fue ella quien trabajó para que el lenguaje de los ordenadores fuera más accesible y menos numérico.

Era Grace una mente incansable. En el programa de Letterman explicó de una manera gráfica, utilizando trozos de cable, el concepto de nanosegundo. Contó que a su edad seguía levantándose a las cinco de la mañana para estar a las siete en su despacho, dándole vueltas a problemas relacionados con ordenadores. Aquella aparición televisiva del año 1986 fue un reconocimiento a una mujer excepcional. Grace y otras mujeres como Mary Allen Wilkes y Adele Goldberg hicieron una labor crucial que por fin se empieza a reconocer y celebrar. Fueron pioneras y son desconocidas fuera del ámbito de la informática. Cuando Grace apareció en la tele, podría comprenderse este ninguneo porque entonces prácticamente ningún espectador estaba en condiciones de entender en qué consistían los méritos de Hopper: en 1986 había en el mundo tantos ordenadores domésticos como teléfonos en la Alemania comunista. Es decir, muy pocos.

Una idea brillante

Pero ahora ya no hay duda: el trabajo de la brillante Grace Hopper supuso un paso decisivo en el acercamiento entre el ser humano y el ordenador. Rodeada de jóvenes tan inteligentes como cuadriculados, fue ella la que, a finales de los años cuarenta, tuvo la idea genial de escribir los programas para las computadoras en un lenguaje que resultase comprensible. Grace Hopper trabajó con los ordenadores Univac, que solo entendían el lenguaje de ceros y unos. Decidió cambiar aquello y fijó las bases del COBOL (Common Business Oriented Language), que todavía utilizan ordenadores de bancos y empresas para llevar la contabilidad. Grace Hopper se refería a este concepto como la ‘educación’ del ordenador.

Grace Hopper and UNIVAC

Credit: Unknown (Smithsonian Institution)

Dijo con orgullo que su mayor logro tras décadas de trabajo intenso había sido «los jóvenes a los que instruí». Ese mensaje concuerda con lo que ella siempre repetía a sus discípulos: «Un barco está a salvo en tierra, pero no es para eso para lo que fue construido. Sed buenos barcos. Salid a navegar al mar y haced cosas nuevas».

Para crear el Macintosh, Apple adaptó el sistema de ventanas que antes había ideado Adele Goldberg

Ella lo hizo, desde luego. Innovó y osó adentrarse por nuevos terrenos. Sin Hopper y las mujeres que la siguieron es muy probable que los ordenadores nunca hubiesen llegado a convertirse en productos de masas. Son heroínas domésticas de la historia de la informática. Han sido profesionales del ordenador personal, pero han quedado en un segundo plano, a la sombra de iconos como el cofundador de Microsoft Bill Gates o del antiguo presidente de Apple, Steve Jobs. A pesar de ello, sus descubrimientos y aportaciones no son menos fascinantes que los de muchos de esos tipos que empezaron trasteando en un garaje de Silicon Valley.

Amas de casa

Mary Allen Wilkes ahora con 78 años, por ejemplo, ya brillaba en el campo de los ordenadores en una época en la que a las mujeres todavía se las bombardeaba con el ideal del ama de casa perfecta. Pero eso era algo que no iba con ella: en los años sesenta, Wilkes escribió la programación de un aparato adelantado a su tiempo: el Laboratory Instrument Computer (Linc). Este ordenador era mucho más pequeño que los gigantescos armarios que por aquel entonces las empresas usaban para cuestiones como la contabilidad de los salarios; además, el Linc ya se podía controlar mediante una pantalla y un teclado. Wilkes hizo instalar un prototipo en la casa de sus padres y solía quedarse hasta tarde en el sofá trabajando en la programación de la máquina. El resultado de tanto esfuerzo se tradujo a finales de los sesenta en un producto especialmente fácil de utilizar. Tiempo después, los expertos definieron el Linc como el primer ordenador personal, aunque para tener uno había que estar dispuesto a pagar 40.000 dólares.

Grace estudió Física y Matemáticas (es doctora por Yale) Curiosamente, en 1969 fue nombrada Hombre del Año en ciencias de la computación.

Pocos años más tarde, pero todavía antes del fulgurante surgimiento de Apple y Microsoft, Adele Goldberg (con más de 70 años en la actualidad) desarrolló en un laboratorio experimental de la empresa Xerox una forma de comunicación mucho más sencilla.

En lugar de columnas de letras y números, en la pantalla aparecían ahora gráficos, símbolos y ventanas, es decir, el origen de la interfaz gráfica de usuario. Por desgracia para Goldberg, Xerox era una marca especializada en fotocopiadoras que no estaba muy interesada ni en los ordenadores ni en la innovación. Sin embargo, un tal Steve Jobs se quedó tan impresionado durante una demostración que no dudó en adoptar ese sistema para su empresa. Poco después, Apple alcanzó el éxito con su revolucionario concepto de pantalla.

Ingresó en la Armada en plena Segunda Guerra Mundial. Se retiró en 1986, como la oficial de mayor edad del país: era contraalmirante y tenía 80 años.

La carrera profesional de estas pioneras también pone de manifiesto que un gran talento no siempre conduce a un gran éxito. Mary Allen Wilkes acabó dejando su trabajo en la industria de la programación, estudió Derecho y se convirtió en abogada. Tras su frustrante experiencia en Xerox, Adele Goldberg creó su propia empresa, con un éxito moderado. Grace Hopper tampoco pasó a los libros de Historia por ser la primera mujer al frente de una empresa de ordenadores. Prefirió reafirmarse una vez más en un mundo de hombres y sirvió como comodoro en la reserva de la Marina de Estados Unidos hasta su retiro, a una edad muy avanzada.

Las mujeres que inspiraron a Steve Jobs

Adele Goldberg

Trabajaba en los años setenta en el centro de investigación de Xerox en California. Tuvo la idea de utilizar gráficos e imágenes como interfaces. Steve Jobs pidió una demostración y Adele se negó, pero sus jefes la obligaron a mostrar al genio de Apple sus proyectos. Luego, Jobs los utilizó para crear el mítico Macintosh.

Mary Allen Wilkes

Es la madre del Linc, el primer ordenador personal de la Historia. Estudió Filosofía y Teología y quiso estudiar leyes, pero le dijeron que eso no era «cosa de mujeres». Entonces entró a trabajar en la programación de ordenadores. En 1975, además, se graduó como abogada en Harvard. Tiene 77 años.