Poner puertas al desierto

Los campesinos de un oasis del desierto del Gobi utilizan hierba y paja para frenar el avance de la arena. Las dunas les roban diez metros de tierra cultivable al año. Por Fátima Uribarri / Fotos: Contacto y Cordon Press

El desierto avanza en China a una velocidad de más de 3000 kilómetros cuadrados al año. Es un problema gravísimo. En 1978 arrancó una colosal iniciativa para frenarlo. El objetivo era que en 2050 se hayan plantado más de 100.000 millones de árboles, que cubran 4,1 millones de kilómetros cuadrados, una décima parte del suelo chino.

El desierto de Gobi no es el único punto preocupante. En toda china, las dunas avanzan a una velocidad de 3000 kilómetros cuadrados al año

La iniciativa no es del todo exitosa: algunos árboles mueren y otros se beben las reservas subterráneas de agua. Los campesinos del oasis de Miquin, en pleno desierto del Gobi, han optado por otra solución: han instalado sobre la arena un entramado hecho con paja. Con ella dibujan unos cuadrados y los rellenan plantando hierba. La paja detiene el avance de las dunas (que en esa zona ganan unos diez metros al año) porque sujeta la arena e impide que se la lleve el viento.

La hierba ayuda a retener la humedad del suelo. Es una empresa titánica, pero estos campesinos no se resignan a que la arena engulla sus cultivos. Esta lucha también se da en África, donde se construye otra gigantesca ‘muralla verde’ de árboles. El proyecto lo financia el Banco Mundial, y uno de los países que más se han involucrado es Senegal, donde la deforestación se come 45.000 hectáreas anuales.