Abushe tiene ocho años y vive en Jinka, Etiopía. Sufre el raro síndrome de Waardenburg -un caso cada 300.000 nacidos-, que destaca por la pigmentación especial en el iris de los ojos. Por E. F. 

Al descubrirlos azules, sus padres temieron que el niño fuera ciego y, al no poder pagar un médico, debieron esperar meses hasta descubrir que veía bien. Concluyeron incluso que la anomalía era un regalo de Dios. A veces, sin embargo, otros niños lo acosan y lo llaman ‘monstruo’ u ‘ojos plásticos’. Su más valiosa posesión: un balón de fútbol. No se pierde un partido del Barça y dice: «Messi es como yo, no como los otros».