Los carteristas usan como técnica principal la observación para elegir a su próxima víctima… ¿Eres el perfil que ellos buscan? Compruébalo

El turista

Es el objetivo prioritario del carterista. Lleva dinero en efectivo, tarjetas bancarias, pasaportes con salida en el mercado negro, cámaras, móviles, raramente denuncia y, si lo hace, no se presenta al juicio porque ya ha vuelto a su país. Además, desconoce el idioma, está relajado y pendiente de edificios, monumentos y demás. La víctima por excelencia, vamos.

El anciano

Se despista con mayor facilidad y suele tener, por la edad o por problemas de salud, dificultades de movilidad. Las mujeres de edad avanzada son muy propensas a los tirones. También son víctima fácil de asaltos al salir de cajeros automáticos.

El dormilón

Quedarse dormido en un lugar público es una invitación a los ladrones. viajeros matinales del metro en trayectos largos, personas que en verano se echan la siesta en un parque o en la playa

El mirón

Aquel que, en situaciones llamativas o inesperadas alguien montando un número, una pelea, un accidente, una actuación musical o teatral callejera , se detiene a mirar y desatiende todo lo demás que ocurre a su alrededor.

El cándido

Nunca sospecha hasta que ya es demasiado tarde. Las personas que llevan maletas o algún tipo de bulto y alguien se ofrece a ayudarlas, por ejemplo. O quien no desconfía de alguien con aspecto sospechoso que le pide ayuda para llegar a algún sitio.

El negligente

Es quien no tiene en cuenta ciertas reglas básicas en espacios llenos de gente. Los hombres que llevan la cartera en el bolsillo de atrás del pantalón; las mujeres que van con el bolso abierto o a medio cerrar y, válido para ambos sexos, todos aquellos que cargan la mochila a la espalda. Sobre todo, en el metro.

El ensimismado

Atrae con facilidad la atención del carterista, ya que no presta atención al entorno y parece estar a muchos kilómetros de distancia. El delincuente, sin embargo, estará cada vez más cerca.

El achispado

Le ocurre a muchísimos jóvenes que, tras una larga noche de ingestión alcohólica y otro tipo de sustancias tóxicas, se quedan dormidos en bancos en plena calle. En el metro, por ejemplo, las mañanas del fin de semana son campo abonado para chinaores, que cortan la ropa a sus somnolientas víctimas para quitarles sus pertenencias.

El presumido

Hay gente que no puede evitar exhibirse. Cadenas de oro, relojes caros, joyas, máquinas fotográficas y de vídeo, una cartera llena de billetes , son poderosos reclamos para los ladrones. Por la noche, no crea que un desconocido solo se le acerca por su atractivo.