Un centenar de países han declarado la guerra al dinero negro. A partir de ahora, se comprometen a intercambiar datos fiscales y financieros. Por S. S.

Por primera vez en la historia, 53 países se han comprometido a frenar la economía sumergida internacional. Su intención es registrar todas las variantes de ingresos de capitales que se producen en sus respectivos ámbitos de soberanía y ponerlos en común en octubre. Los bancos no son los únicos que estarán obligados a facilitar sus cifras, también deberán hacerlo las inmobiliarias y los organismos de inversión, así como numerosas compañías aseguradoras. La idea es recopilar todas las cuentas pertenecientes a personas físicas, pero también a otros entes como los fondos de inversiones y las fundaciones.

Auguran ya una competición entre países para captar capital con impuestos bajos

En este grupo inicial figuran conocidos paraísos fiscales como las Bermudas, las Caimán, Chipre, Gibraltar, las islas del Canal, Liechtenstein, Luxemburgo, Malta, San Marino, o Seychelles.
A partir de 2018 está previsto que se sumen al intercambio de datos otros 47 estados, entre ellos varios pesos pesados del dinero negro, como Bahamas, las Islas Cook, las Islas Marshall, Mauricio o Panamá. Se estima en 9 billones de dólares el dinero negro, solo de personas físicas, escondido en el mundo. Si se añaden empresas, la cantidad podría llegar a los 30 billones de dólares.
Si las autoridades fiscales rescataran una mínima parte de todo eso, se podría reducir la deuda de muchos países y hasta erradicar el hambre en medio planeta.

Se considera paraíso fiscal al país o territorio con fiscalidad cero o que permite operar a empresas pantalla o activar mecanismos similares para eludir impuestos o lavar dinero

Aunque no parece muy probable. Parece, más bien, que lo que cambiará es ‘el modelo’. Según los expertos, las llamadas empresas offshore están al borde de la desaparición debido al intercambio global de datos. El bufete londinense St. Matthew, especializado en «optimización fiscal», afirma que ahora el mecanismo preferido sería crear sociedades en Estados Unidos con transferencia de beneficios a una sociedad limitada escocesa, administradas ambas por un holding afincado en Malta.

El resultado: una carga fiscal sobre beneficios de apenas el diez por ciento. La fiscalidad cero es cosa del pasado, ha llegado la época de la fiscalidad baja.

Y se anuncia una nueva competición internacional por captar los flujos de dinero. Hungría ya está atrayendo a las empresas con unos impuestos de solo el nueve por ciento, Gran Bretaña ha anunciado un 15 por ciento y Donald Trump ha prometido una bajada radical en Estados Unidos.

¿CÓMO MOVER LA PASTA? (Gráfico Tunalkán)

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