¿A quién se le ocurriría, como a Javier DeFelipe Oroquieta, escribir un libro científico de unas 540 páginas -en letra pequeña- y a mí pensar que el público no querría otra cosa que seguir mi consejo y leerlo ahora mismo? Por Eduardo Punset

Lo siento pero, esta vez, casi todos mis lectores tendrían razón si se empeñaran en leer lo que les digo. ¿Por qué? Sencillamente, porque DeFelipe nos ofrece la oportunidad única de entender, por primera vez, todos los mecanismos biológicos que subyacen en la actividad mental de los humanos y del resto de los animales.

Fue Santiago Ramón y Cajal quien cambió el curso de la historia neurocientífica. Él fue uno de los grandes precursores de la combinación de la ciencia y el arte, y muchos de sus trabajos fotográficos sirvieron para que Juan Ramón Jiménez -premio Nobel de Literatura en 1956- se inspirase.

El libro también me lleva a pensar en la comprensión de la multidisciplinariedad de mi gran amigo Eudald Carbonell Roura. Solo alguien como él podía entender las conexiones íntimas entre la ciencia y el arte.

Gracias a todos ellos se pudieron preservar valiosas joyas iconográficas y hacer este libro híbrido -científico, artístico y divulgativo- que compatibiliza la belleza y la amenidad y sirve para descubrir el cerebro y la esencia de nuestra humanidad.

Nos descubre un hermoso mundo microscópico, con una combinación casi infinita de colores

Gracias al trabajo de DeFelipe  se comprenden misterios como la tinción de Camillo Golgi (1843-1926), que yo no había entendido ni me había ilusionado hasta ahora. La extraordinaria variedad de fórmulas de tinción (una técnica utilizada en microscopía para mejorar el contraste en la imagen y revelar detalles extremadamente finos), que fueron apareciendo para desentrañar la compleja estructura del sistema nervioso, descubrió un hermoso mundo microscópico, con una combinación casi infinita de colores. Es El jardín de la neurología. Sobre lo bello, el arte y el cerebro. Como titula su libro de Felipe.


¿Quién es?

Neurobiólogo, de 61 años. Profesor de Investigación en el Instituto Cajal del CSIC en Madrid. Gran experto en la historia de las neurociencias, ha plasmado la faceta más artística de esta disciplina en el libro El jardín de la neurología, editado por el CSIC.

¿De dónde viene?

Nació en Madrid en 1953. Doctor en Biología, su pasión era investigar y, al dejar la universidad, empezó un peregrinaje por laboratorios de disciplinas tan diversas como la botánica o la genética. Un día llegó al Instituto Cajal, donde se sumergió en el estudio del cerebro. Ahí sigue.

¿Qué ha aportado?

Su estudio se centra en la anatomía microscópica cerebral. Ha analizado con la NASA cómo los viajes espaciales afectan a ese órgano y dirige el proyecto Cajal Blue Brain, sobre el funcionamiento de la corteza cerebral, la parte más relacionada con lo que nos hace humanos. «Somos nuestro cerebro», afirma.


La anécdota.

Pocos científicos como DeFelipe me han revelado la asombrosa capacidad de nuestro cerebro para cambiar. El cerebro se adaptará incluso al el espacio. «Cuando el hombre colonice el espacio y nazca ya en otros lugares espaciales, la Tierra va a ser un medio hostil».