Coches eléctricos conducidos por un ordenador a más de 300 kilómetros por hora. Así es la competición que podría jubilar hasta al último campeón. Por Fátima Uribarri

¿Arrancar a todo gas para ponerse en cabeza o mantener una velocidad que no exprima la batería? En el Robocar, ese tipo de decisiones no las toma el piloto porque no hay piloto. Quien maneja estos coches futuristas son los programadores informáticos. Ellos alimentan de algoritmos el cerebro del vehículo, un superordenador capaz de realizar 24.000 millones de operaciones al segundo, el equivalente al trabajo de 150 PC. Tanta potencia es necesaria para gestionar la información que recibe de las cámaras y los sensores ultrasónicos que lo informan de las vicisitudes de la carrera. Sí, Robocar está diseñado para competir. Ya están practicando. De momento, hacen de teloneros de las competiciones de la Fórmula E. Ha habido varias minipruebas, una de ellas en un circuito urbano de Buenos Aires. Ese experimento fue un éxito (los dos bólidos que competían zumbaron a 190 km/h) y un fracaso: uno de ellos se estampó contra un muro. La idea es de Kinetik, una empresa que incentiva tecnología innovadora. Es la impulsora de Roborace, el campeonato en el que participarán diez equipos, cada uno con dos vehículos. Todos los bólidos serán iguales. La pericia para lograr la victoria recaerá sobre los programadores: harán el trabajo de Fernando Alonso sin correr los mismos riesgos.

Como en Montecarlo Bólidos eléctricos y sin piloto han competido en las calles de Buenos Aires a 190 km/h.

Propio de un superhéroe

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Robocar no tiene alerones ni apéndices aerodinámicos. La carrocería es de carbono y solo pesa 975 kg. Tanta ligereza permite a sus cuatro motores de 300 kW, alimentados por una batería de 540 kW, propulsarlo hasta alcanzar los 320 km/h. Lo ha diseñado Daniel Simon, creador de los coches de las películas Capitán América y Tron.