La infanta Margarita vuelve a España como una de las protagonistas de la gran exposición en Sevilla sobre las afinidades entre Velázquez y Murillo. Por Suzana Mihalic

El autor: Diego Velázquez (Sevilla, 1599- Madrid, 1660)

autorretrato de velázquez en las meninas

No hay evidencias de que se conocieran, pero las afinidades entre Velázquez y Murillo -dicen los expertos- son muchas.

En Sevilla se celebra un excepcional cara a cara entre ambos, con 9 lienzos de Velázquez y 10 de Murillo.

Velázquez pintó en Sevilla 20 cuadros antes de marchar a la corte a retratar príncipes y cosechar fama. Murillo, que era 18 años más joven, se quedó concentrando sus pinceles en Vírgenes y santos.

En la muestra se confrontan la formación, el uso del color, la técnica o la influencia de Velázquez sobre Murillo.

Un cara a cara con Bartolomé Murillo

1. El personaje: la niña bonita de la corte

Velázquez pintó a la infanta Margarita en numerosas ocasiones. En este retrato tenía 5 años, la misma edad que cuando posó para uno de los cuadros más famosos del mundo. Las meninas. Pese a ser tan pequeña, posa de la forma más natural. Como hija de Felipe IV de España y Mariana de Austria, era un personaje importante. Murió joven, a los 21 años, pero ya estaba casada con su tío Leopoldo I de Austria y tenía cuatro hijos.

2. El rostro: sin emociones

El rostro de la infanta tiene grandes ojos de tono marrón que miran al espectador, pero carecen de cualquier signo de emoción, sea de alegría o tristeza. Como pintor de la corte, Velázquez tenía el deber de retratar a la niña con el absoluto rigor que requiere un retrato real, donde como norma se prescinde de las emociones.

3. El vestido: repetitivo

El vestido es casi idéntico al que la infanta lleva en Las meninas. De la parte superior, tremendamente encorsetada, salen dos mangas decoradas con encajes negros y con lazos rojos en los hombros y en la muñeca. Mientras que la parte inferior forma una campana exagerada, tan ancha que incluso los brazos de la niña reposan sobre ella. Zonas oscuras y cortas pinceladas blancas, estratégicamente distribuidas, dotan el vestido de gran volumen y resaltan los diseños casi metálicos.

4. La melena: iluminada

Abandonada su época tenebrosa, Velázquez retrata a la niña con una luz propia. Sus cabellos rubios resplandecen como si el sol cayera directamente sobre ellos con ondulaciones rítmicas que crean rizos perfectos. Un lazo de tono rosa clarito aparta los cabellos de su frente, dando paso a un rostro infantil, iluminado y con los cachetes haciendo juego con el color del lazo.

5. El fondo: de estudio

La niña tuvo que posar solamente durante un breve tiempo, suficiente para que el artista realizase un boceto de su rostro. El resto del cuadro lo pintaría de memoria y lo ubicaría todo en un punto del estudio, con un fondo impersonal. Solamente la pesada cortina roja logra dotar la composición de algo de fondo y profundidad. Mientras la cortina carece de decoración, tímidas pinceladas dibujan motivos decorativos sobre la alfombra.

6. Los retratos: cartas de presentación

Desde su nacimiento, la infanta estaba prometida con el emperador Leopoldo I de Austria -hermano de su madre-, con el que se casó cuando tenía apenas 15 años. Para que el prometido pudiera familiarizarse con su futura esposa, le mandaron tres retratos realizados en diferentes épocas. En el primero tenía 3 años, luego vino esta versión y en el tercero lleva un camafeo con el rostro de su futuro esposo.

La infanta Margarita, 1656. Óleo sobre lienzo, 105 x 88 cm. Viena, Kunsthistorisches Museum.


PARA SABER MÁS

Velázquez. Murillo. Sevilla. Fundación Focus Abengoa. Hospital de los Venerables. Plaza Venerables, 8, Sevilla. Del 8 de noviembre de 2016 al 28 de febrero de 2017.