Sus carteles de mujeres sensuales contagiaron un estilo nuevo a la pintura, la arquitectura y la decoración. Los nazis lo persiguieron y los soviéticos ocultaron su legado. Por Fátima Uribarri / Fotos: Cordon Press y Getty Images

Era el día de Navidad. Alphonse Mucha corregía pruebas en la imprenta: estaba solo. Por eso fue él quien atendió a la actriz Sarah Bernhardt, ‘la divina Sarah’: no le gustaba el cartel que anunciaba la obra teatral ‘Gismonda’. Quería cambiarlo.

A Alphonse mucha le entró pánico: era imposible localizar a nadie. Decidió jugársela, pintarlo él. Se arriesgó y diseñó un cartel absolutamente rompedor. Es fácil imaginarlo conteniendo el aliento mientras, unos días después, esperaba el veredicto de la gran Sarah Bernhardt.

Sus carteles destacan por su perfección. Mucha dominaba también las técnicas de imprenta

La actriz reaccionó como la gran diva que era, de manera desmesurada: el cartel le entusiasmó. Ese chico era un genio, y ella, que además de artista era una experta propagandista de sí misma, lo contrató en exclusiva por seis años.

Además de más carteles, Alphonse Mucha -que hasta entonces era un humilde ilustrador checo abriéndose camino en París- se encargó de diseñar el vestuario y la escenografía de las obras de la compañía teatral de la Bernhardt.

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Un arte nuevo: el creador checo Alphonse Mucha revolucionó el arte de fin del siglo XIX y principios del XX con sus carteles de mujeres seductoras y su estética sensual y oriental

Aquel cartel fue su catapulta. El 1 de enero de 1895, su particular visión de Gismonda empapeló las calles de París. Las copias de ese primer affiche se convirtieron en piezas de coleccionista: las arrancaban por la noche.

Parece que había un deseo latente de una nueva estética y Mucha lo destapó, hizo lo que el público quería ver. «La gente era feliz de poder saciar su sed de belleza en una nueva fuente», escribió el artista checo.

«Gustó tanto porque era muy fresco visualmente, utilizaba los colores de una manera distinta y elongaba la figura que, además, quedaba dignificada, muy bella», explica Tomoko Sato, comisaria de la exposición Alphonse Mucha, que mostrará 200 de sus obras en el palacio de Gaviria en Madrid.

Época de cambios

El fin de siglo con sus avances tecnológicos bullía de cambios. El propio Mucha veía desde su apartamento los avances en la construcción de la Torre Eiffel, que se erigía para la Exposición Universal de 1889.

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El cartel que anunciaba la obra ‘Gismonda’, protagonizada por la actriz Sarah Bernhardt, fue la catapulta a la fama de Alphonse Mucha

Nacían nuevas inquietudes. El comerciante de arte Siegfried Bing pedía nuevas ideas para mostrarlas en su galería La Maison de l’Art Nouveau. De ahí viene una de las denominaciones de esta corriente, que recibió varios nombres fruto de la fusión con las tradiciones locales de allí adonde llegaba. Se ha llamado ‘secesión’, ‘jugendstil’, ‘modernismo’, ‘estilo Liberty’, incluso -al principio- ‘estilo Mucha’. Era una misma corriente de renovación artística con un lenguaje común: «elegantes líneas curvas, flores y motivos fitomorfos y esbeltas figuras femeninas idealizadas, de pelo largo y ondulado», cuenta Tomoko Sato. Esta corriente tenía influencia oriental y se extendía a la pintura, la arquitectura y a las artes decorativas y gráficas.

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Mucha muestra a su hija Jaroslava, también pintora, cómo posar para un cartel de 1927 en el que se anunciaba un sistema de sonido. Mucha también pintó a su hija en los primeros billetes checos

Las nuevas técnicas de impresión impulsaron la industria librera, nacieron editoriales, surgieron puestos de trabajo para ilustradores como Mucha. Ahí destacó él porque conocía las labores de imprenta y creaba sus carteles pensando en facilitar la impresión: hacía trazos muy marcados y supervisaba el proceso de coloración con los técnicos del taller. Por eso sus carteles sobresalían, por su perfección. Y por su carácter eslavo, uno de los sellos de Mucha y uno de los grandes afanes de su vida.
Alphonse Mucha destacó en su Moravia natal como dibujante y decorador. El conde Khuen-Belasi quedó deslumbrado por su talento y financió sus estudios en Múnich y París.

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A Francia llegó en 1887. Enseguida se arrimó al grupo de artistas checos. Era un patriota ferviente y un admirador de lo eslavo. En sus obras destacan los elementos decorativos de la cultura bizantina. Se ven en Gismonda, en los adornos del vestido de la diva, en las teselas de mosaico de la pared del fondo que forman la cruz ortodoxa y en la composición que convierte a la figura femenina en una santa situada en un nicho.

En busca de la trascendencia

En 1897, Mucha alcanza la consagración con una gran muestra en París en el Salon des Cent. La Exposición Universal de 1900 consolida su fama. su estilo se extendía por el mundo y se contagiaba a las joyas, muebles, objetos de decoración… Pero él ansiaba una trascendencia más espiritual. Quiso hacer algo más profundo.

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Produjo pinturas, carteles, lámparas, alfombras, decora-dos teatrales… Realizó también una obra dedicada al padrenuestro. Mucha era masón, nacionalista checo y muy aficionado al esoterismo

De ese afán proviene Le Pater, inspirado en el padrenuestro. Sus inquietudes espirituales lo llevaron a la masonería, el esoterismo, la teosofía, el misticismo y el ocultismo (donde coincidió con August Strindberg). «Era más un filósofo que un pintor», dijo su hijo Jirí.

Ferviente nacionalista checo, diseñó los primeros billetes de su país. Cuando los alemanes entraron en Praga, lo arrestó la Gestapo

También fue un nacionalista convencido. En 1911 comenzó el gran proyecto de su vida, una serie de 20 pinturas monumentales para describir la historia checa y de los pueblos eslavos.

En 1918 nació una Checoslovaquia independiente. Alphonse Mucha se implicó de lleno y diseñó los primeros billetes y sellos del país. Pero el sueño terminó muy pronto. Con Hitler vociferando amenazas, el artista tomó los pinceles para dedicar un tríptico a la humanidad. No llegó a terminarlo.

Los tanques alemanes marcharon sobre Praga en marzo de 1939. La Gestapo no tardó en ir a buscar al artista: lo torturaron y lo soltaron. A los pocos días murió de pulmonía. Tras la guerra llegaron los soviéticos. El telón de acero ocultó la obra de Mucha: sus mujeres sensuales no encajaban con el realismo socialista. Cayó en el olvido.

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‘Resucitó’ en 1963. En Londres. El Victoria and Albert Museum le dedicó un gran tributo. Despertaron sus mujeres seductoras de líneas curvas, flores y arabescos. Atrajeron a los hippies. La psicodelia se quedó prendada del aroma del art nouveau, de su pasión por las flores y de la sinfonía de paz y amor que se desprende de las sensuales damas de Alphonse Mucha. Los artistas pop se fijaron en él para diseñar portadas de discos y pósteres. Todavía sucede: «Su arte es muy contemporáneo y sigue inspirando a muchos artistas», afirma su bisnieto Marcus Mucha.

Epopeya Eslava

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La patria: Alphonse Mucha invirtió 17 años en crear La epopeya eslava, 20 lienzos monumentales sobre la historia de Checoslovaquia y los pueblos eslavos. Regaló la obra a su país. Se muestra en la Galería Nacional de Praga.

Alhajas

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La obra ‘encarnada’ El joyero Georges Fouquet se inspiró en las alhajas que pintaba Mucha para crear una colección de joyas que causó sensación en la Exposición Universal de París de 1900.


PARA SABER MÁS

Alphonse Mucha. Palacio de Gaviria, Madrid. A partir del 12 de octubre.