Una gran retrospectiva en Londres reúne los desnudos, esculturas y retratos de Amedeo Modigliani, uno de los iconos del París de la vanguardia y la bohemia. Por Suzana Mihalic

El autor

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Amadeo Clemente Modigliani (Livorno, Italia, 1884-París, 1920): Modernizar la pintura figurativa

Murió joven (a los 36 años), pero le dio tiempo a revolucionar el arte de su tiempo y a crear un lenguaje visual propio muy personal. Modigliani modernizó la pintura figurativa a base de experimentación y atrevimiento. Por sus desnudos lo acusaron de indecencia y escándalo público y la Policía intervino en su única exposición en vida. También fue un escultor brillante, influido por su amigo Constantin Brancusi.

Amedeo Modigliani / Jeanne Hébuterne, 1919 / Medium oil paint on canvas 914x730mm / The Metropolitan Museum of Art, New York

1. La protagonista: musa y amante

Jeanne Hébuterne es el nombre de la joven retratada por el genio Amedeo Modigliani en 1919 en su estudio en París. Aunque nunca contrajeron matrimonio, fue considerada su esposa. La obra fue pintada un año antes del trágico desenlace de la pareja: el artista murió de meningitis tuberculosa y, al día siguiente, Jeanne -que estaba embarazada de nueve meses- se suicidó tirándose por una ventana.

2. El cuello: influencias antiguas

La cabeza ovalada, los ojos almendrados y el cuello largo desvelan la influencia que ejercía el arte antiguo (sumerio, egipcio y griego) sobre Amedeo Modigliani. Igualmente era un conocedor profundo del arte de su país natal, Italia: una de las obras que se relaciona muy a menudo con sus retratos tardíos es la magnífica Virgen del cuello largo, del pintor manierista Italiano Parmigianino.

3. La postura: intencionada

Modigliani decía que para poder pintar necesitaba tener delante una persona viva. Posaron para él muchos de sus amigos, Juan Gris y Jean Cocteau, entre otros. Jeanne Hébuterne lo hizo muchas veces. En este retrato posa sentada, con la cabeza ligeramente inclinada y apoyada sobre un larguísimo y doblado dedo índice y con el brazo levantado haciendo visible el vello en las axilas, todo ello no es casual: es una pose hecha para él.

4. Los ojos: vacíos y distantes

Jeanne Hébuterne era una persona amable, tímida y callada, características que este retrato logra transmitir, pese a que los ojos, de color azul claro, sin iris ni pupila, marcan una clara distancia con el espectador. Solamente las ligeras pinceladas en tonos marrón y ocre que rodean los ojos consiguen que el azul plano se convierta en ligeramente modulado. La Jeanne real tenía unos ojos muy expresivos.

5. El fondo: simple y nada casual

Las formas geométricas simplificadas que componen el fondo del cuadro, así como el sillón amarillo, son ejecutadas con pinceladas muy rápidas y caóticas, casi a modo de garabatos. Aun así muestran una mano muy segura, ya que las pinceladas nunca sobrepasan los contornos ni invaden la superficie destinada a otro color. En muchas zonas, muy especialmente en los bordes, el artista prefiere no cubrir con pintura todo el lienzo.

6. Colores: contrastes

A pesar de que los colores son suaves, crean grandes contrastes entre ellos. Así, el rojo de los pequeños labios resalta sobre la piel clara, o el pelo rojizo oscuro destaca frente a la blusa blanca. Modigliani enmarca los colores con contornos, algunos de ellos tan pálidos y finos que casi parecen líneas a lápiz y otros más bastos y negros. Hasta la firma, inusualmente situada en la parte superior del lienzo, resalta sobre el tono celeste de la pared.


PARA SABER MÁS

TATE MODERN. Modigliani. A partir del 23 noviembre.