La carrera más extrema del mundo

Más de 1600 kilómetros a 40 grados bajo cero y sin asistencia. Solo los perros y la nada blanca. Así son las competiciones de trineos de Alaska. Emulan las expediciones de los nativos, y cuanto más extremas son, más enganchan. Por Fátima Uribarri / Foto: Katie Orlinski

«Estás en la nada. Debes sobrevivir y llevar sanas y salvas hasta el siguiente punto del mapa a esas 16 criaturas que te acompañan y que son lo más importante del mundo». Nadie te va a ayudar. Así resume Kristin Pace el espíritu de participar en una carrera de trineos de perros como la Iditarod (‘lugar lejano’ en la lengua de los nativos de Alaska). Son 1609 kilómetros, desde Anchorage hasta Nome, a lo largo de la tundra, bosques de coníferas, colinas, ríos helados, viento y temperaturas de hasta 40 grados bajo cero. Es una de las carreras de trineos más antiguas: arrancó en 1973.

En la Yukon Quest, que comenzó a celebrarse en 1984, hay que recorrer la misma distancia. Pero es más dura porque comienza a principios de febrero, cuando el tiempo es de lo más inmisericorde (la Iditarod se celebra en marzo). Se trata de viajar desde Fairbanks, en Alaska, hasta Whitehorse, en Canadá. Hay que superar cuatro cumbres montañosas con solo nueve puestos de control y en completa soledad por una extensión más grande que Francia. Son 1609 kilómetros en los que los participantes apenas duermen, padecen un importante desgaste físico y sufren temperaturas exasperantes. Además, de los trineos tiran solo 14 perros: en la Iditarod, 16.

Hay que tener mucha vocación para enrolarse en estas expediciones que recuerdan las aventuras de los buscadores de oro narradas por Jack London en Colmillo blanco.

Son experiencias extremas, donde, como explica Kristin, «sacas lo más duro de ti». Por eso enganchan. «No compites contra otros equipos, la carrera es contra el reloj, la ruta, el clima y contra ti mismo», añade Mike Ellis, uno de los adictos a la carrera de trineos Yukon Quest, considerada la carrera de trineos de perros más extrema del mundo.

La distancia casi es lo de menos. Hay dificultades añadidas. tormentas de nieve, vientos de hasta 160 kilómetros por hora, ataques de alces furiosos, perros fuera de combate e incluso hundimientos en el hielo.

Caer al río

En la edición de 2016, por ejemplo, el río Yukon casi se traga al ganador, Hugh Neff, cuando se resquebrajó mientras lo atravesaba camino de la meta final. Al año siguiente, Neff quedó en segundo lugar. Lo superó Matt Hall, que recorrió los 1609 kilómetros en diez días, una hora y siete minutos. Es habitual que los nombres de los participantes de la Yukon Quest (entre 20 y 50 en cada edición) se repitan de un año a otro. Y cada vez hay más mujeres. «Se trata de no perderte, encender un fuego cuando estás mojado y helado… nadie se fija en si eres mujer o no», zanja Kristin Pace.

Tormentas, vientos huracanados… “A veces no ves a tus animales. Te dejas guiar por ellos. Ganan los perros”, dice un competidor

En 1985, Libby Riddles fue la primera mujer musher en ganar la Iditarod. Los mushers son los conductores de trineo de perros: el término deriva de marche, la orden de arrancar que daban los colonos franceses.

Ser un musher es un estilo de vida. Crían y educan a sus perros desde cachorros. Las razas más habituales en las carreras de trineos son alaskan malamute, husky siberiano, samoyedo y perro de Groenlandia, perros emparentados con los lobos de las regiones polares.

La comunión entre un musher y el líder de su línea de perros es total. «Muchas veces no puedes ver el camino ni a los perros que van delante. Te tienes que dejar guiar por ellos, que son los que toman las decisiones. Ganan los perros. Lo único que yo hago es cuidarlos», ha explicado Hugh Neff. No se permite ayuda para el musher salvo en uno de los puntos de control; sí hay veterinarios en todos los controles para atender a los animales. Hay veto a las comunicaciones. Los mushers deben ser autosuficientes. En 2015, a Brent Sass lo descalificaron de la Iditarod por llevar un iPod Touch. Se trata del hombre, los perros, el frío y la nada.


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